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lunes, agosto 25, 2008

Cómo hacer que el castellano nazca en territorio cántabro

Publicado en el diario El Mundo Hoy en Cantabria el 24 de agosto de 2008. Accesible también desde el blog Fran Girao en El Mundo.
El Gobierno se lanza a la promoción internacional del proyecto Comillas «apuntándose» a la tesis de que el español surgió en el valle de Valderredible
La leyenda de San Millán le incluyó, al igual que a Santiago, en varias batallas de la Reconquista
«Conoajutorio de nuestro dueno, dueno Christo, dueno Salbatore, qual dueno get ena honore, equal dueno tienet ela mandatjone cono Patre, cono Spiritu Sancto, enos sieculos delosieculos...». Puede que usted no reconozca lo precedente como castellano. Lo que es seguro es que no es latín y que los expertos de todo el mundo las tienen como las famosas glosas emilianenses, los primeros balbuceos del español. La polémica reabierta por el presidente de Cantabria, Miguel Ángel Revilla, volviendo a poner encima de la mesa lo que para él, según declaró, eran las tesis recién descubiertas del profesor asistente Gregory Kaplan, va más allá de dónde se encuentran las primeras pruebas escritas. El americano dice creer que fue en Valderredible donde primero se habló uno de los tres idiomas universales.

Siglo VI después de Cristo. Bárbara, una mujer con parálisis parcial, es llevada hasta el refugio del anacoreta Millán (Aemilianus, por aquel entonces). El fervor, la comunicación con Dios y la oración del anciano curan a Bárbara, que quedará agradecida de por vida al Creador y al veterano asceta. La clave donde Kaplan introduce los dedos es en la situación de tal (y otros) milagro del que sería considerado santo, más tarde.

Gregory B. KaplanKaplan dice alejarse de la que supone una de las fuentes a la hora de cercar y limitar la vida del longevo (llegó a vivir, según se cuenta, 100 años) ermitaño: Gonzalo de Berceo (1197-1264) ya que, el que para el resto del mundo es el primer poeta en castellano cuyo nombre conocemos, para Kaplan es un mentiroso falsificador.

El americano se remonta al primer relato conocido y conservado de la vida y milagros de San Millán. Titulado sencilla y precisamente así (Liber de vita et mirabilibus Sancti Emilíani), fue escrito hacia el año 640 por San Braulio (590-651), obispo de Zaragoza, menos de 100 años después de la muerte del santo. Kaplan dice encontrar ahí indicios (y son sólo eso) de que el oratorio al que se retiró San Millán los últimos 30 años de su vida (en el que realizó, según Braulio, el milagro de curar a Bárbara) estaba en Valderredible y no en La Rioja, en el actual complejo-cenobio de los monasterios de Yuso y Suso.

Lo más arriesgado
Con todo y a pesar de la serie de datos inferidos de los nimios detalles que Braulio da, puede que lo más arriesgado sea que Kaplan quiere localizar en espacio y tiempo el nacimiento del castellano, ligándolo al culto que se desarrolló en torno al santo en su retiro (sucediese, donde sucediese, para Kaplan en Cantabria). Recientemente, de hecho, la catedrática y directora de los archivos epigráficos de la Universidad Complutense de Madrid y del Instituto Castellano y Leonés de la Lengua, Isabel Velázquez, ha afirmado que «no tiene mucho sentido» pretender ubicar en un lugar concreto y en una época determinada el nacimiento del castellano. Velázquez ha opinado que el castellano comenzó a hablarse de manera coetánea en muchos lugares y el que se encuentren documentos con inscripciones en romance o castellano no supone que el lugar del hallazgo pueda configurarse como el centro del nacimiento de esa lengua.

Puede que ahí radique el quid de la cuestión, ya que, aunque se demostrase que San Millán oró y murió en Valderredible en lugar de en La Rioja, enlazar un simple culto con el nacimiento de un idioma es, cuando menos, atrevido. De hecho, San Millán de la Cogolla es considerada la cuna del castellano no por haber albergado a la comunidad que surgió en torno al santo varón, sino porque fue entre sus fondos en los que se encontraron las afamadas glosas emilianenses.

Jugando al juego de Kaplan, esto es, atendiendo a Braulio –lo que aislado, no tiene nada de malo– y no a Gonzalo de Berceo, sabemos que Bárbara era de Amaya. La capital de lo que, tras la conquista visigoda (en el 574) sería el Ducado de Cantabria está –en la actual provincia de Burgos– a tan sólo 20 kilómetros de Valderredible y, en cambio, a más de 100 de San Millán. Esa es una de las pruebas de cargo de Kaplan: al estar Amaya más cerca de Valderredible, es más probable que el punto donde trasladaron a Bárbara para que viese a San Millán fuese actual territorio cántabro y no riojano.

San Braulio de ZaragozaBraulio detalla la vida y mudanzas de Millán a lo largo de su larga historia. De pastor de ovejas pasa a entrar bajo la protección del monje San Felices, que vive en Bilibio, cerca de lo que hoy es Haro. De ahí, tras ganar fama y atraer peregrinos a Berceo, según Braulio, Millán se retira a nada menos que 40 años de meditación y vida austera y ascética en el monte Distercio, en las inmediaciones del actual complejo monacal de la Cogolla.

Tras tamaño retiro, el obispo de Tarazona, Dídimo, le encargó la parroquia de Berceo, donde sería acusado por varios clérigos de «malgastar» bienes eclesiales, donándolos a los pobres. Es aquí donde Kaplan trata de ver la conexión cántabra. Braulio dice: «quitándole entonces el cargo que antes tenía, pasó inocente el resto de su vida en el sitio que ahora se llama su oratorio».

El retiro
El profesor asistente americano mantiene que, puestos a alejarse de la comunidad religiosa que le había expulsado, tiene más sentido alejarse realmente (hasta Valderredible) que los dos kilómetros que separan Berceo de las cuevas de la Cogolla. Kaplan no observa lo lógico de volver a retirarse a un sitio que ya conocía, (lo que hoy es el monasterio de Suso, construido a partir de las cuevas donde habitó el santo).

Cree que cuando Braulio dice: «acercándose la hora de su muerte, llamó al santísimo Aselo, presbítero, con quien vivía en compañía, y en su presencia aquella alma felicísima, libre del cuerpo, fue al cielo. Entonces, por diligencia de aquel beatísimo varón, llevado su cuerpo con mucho acompañamiento de religiosos, fue depositado en su oratorio, donde está», se refiere a que, en el siglo VI (momento de Braulio) el oratorio era una de las ermitas de Valderredible (Arroyuelos, Cadalso, Campo de Ebro, Santa María de Valverde, Villaescusa de Ebro y San Miguel de las Presillas) y observa un traslado posterior de sus restos, al actual San Millán de la Cogolla.

La hipótesis de Gregory Kaplan se apoya también parcialmente en que las primeras noticias del monasterio de la Gogolla no llegan hasta el 959, en un documento llamado De confirmatione monasterio, estudiado y referido por el hispanista inglés Brian Dutton.

Además, en El culto a San Millán en Valderredible se expone que la profecía de San Millán, que San Braulio recoge, acerca de la caída de Cantabria en manos de Leovigildo refuerza la idea de que el santo residía en ese territorio. A pesar de que se desconoce con exactitud los límites del territorio cántabro en los alrededores del siglo V y VI, la mayoría de las precisiones concuerdan en situar la actual San Millán de la Cogolla en la zona limítrofe, lo que podía hacerle caer en un área de influencia cántabra. Eso explicaría, también, por qué San Millán, según Braulio, a través de un mensajero, «manda que el Senado se reúna para el día de Pascua».

Más allá, el investigador americano aprovecha el desconocimiento que se tiene en la actualidad de la situación de lugares citados como cercanos al refugio de San Millán como Banonico, Prado o Parpalines.

A esto se puede alegar que el profesor de Historia Antigua de la Universidad de La Rioja, Urbano Espinosa, relaciona Prado con Vergegium –Berceo– en su estudio La ciudad en el valle del Ebro durante la Antigüedad tardía). Braulio dice de Prado «que no está lejos de su oratorio», lo que concuerda aún hoy en día con la distancia entre Berceo y el complejo de San Millán de la Cogolla (apenas dos kilómetros).

A toda la teoría de Kaplan, a la que el consejero de Cultura de La Rioja, Luis Alegre, respondió esta semana con el cúmulo de siglos de historia del cenobio riojano, se puede contestar con las sabias reflexiones del padre Rafael Nieto, viceprior del Monasterio de Yuso y al que los vaivenes políticos que puedan surgir a raíz de la reivindicación de Revilla le dan más bien igual.

Este veterano religioso opina que: «eso de cuna de la lengua es un eslogan publicitario muy bueno, pero la verdad es que la lengua no nace ni en un sitio ni en otro, ni tampoco en un momento concreto... la lengua es algo mucho más vivo, producto de la evolución de mucho tiempo y en un territorio muy amplio. Y en concreto, el romance es una evolución del latín, de ese latín vulgar y mal hablado que trajeron hasta estos valles las legiones romanas».

En resumen
Imaginando que el americano tuviese razón y San Millán pasase los últimos 30 años de su vida en un territorio que nunca antes había pisado; aceptando que (otra de las tesis que al actual Gobierno cántabro le han encantado) el supuesto culto a San Millán en Valderredible hubiese supuesto el germen definitivo del Camino de Santiago; incluso animando y felicitando a Kaplan cuando consiga su declarado próximo reto (hallar pruebas escritas de paleocastellano en Valderredible); lo único que no se admite, no ya según el corpus creado por Menéndez Pidal y seguidores acerca del nacimiento del español, es que alguien manifieste, más allá de un «eslogan publicitario» que ha encontrado la cuna del castellano.

San Braulio, obispo de Zaragoza y discípulo de San Isidoro concluye su obra, escrita hace más de 1.300 años, según traducción del padre recoleto Toribio Minguella (1836-1920) así: «Hemos cumplido lo que prometimos: resta finalizar nuestro trabajo expresando nuestra acción de gracias a Cristo, Rey de los cielos; pues con su ayuda e inspiración hemos comenzado y concluido este opúsculo. El nos ha concedido que contemplemos la vida de los varones santos, para consuelo de nuestras miserias presentes; Jesucristo, que vive con Dios Padre y el Espíritu Santo, uno por todos los siglos de los siglos».

Tras firmar ese final, el quincuagenario obispo no podía ni imaginar que el relato que describía la vida de un santo iba a causar polémica bastante más de un milenio después. La raíz de la misma se podía solucionar con el texto de Gonzalo de Berceo (de seis siglos más tarde) pero no si le consideramos un manipulador interesado, como hace Kaplan.

Al final, de nuevo, queda la sentencia de Dámaso Alonso: «el latín llega a ser el español a lo largo de una evolución lentísima y constante, y nunca podemos cortar por un punto y decir que ahí está el español recién nacido». Y esté donde esté Banonico e hiciese milagros donde los hiciese San Millán, los primeros trazos castellanos siguen en el monasterio de Yuso, en La Rioja.

Despiece: La idea necesaria para la base de la hipótesis: Berceo era «anticántabro»
Dice Kaplan que «aunque Dutton –hispanista inglés– reconoce que Berceo escribió La vida de san Millán para propagar la fama del santo y contribuir a la prosperidad económica de su monasterio, este estudioso asevera que a la Vita de San Braulio, Berceo sólo agrega detalles menores. A diferencia de lo que Dutton opina, no todos los cambios son menores, sino que algunos son especialmente significativos, como los que sirven para fortalecer el enlace entre Millán y el cenobio de la Cogolla».

El americano ve, pues, en los escritos de Berceo una intención que denomina «anticántabra» y una voluntad de desterrar la vinculación que el investigador cree real entre el santo y Cantabria. Así lo que Braulio no localiza inequívocamente y Kaplan utiliza para colar a Cantabria, habría sido usado por el primer poeta de nombre conocido en castellano para, en una de las primeras campañas de marketing del medioevo español, afianzar los lazos de los restos del santo con San Millán.

Si bien es cierto que en la época medieval se dieron casos de ensalzamiento de las falsas raíces de distintas reliquias (que muchas veces eran compradas por los monasterios y lugares de culto), Kaplan parte de un falso supuesto: haber demostrado inequívocamente en sus páginas precedentes la relación de Valderredible con el santo: «una de las alteraciones hechas por Berceo tiene que ver con la ubicación del oratorio de San Millán. Como se ha demostrado, la obra de Braulio indica que el oratorio está en Valderredible...»

domingo, mayo 25, 2008

El catecismo del modismo (II)

Ya hubo una primera entrega... y habrá más. Continuamos ahora con nuestro particular "catecismo" del modismo español, ordenado alfabéticamente.

"A todo trapo"
Como muchas otras expresiones y modismos (no será la última vez que lo dejemos escrito en esta serie) este tiene origen en la jerga marinera. Hay veces que nos olvidamos que el territorio cuna del castellano es una isla unida al continente europeo, una península "rodeada de agua por todas partes menos por el istmo". Así, ese "trapo" son las velas de los barcos. Navegar "a todo trapo" es navegar con todas las velas desplegadas y, por tanto, a la mayor velocidad posible. En sentido figurado, precisamente eso significa hacer algo "a todo trapo", deprisa, rápida y ágilmente.

"A troche y moche"
No encontrará "troche" en el diccionario. Sí lo hará en el caso de "moche", pero con un significado que nada tiene que ver con lo que tratamos (los pueblos amerindios no juegan ningún papel aquí). Es, por tanto, un modismo de los "buenos", de los que hacen justicia a su nombre: o estás sumergido en la cultura hispánica o te quedas sin saber su significado. El modismo en cuestión se usa para significar algo que se hace siempre, con cualquier escusa, de cualquier modo y manera. En Argentina, además, la expresión toma un cariz más moneterio, aludiendo al que gasta sin conocimiento, medida o prudencia. Su origen podría estar en el léxico rural, aludiendo a la acción de "hachar" sin control, talar árboles de manera descontrolada. Según esa teoría, el modismo estaría también emparentado con los verbos "trocear" y "mochar", también propios del argot del leñador.

"Ancha es Castilla"
"¡Ala! Ancha es Castilla". Es una expresión muy popular en España para recriminar a aquel que actúa sin poner freno a lo que hace, sin atención a normas. De manera menos reprochadora, se puede decir ante las grandes posibilidades que se le abren a alguien a la hora de plantearse llevar a cabo alguna tarea. Como la vieja "¡Santiago y cierra, España!" tiene origen en los duros pero gloriosos tiempos de la Reconquista. Después de tener bajo control un territorio arrebatado a los moros, surgía la necesidad de dar sentido a esas tierras, nacía la preocupación porque la guerra hubiese servido para algo: había que poblar lo ganado. Los distintos reyes ofrecían terrenos y facilidades a aquellos que quisiesen establecerse en los dominios recién conquistados, a la hora de elegir, surgía la duda... ¿dónde? Pues... ¡ancha es Castilla!

Luis de Góngora y Argote (Córdoba, 11 de julio de 1561 – ibídem, 23 de mayo de 1627)"Ande yo caliente, y ríase la gente"
"Mientras yo esté feliz, que el resto diga lo que le dé la gana". Simple pero efectivo y muy habitual, porque las envidias suelen despertar críticas, ante las que este buen modismo suele resultar certero y desvastador. Aunque algunos sitúan su nacimiento antes, lo cierto es que, por haberlo popularizado y aún haberlo hecho universal, el padre de la formulación de esta idea (que no la idea en sí, claro) fue don Luis de Góngora y Argote.

De hecho, no se me ocurre una mejor manera de concluir esta entrega del "catecismo" del modismo...


Ándeme yo caliente
y ríase la gente

Traten otros del gobierno
del mundo y sus monarquías,
mientras gobiernan mis días
mantequillas y pan tierno;
y las mañanas de invierno
naranjada y aguardiente,
y ríase la gente.

Coma en dorada vajilla
el Principe mil cuidados
como píldoras dorados,
que yo en mi pobre mesilla
quiero más una morcilla
que en el asador reviente,
y ríase la gente.

Cuando cubra las montañas
de blanca nieve el enero,
tenga yo lleno el brasero
de bellotas y castañas,
y quién las dulces patrañas
del Rey que rabió me cuente,
y ríase la gente.

Busque muy en hora buena
el mercader nuevos soles;
yo conchas y caracoles
entre la menuda arena,
escuchando a Filomena
sobre el chopo de la fuente,
y ríase la gente.

Pase a media noche el mar,
y arda en amorosa llama
Leandro por ver su dama;
que yo más quiero pasar
del golfo de mi lagar
la blanca o roja corriente,
y ríase la gente.

Pues Amor es tan cruel
que de Príamo y su amada
hace tálamo una espada,
do se junten ella y él,
sea mi Tisbe un pastel
y la espada sea mi diente,
y ríase la gente

domingo, noviembre 18, 2007

El catecismo del modismo (I)

Me he propuesto escribir un nuevo catecismo. Será por entregas y responderá, más o menos, a la segunda acepción que el actual DRAE da para esa palabra: “obra que, redactada frecuentemente en preguntas y respuestas, contiene la exposición sucinta de alguna ciencia o arte”. Digo “más o menos” porque no será en forma de preguntas y respuestas y la ciencia o arte no será tal, sino una batería escogida de modismos españoles… ¡y lo bien que va a estar!

“A la vejez, viruelas”
Manuel Bretón de los Herreros, 1796-1873Lo usamos cuando describimos la actitud de personas de edad avanzada en actividades consideradas poco propias de sus años que, por tales, pueden, a veces, resultar peligrosas o perjudiciales. Al parecer, en los siglos XV y XVI se denominaba “viruelas” a todas las afecciones de la piel (a la viruela también, claro). Entre ellas se incluía el clásico acné juvenil, propio de las edades mozas, de ahí que “a la vejez viruelas” relacione la edad avanzada con un mal de adolescencia. La obra de Manuel de Bretón y Herreros, precisamente llamada “A la vejez viruelas”, escrita en 1817 y donde dos ancianos se enamoraban, reforzó literariamente la extensión y significado del modismo. Ya Leandro Fernández de Moratín en su “El viejo y la niña” (1794) había puesto en boca del personaje de Muñoz:

"Si todo el infierno
viniera a casa, no juzgo
que hubiera más embelecos
¡Caramba! Es cosa de chanza.
¿Yo agazaparme? Primero...
¡Digo! ¡A la vejez viruelas!
Yo debo de ser un leño,
un zarandillo, un..."

“A la virulé”
Tener algo “a la virulé” es tenerlo en malas condiciones, revuelto, amoratado (particularmente una parte del cuerpo y especialmente aplicado hoy en día al ojo). Proviene del francés, “bas roulé” que significa, literalmente, “bajo vuelto”. Se aplicaba a la moda proveniente de aquel país que hacía a las gentes doblarse las medias y calcetines en su extremo. En España nos resultó aquella una manía rara y retorcida (nunca mejor dicho) y lo comenzamos a aplicar a lo revuelto, doblado, curvo o, como en el caso del ojo, lo fuera de su sitio, de lo normal.

Juan Prim y Prats (16 de diciembre de 1814 - 27 de diciembre de 1870“A mí, plin”
Es atractiva (ya saben, por histórica y demás) la teoría que por ahí corre que relaciona el origen de ese “plin” con el general español Juan Prim y Prats. Cuando alguien usa esta expresión, quiere significar que el objeto de su discurso le importa poco más de tres narices o un pimiento… poquito, vamos. Como digo es improbable la corrupción del apellido de don Juan para conformar el modismo, pero hasta se ha creado una teoría con corpus y todo. Dicen que “a mí, Prim” sería lo que podría responder alguien que, tras ser preguntado por sus inclinaciones políticas en ese XIX español tan revuelto, quisiese significarse cercano al general miquelete. Lo más probable, no obstante es que "plin" tenga origen popular expresivo, sin más. Por cierto que ese “mí”, para entendernos todos, ha de ser con tilde (ya que es el pronombre personal y no el posesivo, apócope de “mío” que es sin ella –“mi”-).

“A palo seco”
Usualmente suele ser comer algo sin bebida que lo acompañe pero, como extensión (aunque ya se ha extendido bastante su uso desde su origen, ya verán) se puede aplicar a hacer cualquier cosa sin una herramienta, acción o lo que sea acompañante típico y normal. En un principio fue expresión propia del argot marinero (como tantas y tantas cosas en el idioma proveniente de este istmo español –ver La homonimia marinera, como ejemplo-). Así, “navegar a palo seco” era hacerlo, según el DRAE, “con las velas recogidas”. La expresión desembarcó y ahora se usa con el sentido que explicamos y conocemos. En 1608, Fernando de Alva Ixtlilxóchitl escribía su “Viaje a la América meridional”; en él dijo:

“…y el viento por el sur, saltó repentinamente al oeste á las dos de la tarde con tanta fuerza que obligó á aferrar todas las velas y hacer capa á palo seco, no siendo possible que aguantasse ninguna segun la violencia de las ráfagas…”

Francisco Martínez de la Rosa (Granada, 10 de marzo de 1787 - Madrid, 7 de febrero de 1862)Doscientos y pico años más tarde el político liberal y escritor granadino Francisco Martínez de la Rosa dejó, en su “Amor de padre”, el otro uso del modismo plasmado; decía el personaje del capitán de la citada obra, en la escena V del acto III:

“Recoged ahora esos trebejos... Llevémoslos a la cueva; los juntaremos con los demás, y cuando estemos todos reunidos se hará el reparto como es regular... Pero así que cada cual haya guardado lo suyo, si otro se atreviese ni siquiera a mirarlo... Ya sabéis que no necesito alguaciles ni verdugos para hacer justicia a palo seco”

Dos Presidentes del Consejo de Ministros en el XIX para esta primera entrega del “Catecismo del modismo”… no está mal… no, es curioso. ¡Nos vamos! ¡Nos vemos!

lunes, mayo 14, 2007

Charla "El castellano cercano" (I)

No sin cierto retraso (por el que he de pedir perdón y echar, no obstante, la culpa a la dificultad de los propios tiempos por adaptarse a la tecnología que ellos mismos propician) puedo empezar a ofrecer (para concluir la semana que viene) unos fragmentos de la charla que, con el nombre de "El castellano cercano", tuve la oportunidad de impartir en la XXVI Feria del libro de Santander, el pasado 29 de Abril. Gracias a todos los asistentes y a los pacientes que decidan "darle al play"...

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-¿Castellano o español? (00:00)
-¡Santiago y cierra, España! (00:52)
-Escasez de influencia árabe en el español (04:00)
-Palabras favoritas: "pisaverde" (07:37)
-Etimología de algunos topónimos españoles (09:05)
-Eufemismos para tabús y mojigatería actual (12:05)


Continúa aquí

viernes, marzo 09, 2007

"¡Me gusta a mí!"

Nos están invadiendo. No se preocupe, no hablo de extraterrestres. Hablo de la cultura que fue inferior en tiempo anterior, pero que ha sabido, hoy en día, imponerse en gustos y usos. Mérito y esfuerzo han puesto para ello encima de la mesa... y ambos llegaron por el orgullo. El mismo orgullo que la civilización y culturas latinas hemos perdido. Nuestro lenguaje sigue siendo superior al descendiente de los bárbaros, pero la cultura anglosajona se ha cernido sobre nuestros dominios, hace tiempo, fagocitando y asimilando lo conquistado permisivamente –eso sí-, como hicimos los romanos, tiempo ha. Hoy en día, en España, en cualquier restaurante McDonald´s, se puede encontrar uno con este panorama en su mesa:
Acerquémonos un poco más…
Y algo más…
Está claro. A escala global, los expertos en “marketing” (o “mercadotecnia”, es que… ¿sabe usted?, lo inventaron ellos) de la marca McDonald´s no han creído necesario traducir al castellano el eslogan que usan en todo el mundo. Está en inglés (usado en los países del dominio lingüístico propio y en los que no tienen traducción), en francés, alemán, e idiomas con alfabeto propio (como griego, ruso, chino o árabe)… pero en España e Hispanoamérica… no está en español.

Lo de hoy no va a ser una reivindicación gratuita y fácil más de que “lo que está en España que hable o se escriba en español”; pretendo que sea algo más profundo. Creo firmemente que la mezcla humana debe venir, pero ser tratada con cuidado para que de la mixtura no salga la aberración. Mi pregunta tras ver eso es: ¿por qué los responsables correspondientes han decidido que el público hispanohablante (e italoparlante) no necesitaba los costes de poner el eslogan en su idioma y sí los que hablen francés o alemán –sin duda menores en número-?. Pensándolo bien, a lo mejor mi pregunta va para usted, moderno latino…

El debate mojigato español está abierto… ¿qué pasa? ¿que suena fea la traducción literal del eslogan inglés cantado con la cancioncita del anuncio de televisión (“I´m loving it”-“Me está encantando”)?, pues tradúzcalo por “Me gusta a mí” o “Me gusta mucho” y listo… ¿no lo han traducido para Francia a algo así como “Es todo lo que me encanta”?¿no es más ridículo eso?. Volvemos al problema que hace del inglés –y no otro- el idioma universal: la cultura y el idioma sin complejos, tan faltos de ellos como todos los que tiene hoy en día encima nuestra cultura (que supone, igualmente, un genial caldo de cultivo para aberraciones como el espanglis). Eso no le pasa al francés o al alemán. Mejor dicho: no lo admiten. Por eso, esos expertos de McDonald´s (sean de aquí, de México o anglosajones) no ven relación ventajosa entre el beneficio de traducir el eslogan y sus costes, pero la ven imperiosa en el caso de Francia, aunque el número de hablantes de su idioma no pueda ni compararse al del nativo de España. ¿La culpa?¿de McDonald´s? No, señor… suya y mía.

Y es que nunca en la Historia se ha visto más claro que no son las culturas superiores (y su idioma) las que se imponen, si no las inferiores las que se dejan conquistar. Así las cosas, hace unos años, por tradición, horas de sol, costumbre de cachondeo y ¡vaya usted a saber por qué! en España era siempre normal encontrar un restaurante abierto a las diez y media de la noche. Cualquiera que haya visitado Centroeuropa, las islas británicas o los Estados Unidos sabe que, en pleno invierno, esas horas son más que excepcionales para la hostelería de allí. Pues bien, incomprensiblemente para mí, un miércoles, en España, en Marzo, a las diez y media de la noche, comienzan a cerrar los restaurantes de un centro comercial.

¿Adivinan la paradoja? ¿Saben quién se llevó el dinero de mi cena, pues me vi obligado a cenar allí? Sí, los de horario “en origen” anglosajón… Sí, allí saqué las fotos de este artículo. Sí, tuve que ir a McDonald´s para poder cenar.

viernes, enero 05, 2007

El auto de los Reyes Magos

Adoración de los Reyes Magos, 1638, Francisco de Zurbarán, Museo de GrenobleHablamos hoy, día al que pertenece la mágica noche de Reyes, en este caso, del año 2007, de la primera obra de teatro conocida en castellano. Para el profano quizá sorprenda de entrada la similitud del texto con el español de hoy en día, con el castellano actual, antes del importante tamiz del Siglo de Oro. En efecto podemos entender a la perfección lo que alguien escribió hace nueve siglos, ya en nuestro idioma. La fecha consensuada de escritura del Auto de los Reyes Magos (segunda mitad del siglo XII) tan sólo difiere en algo más de un siglo de la aparición de los primeros trazos de castellano en la Historia: las glosas del monasterio de San Millán de la Cogolla (principios del XI). En cualquier caso, Baltasar todavía no era negro, como en este cuadro de Zurbarán. Apuntemos hoy, así, los numerosos misterios y polémicas –discusión entre judíos incluida- de la primera obra dramática que se conserva en español.

De autor anónimo, tenemos un legajo de dos piezas con ciento cuarenta y siete versos de diferente métrica. Está escrito en el espacio sobrante de un códice y lo más probable -con mucho- es que se trate de una transcripción de una obra que hasta entonces se habría recitado de manera oral y/o representado en iglesias y calles, más que de una obra original. La opinión generalizada apunta a que el resto de la obra se ha perdido, es decir, que el manuscrito no contempla toda la historia, aunque sobre esto hay más que decir –más adelante-. El texto no observa en absoluto las normas gráficas modernas de composición teatral (ni apunte de personajes a margen o resumen de los mismos al principio, acotaciones, indicaciones escénicas… quizá por el limitado espacio) y supone no sólo el antecedente del teatro español, si no también de su propio subgénero, el auto sacramental, representación de habitual sentido religioso y/o alegórico que popularizó don Pedro Calderón de la Barca en el siglo XVII.

Resumen
Tenemos cinco breves escenas. En la primera los tres Reyes observan la estrella y discuten sobre su significado. Baltasar decide profundizar a conciencia:

esta strela non se dond uinet,
quin la trae o quin la tine.
¿por que es achesta sennal?
en mos dias [no] ui atal.
certas nacido es en tirra
aquel qui en pace i en guera
senior a a seer da oriente
de todos hata in occidente.
por tres noches me lo uere
i mas de uero lo sabre.

En la segunda los Magos deciden seguir la estrella y qué regalos llevar (detalle importante éste, que luego analizaremos). Como dice Gaspar:

nos imos otrosi, sil podremos falar.
andemos tras el strela, ueremos el logar.


Primera página del manuscrito del Auto de los Reyes MagosEn la escena tercera los Reyes Magos se llegan hasta Herodes, le cuentan su pretensión, su creencia en que ha nacido un nuevo Rey y que la estrella les guía hacia Él. Herodes ve su gozo en un pozo pero, malvado, disimula…

pus andad i buscad
i a el adorad
i por aqui tornad.
io ala ire
i adorarlo e.


En la cuarta parte Herodes pide inquieto a su mayordomo que venga todo su séquito de sabios y todo aquel que le pueda arrojar luz sobre lo que cree que es una amenaza para su trono:

id me por mios abades
i por mios podestades
i por mios scribanos
i por meos gramatgos
i por mios streleros
i por mios retoricos;
dezir man la uertad, si iace in escripto,
o si lo saben elos o si lo an sabido.


En la quinta y última sección los “sabios” dan las razones que pueden a Herodes y dos rabíes se enfrentan sobre el significado e incluso la existencia de las escrituras que profetizaban la venida del Salvador.
Segunda página del manuscrito del Auto de los Reyes Magos

Hechos y misterios
Es precisamente esa discusión –por lo demás breve, muy, muy breve- la que constituye una auténtica novedad en la tradición literaria cristiana. Los Reyes, la Sagrada Familia y el Nacimiento con su Epifanía eran y, desde entonces, fueron tratados a diario en escritos y obras, pero no hay constancia de antecedentes de la introducción de dos personajes judíos discutiendo sobre la justicia y/o verdad de su propio rito. Obsérvese cómo el ¿arrepentido, convertido? segundo rabino habla del error (“nos somos errados”) del judaísmo –o bien de sus sabios, ellos- y de su hipocresía (“porque no la tenemos usada [la verdad] / ni en nuestras bocas es hablada”). La discusión, en suma, es ésta:

[Herodes]
pus catad,
dezid me la uertad,
si es aquel omne nacido
que estos tres rees man dicho.
di, rabi, la uertad, si tu lo as sabido.

[El rabí]
po[r] ueras uo[s] lo digo
que nolo [fallo] escripto.

[Otro rabí, al primero]
¡hamihala, cumo eres enartado!
¿por que eres rabi clamado?
non entendes las profecias,
las que nos dixo ieremias.
¡par mi lei, nos somos erados!
¿por que non somos acordados?
¿por que non dezimos uertad?

[Rabí primero]
io non la se, par caridad.

[Rabí segundo]
por que no la habemos usada,
ni en nostras uocas es falada.


Ahí acaba lo conservado de la obra. Y comienza otra de sus polémicas. De manera general la crítica acuerda que el auto está incompleto, que faltan partes posteriores que no nos han llegado. Desde luego, a favor de esta postura está la inequívoca falta de consistencia o peso de la historia, que no tiene un final claro (Herodes se queda sin saber qué hacer, la discusión parece no acabar, aunque es claro que el autor siempre haría ganar en la dialéctica –como hace en lo que tenemos- al “Rabí segundo”, y no volvemos a saber nada de los Reyes). Sin embargo, eruditos como Hook y Deyermond en un artículo de 1985 propugnan lo contrario: la obra está completa y si falta algo es de tono menor, pues “tanto paleográfica como conceptualmente la disputa de los rabinos tiene que ser la auténtica terminación de la obra”.

Por mi parte, creo ciertas una serie de circunstancias, cuando menos sospechosas: la obra aún con la falta de mayores noticias de los Reyes, podría perfectamente acabar con los dos rabinos, es decir, es un final plausible –recordemos la breve extensión de las escenas y el hecho de que no es una obra hecha para un público que ha pagado por verla y espera una cierta extensión, si no que está pensada para representarse en iglesias y por la calle en épocas de especial fervor religioso-. De manera anecdótica, el punto “final” –el símbolo gráfico- del manuscrito es el más grande de todo el texto; pareciera que el amanuense lo recalcó como fin de la obra (“…terminé”). Además el reconocimiento de la “falta” del pueblo judío por parte del arrepentido “Rabí segundo” podría suponer un buen colofón y “moraleja” para el auto. Un autor –o recolector de tradición oral, no olvidemos- cristiano de la época podría considerar “piadoso” el hecho de recordar a los judíos españoles la necesidad de la conversión a la vera religio. Lo que conecta, como mostraré, con el siguiente misterio: ¿dónde fue escrita la obra?.

Campanario de la catedral de ToledoTambién para esto la crítica tiene una opinión unificada, también existen voces discordantes y también aquí cada uno tiene sus cabales argumentos. De manera general, se cree que el manuscrito pudo pertenecer a la escuela de la catedral de Toledo; es fácil pensar incluso en una representación en la catedral en épocas navideñas. Falta un siglo para el reinado de Alfonso X “el Sabio” cuando se cree que se escribe el Auto de los Reyes Magos, pero Toledo ya encarnaba el ideal de ciudad en la que “juntos, pero no revueltos” convivían cristianos, judíos y moros en un ambiente cultural muy ligado a lo religioso, pero dinámico y en continuo avance –jamás acepté esa visión de la Edad Media como época de oscurantismo artístico y cultural, ¡qué hubiese sido de lo que siguió y de nosotros sin ella!-.

Algunas características léxicas –como ciertas anomalías en las rimas- hacen dudar a críticos como Rafael Lapesa, quien, en 1954, estableció su tesis de la filiación catalana o gascona del autor. Quien nos intriga, por su separación de la tesis “oficial” toledana con consistentes argumentos, es Gerold Hilty, que, en 1981, derriba la posición de Lapesa atribuyendo las incorrecciones a la falta de fijación del castellano en la época o a descuidos del copista –algún día alguien explicará porqué hay más hispanistas “guiris” que españoles-. Hilty hace venir al manuscrito, directamente, de San Millán de la Cogolla, La Rioja, o algún monasterio adyacente.

Existe un dato que podría declararse a favor de la tesis de Lapesa pero que, tras la contestación de Hilty, lo que hace es colocarse en los haberes de don Gerold y alejarnos de la filiación toledana: la función que los personajes de los Reyes otorgan a los regalos que llevarán al recién nacido… nuevo misterio. Baltasar, siempre el que se demuestra más escéptico, en la segunda parte propone:

oro, mira i acenso a el ofreceremos:
si fure rei de terra, el oro quera;
si fure omne mortal, la mira tomara;
si rei celestrial, estos dos dexara,
tomara el encenso quel pertenecera.


Es decir, el nuevo Rey ha de aceptar el incienso y rechazar los otros dos presentes, mundanos. Lo importante de esto es que ese detalle no es bíblico; de hecho es representativo de ciertos poemas narrativos de la época, de origen francés. Eso, gracias al camino de Santiago, en plena efervescencia en el siglo XII, nos acerca más a La Rioja que a Toledo. Recordemos que el castellano es aún una lengua joven –un simple dialecto romance del latín- y, a poco de su nacimiento en algún lugar entre el actual País Vasco, La Rioja… es de esperar que gozase de más fuerza allí que en el resto de la península (hasta que se impuso, poco después). Puede que, probablemente, en Toledo se hubiese escrito en latino.

San Millán de la Cogolla con el monasterio de Yuso al fondo

Desde luego no dejan de ser indicios y claro que en Toledo habría personas que hablasen el primitivo castellano, así como abades, juglares o clérigos que, tras un viaje o una vida en el Norte de la península, tenían influencias francesas…

La tesis
Por mi parte, vistas las evidencias, no observo inconveniente en hacer salir la obra del entorno riojano, en consecuente onda expansiva de la explosión de español que había tenido lugar un siglo y pico antes; el tema francés de los presentes al Niño es demasiado significativo, así como que una obra así se transcribiese al castellano. Es bastante probable, igualmente, que hablemos de una transcripción de una tradición oral (no de una obra original) y que el texto esté cortado por una razón tan simple como prosaica: se acabó el espacio -recordemos que aprovecha al máximo el hueco sobrante del códice en el que está escrita-. Sin embargo, acuerdo con Hook y Deyermond en que la discusión de los rabinos, por inusual, parece un elemento principal de la obra, "culmen ideológico". Es decir, el amanuense escribió lo que quiso -o lo que le cupo- pero la historia original debió ser más extensa. La transcripción pudo ser hecha de manera sinóptica, intentando adoptar el contenido de la obra al espacio disponible...

Sin más pruebas, la deducción no deja de ser un puro ejercicio de probabilidades... pero si hablamos de probabilidad… lo más probable es que el Auto de los Reyes Magos siga siendo un apasionante cúmulo de misterios y atrayentes datos histórico-lingüísticos.

Textos completos en la Red:
-http://www.fh-augsburg.de/~harsch/hispanica/Cronologia/siglo12/Magos/mag_auto.html
-
http://w3.coh.arizona.edu/projects/comedia/anonymous/autorm.html

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viernes, noviembre 10, 2006

España e Islam: dos caminos (y II)

Santiago MatamorosLos árabes estuvieron setecientos años en España. Sin embargo, como recogimos en la anterior entrega, poco queda de su impronta en nuestro país que no esté en el resto del globo, como poco se llevaron. La esgrima del estudio de los biólogos y genetistas que llevaron a cabo su investigación en la Pompeu Fabra y la publicaron en prestigiosísimas revistas científicas no tenía otro fin que apoyar la tesis cuya parte lingüística desarrollamos hoy: sin connotaciones políticas ulteriores, afirmamos que no queda nada cuantitativamente apreciable en la población española actual de la invasión musulmana de la península que no se haya extendido al resto del mundo.

La invasión iniciada por Tarik ibn Ziyad y Musa ibn Nusair en el 711 trajo multitud de conocimiento a la península. Fueron en muchos casos técnicas olvidadas por los visigodos, practicadas antes por romanos y griegos y, en muchas otras viejas ciencias hindúes y medio asiáticas de las que los árabes fueron impulsores, desarrolladores y transmisores. Muy probablemente Gótico y Renacimiento no se entiendan como fueron sin el conocimiento recuperado por los árabes (arquitectura, matemáticas… sabemos que no el arte, ¡por Dios! –o por culpa de Alá-). Ahí está la oveja –la madre del cordero-: el paso del tiempo y las relaciones europeas hicieron que nada que trajesen los árabes se quedase –de manera cuantitativamente apreciable- sólo en España. Lo hemos demostrado en la genética y lo desarrollamos más hoy, en nuestra lengua, nuestro campo. La recuperación de Aristóteles por parte de Averroes (un pensador mal visto por la ortodoxia musulmana de su tiempo) es impagable, inaprecible, pero hoy en día no tiene más influencia en España que en el resto del mundo. Y como esto, el resto.

El otro día dijimos que de las cuarenta y cuatro mil trescientas diez (44310) palabras de las que la RAE conoce o cree conocer su origen, tan solo un 2´9%, es decir, mil trescientas (1300) son de origen árabe. Lo verdaderamente valioso de ese dato es que, por el contrario, el latín, junto con sus lenguas derivadas –las romances- suman treinta y ocho mil cuatrocientos sesenta y tres (38463) vocablos, un 86´8% de las palabras cuya ascendencia declara el RAE. Así las cosas, no queremos decir que setecientos años de relación –no mucha, como vemos- no dejasen ninguna huella en la lengua española, pero sí que ésta es menor de lo que cabría esperar y, desde luego, menor de lo que el mito popular ha mantenido. La razón de la tesis que mantenemos es clara: las relaciones de las gentes de la época –musulmanes y cristianos- fueron mucho más que escasas; de hecho, según el historiador César Vidal, la población musulmana fue engrosada, en su mayoría, por una baja nobleza infanzona –en término cristiano/latino- cuyo vínculo con los católicos en territorio de dominio estable, se limitó al cobro de impuestos y el intento de la consecución del mayor número de conversiones posibles. Volviendo al hecho genético que nombramos, a cualquiera se le hace difícil la imaginación en la época de matrimonios mixtos, ¿verdad?. Sin negar las excepciones contadas con los dedos de una mano, ¿cuánto de esa carga genética intercambiada corresponde a violaciones en razias e incursiones?. Mucho, qué duda cabe.

El admirable don Ramón Menéndez Pidal en su “Manual de gramática histórica española”, refiriéndose a la influencia del idioma árabe en el castellano –que él conocía tan bien-, dijo:

“Nos enseñaron a proteger bien la hueste con atalayas, a enviar delante de ella algaradas, a guiarla con buenos adalides, a vigilar el campamento con robdas o rondas, a dar rebato en el enemigo descuidado”

Don Ramón Menéndez Pidal (1869-1968)Se habrá deducido que las palabras en negrita que tan acertadamente señalaba don Ramón –y que tan en desuso están hoy en día, nótese que ha de aclarar lo de “robdas” con una palabra de origen romance- son de origen árabe. Curiosamente, sin embargo, apuntaré una cosa que Menéndez Pidal, a ciencia cierta, sabía: salvo los vocablos en negrita y el verbo “guiar” –que Corominas cree de lejano origen gótico- todo el resto de palabras en su cita son de origen latino; todas. La proporción árabe-latina es reveladora, sobre todo teniendo en cuenta que está adulterada pues es un texto temático: habla de palabras de origen árabe. Sabemos que su importancia en el vocabulario español es mucho menor, lo dijimos, ni un tres por ciento.

Todo no quita para que haya algunas palabras importantes de fuente árabe, si bien la mayoría pertenecen al árabe hispánico –variedad del idioma que sólo se habló en la península- y se refieren a elementos, cargos militares, y hechos referidos a la cultura musulmana (como “alfaquí”, “aleya”, “cabila”, “cúfico”, “hégira”… y centenares más, que dejamos para los tratados religiosos e históricos, no para el día a día del español). Como curiosidad, alrededor del cincuenta (50) por ciento de las palabras españolas de origen árabe empiezan por la letra a.

De nuevo hay leves trazas de esos setecientos años en las palabras que son privativas del castellano; las transacciones comerciales, relaciones políticas y el escaso nexo social hicieron que se impusieran formas –pocas, eso sí- árabes sobre latinas y bárbaras. De las más importantes podrían ser “aceite” (que desplazó al “óleo” latino que se impuso, en cambio, en el resto del mundo, si bien esta forma romana no deja de ser castellano y algunos de sus derivados son más comunes en algunas zonas de España, como “oliva”), “ajedrez”, “alcalde”, “farruco”, “zanahoria” o “zumo” –aunque su sinónimo latino “jugo” pertenece a la categoría que tratamos a continuación-.

Lo que realmente ilustra lo que mantenemos –la inexistencia de rasgos/restos árabes cuantitativamente apreciables en la cultura, lengua y hasta genética hispana actual, que no se hallen también presentes en el resto del mundo- es esa clase de palabras que, con origen árabe, existe en español y en el resto de lenguas. Entre esas estarían “limón”, “marroquí”, “máscara”, “riesgo”, “sofá”, “tabaco” y, de nuevo, centenares más hasta completar las mil trescientas.

Cuando hay verdad y ciencia por delante, lo que la mojigatería actual –pala de tumba de la cultura occidental- considere como “políticamente incorrecto” o “inadecuado”, me importa tres sinceras narices. El mito, sin mayor acritud o crispación debería acabar. Setecientos años, sí: ellos por un lado y nosotros
–porque seguimos siendo los mismos, según los profesores Calafell, Plaza, Pérez-Lezaun, Comas y Bertranpetit, entre otros- por otro. Un consejo para acabar: claro que es mejor con el DRAE, pero si se animan a buscar la lista completa de los vocablos castellanos de origen árabe en Internet, la encontrarán en varias páginas, en español, generalmente de propaganda musulmana. Si se reponen, como yo, del ataque de risa tras leer lo de “la superioridad de la lengua árabe sobre la latina”, ándense con ojo; en algunos de estos listados se incluyen palabras que no son del origen buscado. En castellano, admitidas por la RAE, existen mil ciento sesenta y tres (1163) palabras de directa ascendencia árabe y mil trescientas (1300) de origen directo e indirecto, no más. Así que, por ejemplo, ni “quiosco” (del pelvi, vía persa, vía turco y vía francés), ni “añicos” (del celta), ni “olé” (origen expresivo) ni demás “zarandajas” (latín, claro).

viernes, noviembre 03, 2006

España e Islam: dos caminos (I)

Rendición de la ciudad de Granada por parte de los Reyes Católicos en 1492 Estudios genéticos recientes demuestran el moderado intercambio genético habido entre las poblaciones históricas de la Península Ibérica y el Magreb. El análisis de los polimorfismos genéticos complementa y confirma lo que vemos también a través de la lengua castellana: ni la invasión musulmana de la Hispania visigoda produjo un intercambio genético fluido y normalizado; no queda nada cuantitativamente apreciable árabe en la población de la España actual que no se halle presente en el resto del mundo.

Los argumentos genéticos para hablar de teorías políticas están mal; siempre lo han estado y la reputación del tipo de gente que los ha usado –en todo el siglo XX- no lo mejora, precisamente. Afortunadamente esto es un rincón de la lengua española y, por lo tanto, su cultura; no vamos a hacer, directa o indirectamente, ningún tipo de análisis político: tan sólo lingüístico y cultural. El estudio que resumiremos muy brevemente apoya la evidencia lingüística de una falta casi total de influencia de la dominación árabe de la península en la lengua y la cultura hispana.

Los profesores Bosch, Calafell, Plaza, Pérez-Lezaun, Comas y Bertranpetit publicaron en Febrero de 2003, en “Investigación y Ciencia” (la versión española de la prestigiosa “Scientific American”) el artículo titulado “Genética e historia de las poblaciones del norte de África y la península Ibérica”. La investigación que recogía fue llevada a cabo en la Unidad de Biología evolutiva de la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona. Varios de estos profesores habían publicado ya en otras revistas científicas de prestigio otros reportajes
-recogiendo las mismas conclusiones- cuyos títulos nos dan una pista de lo que pasaremos a explicar en breve: en Human Genetics, vio la luz el reportaje “Alu insertion polymorphisms in NW Africa and the Iberian Peninsula: Evidence for a strong genetic boundary through the Gibraltar Straits" (“Polimorfismos tipo inserciones Alu en el noroeste africano y la Península Ibérica: evidencia de una fuerte frontera genética a través del estrecho de Gibraltar”) y en American Journal of Human Genetics fue publicado “High Resolution Analysis of Human Y-chromosome variation shows a sharp discontinuity and limited gene flor between NW Africa and the Iberian Peninsula” (“El análisis de alta resolución de la variación del cromosoma Y humano muestra una discontinuación aguda y flujo génico limitado entre el noroeste africano y la Península Ibérica”).

Santiago Matamoros, siglo XVIII, New Orleans Museum of ArtAlgún día tendremos que hablar de la virtud de la concisión en los títulos de los reportajes científicos… pero nos han valido. Sabemos ya lo que demostraron en su día esas investigaciones. En síntesis y como ejemplos, los linajes del cromosoma Y originados en el magreb, como el E3b2 -según la notación utilizada-, tienen una frecuencia estimada en la península del 8%. Inversamente, los linajes de posible origen ibérico –europeos, seguro-, como el grupo R1b, suman un 3´6% del acervo genético magrebí. Hay carga genética de la otra parte en cada una, claro, pero la evidencia es clara: ni los setecientos años de dominación árabe sirvieron para normalizar y establecer un flujo génico entre el Islam y el Cristianismo hispánico; las poblaciones no se mezclaron y, al contrario que con la invasión romana, fueron siete siglos de “ellos por su lado y nosotros por el nuestro”. La cultura latina fue, y sigue siendo, el verdadero pilar de la actual cultura hispánica. Su Derecho, su lengua, su pensamiento, sus instituciones, sus tradiciones –tamizadas por el Cristianismo-, hasta la comida nos viene de Roma.

Todos los veranos se celebra la festividad de “las Guerras cántabras” en la localidad de Los Corrales de Buelna. Es una multitudinaria conmemoración llena de detalle, cuidado y, a la vez, fiesta y buen humor. Allí es frecuente escuchar alabanzas a la parte de “los cántabros” hacia su valentía y bravura, oyéndose cosas como “…es que éramos tal…” o “…nosotros conocíamos mejor el terreno…” por parte de cántabros actuales. El problema es que nosotros, los de ahora, somos mezcla de esos dos: habitantes de la Península Ibérica y conquistadores latinos. Mal que les pese a los activos de la mojigatería actual, la verdadera mezcla vino con los romanos y no con los árabes; a algunos esto les parecerá bueno, a otros malo: la evidencia histórica-genética, lingüística y cultural está clara. Ellos nos trajeron civilización y genética también; gracias a ellos somos latinos y por ellos yo escribo ahora en un latín ultra evolucionado.

¿De verdad conecta y se relaciona esto, como se ha dicho arriba, con la lengua española? ¿va a dar este rollo genético-cultural, festivo cántabro a algo relacionado con el español?: Sí. Hemos descubierto que de las cuarenta y cuatro mil trescientas diez (44310) palabras de las que la RAE conoce o cree conocer su origen tan solo un 2´9%, es decir, mil trescientas (1300), siendo generosos, son de origen árabe. Decimos “siendo generosos” pues tomamos las palabras en las que el árabe ha tenido influencia en su formación, no sólo las de directa descendencia (que serían unas mil ciento sesenta -1160-). Además tenemos en cuenta para ello todas las variaciones del idioma árabe: regular, beduino, clásico, dialectal, hispánico, marroquí y vulgar. De entre todas estas variantes del árabe, la que más presencia tiene como origen de vocablos castellanos es el que sólo se habló en la península en una época determinada, el hispánico, con novecientas noventa y cinco (995) palabras. ¿La verdadera importancia de todo esto? es el hecho de que el latín, junto con sus lenguas derivadas –las romances- suman treinta y ocho mil cuatrocientos sesenta y tres (38463) vocablos, un 86´8% de las palabras cuyo origen conoce la RAE. Las lenguas amerindias (nahua, mapuche, quechua…) tiene mil trescientas ochenta y ocho (1388), más que el árabe.

La semana que viene diseccionaremos las palabras españolas de origen árabe y ahondaremos en la tesis cultural que mantenemos: poco o nada queda en la población española actual de la cultura árabe que no esté presente en el resto del mundo. Relacionar esto con la lengua española y su independencia, como hemos empezado a demostrar, del árabe, nos dará la medida real de nuestro origen como pueblo, cultura y tipo de seres humanos. ¡Hasta entonces!.

viernes, septiembre 15, 2006

Alatriste, Contreras y Ortega (…y el análisis)

(Viene de aquí)

Don José Ortega y GassetY seguimos hablando de letras españolas –que no de lengua pura y dura esta vez, por mucha o toda relación que tengan-. Antes de seguir, hemos de dar las debidas gracias a quien nos sugirió tocar este tema con este sesgo: de nuevo, don Antonio Elegido, gracias; está realizada la donación prometida de la edición de la autobiografía de Contreras manejada para la concreción de este artículo: el libro descansa ya en su biblioteca. Rápidos nos apetece escribir tras la inspiración de don José Ortega y Gasset y su comentario a la autobiografía del capitán don Alonso de Contreras. El lector sensible podrá reír y llorar con estas líneas a su antojo; así lo deseo. Quiero introducir pronto una cita a don José, que debería convertirse en proverbial, en cuanto a sus comentarios sobre Contreras toca:

“Al leer las memorias de Contreras, lo primero con que tropezamos es con su inverosimilitud. No conviene resbalar sobre esta impresión porque es esencial. Se trata, precisamente, de una narración sobremanera inverosímil, a la cual acontece la gracia de ser la pura verdad”.

Otra más. Descriptivamente, cierro el detalle del natural paralelismo Diego Alatriste-Alonso Contreras con otra cita de don José, que aplico, lógica y justamente ahora a Pérez-Reverte:

“Desde entonces –y esto es lo que conviene subrayar- constituyen [las memorias de Contreras] el documento clásico donde absorben su información cuantos quieren describir el tipo de soldado que abrumó la vida de Europa durante la primera mitad del siglo XVII”.

Todo lo dicho en adelante y atrás sobre Contreras, aplíquese con generosidad sobre el gran personaje nacido en 1996 de la mente del académico don Arturo. Alonso, de baja cuna, llega a caballero del Hábito de San Juan, soldado de mérito, temido en ultramar y respetado en casa… ¿o acaso este era Diego?. En aquella España en la que las clases bajas comían croquetas de pollo que tenían más harina que ave, sus estadistas comprenden la necesidad, según nos revela Ortega, de tener un ejército que gane realmente batallas: de un ejército profesional. Fernando el Católico, sin saberlo, en el XV aprovecha la juventud del Estado en el mundo para empezar a construir grandes ejércitos con individualidades; pagadas, sí, pero ansiosos de gloria y convencidos de la justicia de su campaña: ése es el germen del tercio castellano. En una época en la que el Estado, por joven e inexperto, se dedica a “redondear”, a proyectar y dirigir, la aventura es dejada a las personas (al contrario que ahora, donde la guerra, la acción y la campaña es patrimonio de las naciones). Ahí se gesta el personaje de Alatriste y la persona de Contreras, siglo y medio, dos siglos antes de su existencia, cuando, según algunos historiadores –como Geoffrey Parker- España se medía en igualdad e incluso en inferioridad con Francia e Inglaterra en la capacidad de movilización de tropas. Para 1550, según Parker, triplicaba ya el potencial francés gracias en parte, como decimos, a Fernando.

Contreras es amigo personal de Lope de Vega, como Alatriste lo es de Quevedo. Ambos escritores fueron lo que alguna película anglosajona nos ha intentado vender de Shakespeare: de líos de sábanas y espadas, de maridos despechados y aventuras de madrugada, de versos y vinos, chanzas y sables. Por eso se llevan tan bien Lope y Alonso, Francisco y Diego. El perfil de aventurero que existió como español en el XVII, según disecciona Ortega, no reflexiona, es feliz con lo que viene porque, por no planificar, no se hace jamás una imagen de su futuro. Gente así se encuentra la aventura allá donde va: ¿que una leve parada en el pueblo de Hornacho (por Badajoz) se convierte en una excursión a una gruta donde hay unos féretros repletos de armas?, ¿protagonista?, ¡Contreras, claro!. ¿Que se nos retira a acabar sus días de ermitaño y que, al poco, tiene su chamizo rodeado por la mitad de los efectivos del ejército de la zona exigiéndole la “rendición” por un oscuro asunto? ¡Tiene que ser Contreras!.

Hay una diferencia genial entre aquellos hombres y nosotros: entre aquellos españoles y nosotros. En varios pasajes de la autobiografía se menciona al temido “Guatarral”, por las tierras de Indias, al que don Alonso hace huir en alguna ocasión con el rabo entre las piernas. Ese Guatarral no es sino la corrupción fonética de Walter Raleigh (al que se le suele anteponer el sir, pues se conoce que la Corona británica se acostumbró a ennoblecer a piratas que le servían contra España, en aquella época). Antes importaba tres narices cómo dijese ese fulano que se llamaba… “¿a mí a qué me suena? ¿a Guatarral?, pues así lo llamo. No nos van a enseñar a hablar, ¡encima!”. Ahora cuidamos más el idioma de los antiguos bárbaros que ellos mismos. Y estamos prestos a corregir a alguien que pronuncie mal un mal vocablo inglés. Este hecho aislado no sería en sí mayor problema, si no fuese porque es síntoma o ingrediente –que ni alcanzo a saberlo, y me apena averiguarlo- de decadencia y estúpido complejo de inferioridad. Antes eso no existía.

Dice Ortega: “Se podrían extraer de estas memorias varias películas magníficas en tecnicolor” (1943). “Varias”, ¡pues claro!. Eso y sólo eso se merecía el capitán Alatriste: una película bien hecha, “magnífica”. Nada de excentricidades estilo Blanca Portillo como Fray Emilio Bocanegra; nada de “barcos” que cantan a la legua que son escenarios; nada de grandilocuentes, artificiales y visibles despedidas de personajes y actores –Quevedo/Echanove -; nada de obviar ignorante y atrevidamente las características de un corral de comedias del siglo XVII, instituciones fundamentales del pueblo de la época; nada de escenas descoyuntadas con elipsis groseras a más no poder; nada de escenarios urbanos recargados con demasiados extras como para hacerlos reales; nada de chabacanos insertos de un ciervo en escenas de caza. Y justo cuando uno se pregunta cuánto más se contendrá el director en hacer que Anaya enseñe las tetas en una película española… ¡zaca! ahí están sin justificación y acompañadas de publicidad atea, impropia, falsa, inexistente en la época. El final puede decir algo. El orgullo y la acción: eso es Alatriste/Contreras. Desconozco si ha sido la vanidad legítima por la historia patria lo que ha motivado las horas dedicadas a la película por parte de, sobre todo, su director; estaría bien que así fuese, pero a otra cosa, mariposa. Veinte años de funcionariado con sueldo seguro es mucho peso para hacer ahora arte con gloriosa base. Desde luego, una generación como la que describe Ortega en el prólogo a las aventuras de Contreras se merece una historia mucho mejor contada. Conociendo a los “cineastas” españoles, casi es de agradecerles el que no hayan censurado la palabra “España” de la “película”.

Continúa don José en sus extraordinarias notas:

“De quinientos en quinientos años el Asia adelanta una pinza formidable sobre Europa con ánimo de estrangularla. Un brazo de la pinza entra por los Urales y se dirige al Danubio. El otro se corre por el norte de África y llega hasta el Mogreb”.

La lucha hacia 1600 estaba con el Imperio turco. Aquello pasó. Los quinientos años que vaticina Ortega se cumplirán dentro de un siglo, más o menos. Es de prever que para entonces, la “bomba” económica china haya explotado y sostenga ese brazo norte de la pinza. La amenaza del islamismo fundamentalista, en guerra actual con Occidente, puede ser el otro. Pero… ¿y si la conquista del Imperio chino fuese en realidad tan económica y falta de violencia como se puede prever?¿y si la pinza volviese a estar enteramente suscrita por elementos musulmanes?. El brazo sur podría ser el empuje del Magreb –que hoy vivimos en forma de inmigración ilegal masiva e insostenible, “colonización” cultural…- y la norte la existente en Europa, hoy en día… con los europeos. Germen de incontables desgracias del futuro, la falta de orgullo y aprecio por el pasado occidental hacen cada vez más difíciles los sostenimientos de los pilares básicos de nuestra sociedad, como la democracia. ¡Incluso se llega a ver con tintes “románticos” la desigualdad hombre-mujer en el mundo árabe!. Es éste un rincón de la lengua castellana. Por la lengua, invariable e ineludiblemente, la cultura hispano-latina, y es mi obligación advertir del riesgo que ambas corren.

La autobiografía de Contreras, escrita en tres etapas, concluye en el relato de cómo demuestra ante el Marqués de Santa Cruz –miembro del Consejo de Estado-, con hartos papeles, la falsedad y aun ruindad de la acusación contra su persona de ser “capitán de tramoya”.

“Ahora vea Vuesa Excelencia esta patente, licencia y reformación con que echará de ver que lo que he contado es verdad, y que fui capitán de corazas siete meses y tres días.
Mandóme…”


Y como concluye don Fernando Raigosa en sus acertadas (aunque escuetas) notas a la autobiografía del sobresaliente capitán, “Aquí finaliza la parte conservada del documento. El resto se ha perdido”.

viernes, septiembre 08, 2006

Alatriste, Contreras y Ortega (los hechos…)

Es obvio que el capitán Alatriste está de actualidad. Un capitán que no fue tal (que en realidad no fue) y que, desde la pluma de su autor, tiene un trasfondo mucho más amplio del que, en principio, pudiera parecer. En este pequeño rincón de la lengua castellana haremos hueco estas semanas para las letras en español. Este tema en particular da para, al menos, un libro; nosotros lo intentaremos resolver en un par de artículos: en el primero describiremos, en el segundo profundizaremos. Pérez-Reverte da con el personaje allá por 1996. A cualquiera que haya buceado algo en el soldado prototípico del siglo XVII español, no se le puede escapar una idea defendida en los años cuarenta del siglo XX por don José Ortega y Gasset: la autobiografía del soldado don Alonso de Contreras es un referente básico a la hora de describir y entender la vida, motivaciones y circunstancias del aventurero español y, circunstancialmente, del siglo XVII.

El tema, jugoso donde los haya y en el que estoy deseando profundizar, goza de la siguiente cronología:

-Siglo XVII: el capitán don Alonso de Contreras escribe en Roma, por espacio de once días, su autobiografía, que abarca más de treinta años, y que está plena de pleitos, aventuras piráticas en el Mediterráneo, celos, luchas, Don Lope de Vega y Carpio, el Fénix de los Ingeniosespadas, honor, orgullo (religioso y patriótico), amor y vida.

-Mismo siglo XVII: Lope de Vega dedica, en el prólogo de su obra, el “Rey sin reino” a su amigo Alonso de Contreras, convencido de ser un mortal merecedor de trono, de encontrarse en otras circunstancias.

Don Manuel Serrano y Sanz-Principios del siglo XX: el erudito don Manuel Serrano y Sanz recupera para el gran público (en principio más inglés y francés que español, tal es la desgracia del compatriota que sobresale, estar condenado a no ser profeta en su tierra) la autobiografía de Contreras.

Don José Ortega y Gasset-Mediados del siglo XX: don José Ortega y Gasset prologa una reedición en español de la autobiografía, en un jugoso texto, que procuraremos diseccionar y analizar como se merece.

Don Arturo Pérez-Reverte-Año 1996: don Arturo Pérez-Reverte (futuro académico de la lengua) comienza sus entregas del capitán Alatriste, indudablemente inspirado en la autobiografía de Contreras y, en menor medida –estamos seguros- el relato de las aventuras de los pocos demás soldados contemporáneos cuya vida hemos conservado.

La película recientemente perpetrada la hemos de despachar rápido. La misma no es el motivo ni el argumento principal de este escrito (quizá si su excusa o mecha de oportunidad). Metido de lleno en la acertada y bien masiva campaña de publicidad del largo, uno había recuperado la fe. Creía en el buen hacer general (aunque con altibajos) de Juan Echanove, en la habilidad interpretativa de Javier Cámara como el Conde Duque de Olivares y veía en Mortensen una gran oportunidad de proyección internacional. Hasta se había convencido de la segura mano firme de Agustín “Tano” Díaz Yanes tras la cámara, totalmente novel en proyectos de esta envergadura. Todo se vino abajo en la visualización del estreno. Díaz Yanes debió pensar que dirigía uno más de esos panfletos de celuloide que acostumbra a vomitar el cineasta/funcionario español. En cuanto a la película, se han cargado la historia de Alatriste. Ni con medios el “cine” español es capaz de hacer cine; ¿cuál es la excusa ahora?, ¿no será que los americanos hacen mejor cine, en verdad?. El cúmulo de errores de Alatriste se asemeja descorazonadoramente a la selección del, para algunos, gracioso Manel Fuentes como la voz del Cid en aquella película de dibujos. Fuentes le quitó todo el heroísmo real y la carga de fuerza que la figura que doblaba tiene y tuvo en la Historia de España: triste. Se han pasado media vida cobrando por convencernos de que lo español es casposo y cutre: no pueden redimirse con la verdad, de manera creíble, y esperar que nos lo traguemos. Alatriste tiene garrafales errores de nexo en montaje, ridículas decisiones de casting y un “querer y no poder” en las fundamentales escenas de acción que da más rabia que pena. Pero que quede claro que el tema principal de estas dos entregas de “El castellano actual” no es ni la película ni su crítica, si no las relaciones entre Alatriste y Contreras y las de ambos con Ortega.

La novela es otro cantar. Las narraciones de Reverte sin alcanzar (de momento) el grado de “básicas de la literatura española”, sí que recuperaron un género y un personaje para las letras españolas. El orgullo de lo español, el personaje privativo y exclusivo de la tierra que queremos y lloramos como “España” (como se hizo siglos antes –contemporáneamente- con el pícaro Lazarillo/Buscón o la alcahueta Celestina/Trotaconventos) renace y lo hace en forma de orgulloso soldado de los Tercios viejos de Flandes. Nadie había explorado esos terrenos antes con éxito similar y las novelas de Pérez-Reverte cumplen, sin dudarlo, su cometido: entretener, divulgar y concienciar. Las aventuras nos divierten, los trazos históricos nos enseñan y el patetismo de un Imperio en declive nos conciencia del mal endémico español: la propia psique española.

Pero de todo esto, con la ayuda de don José Ortega y Gasset, mandando el espacio y una vez apuntado y enmarcado el tema, hablaremos, Dios mediante, la semana que viene.

(Continúa aquí)

viernes, septiembre 01, 2006

Algunas ciudades españolas

Hace tiempo que tenía ganas de tratar este tema, del que seguro tendremos oportunidad de gustar más veces, más adelante. El origen de la palabra, del nombre propio, que designa a nuestras ciudades es, a menudo, curioso. Y de las toponimias españolas digo sólo “curioso” por no reconocer la carga histórica que contienen: una estiba de Historia común que se empezó a forjar antes de que naciera el castellano, en muchos casos, y que éste afianzó, en los nombres de nuestros asentamientos. Etimología de ciudades españolas: toponimia española.

San Emeterio y San Celedonio fueron dos legionarios romanos a los que, según se cree, alrededor del año trescientos de nuestra era, martirizaron por profesar el Cristianismo. Curioso este caso ya que aúna dos de los pilares de la cultura hispánica que sobrevive dos milenios después: el ingente legado latino y la religión cristiana. Pero vayamos al grano: las cabezas de los santos mártires fueron conservadas como reliquias en su origen (Calahorra) hasta que esta plaza se vio amenazada por el avance árabe a finales del siglo X. Fue entonces cuando se cuenta que las reliquias fueron llevadas hasta la actual Santander, donde se depositaron en una abadía, sita en el emplazamiento de la actual catedral. El nombre de la capital de Cantabria viene de uno de los dos santos: San Emeter.
Santander, playa de El CamelloPasa muchas veces en etimología y, al parecer más con los topónimos: la voluntad popular y su gusto retuercen tanto las palabras primigenias que, siglos después (ahora) se hace difícil seguirles la pista. ¿Cómo se llega del “Sancti Emetherii” latino al Santander actual?. Según sabemos, las derivaciones vulgares como “Sancti Emderrii” y de ahí “Sancte Endere”, dieron como resultado “Santendere” y “Santanderio”. Sin duda, una de las etimologías toponímicas más enrevesadas (¡y ojo!, “de las conocidas” más enrevesadas, que las hay tanto que no hay ni por donde cogerlas).

Según la última opinión arqueológica más o menos generalizada, el siguiente emplazamiento que trataremos, civil a la postre, constaba como campamento romano desde el siglo I a.C. La Legio VI Victrix parece ser el primer destacamento militar del que se tiene constancia por allí en los tiempos de Augusto (lugar que se consideró bueno, como base para las luchas con los bárbaros del N); la Victrix fue sustituída por la Legio VII Gémina (antes llamada Hispana o Galbiana –en honor a su emperador fundador: Galba-) poco después. Tanta “legión” dejaría huella en los habitantes civiles que, inevitablemente, seguían a los asentamientos militares de larga duración en todo el Imperio Romano. Y de “legión” a León no hubo más que un paso (influenciado quizá por la proximidad léxica del leo, leonis latino, el feroz felino, que nada tiene que ver con la ciudad).

A veces, aunque se conozca el origen del nombre de una villa es difícil imaginar cómo el gusto popular lo ha retorcido hasta convertirlo en lo que es. Pasa con Santander y con una de los tantos asentamientos nombrados –o renombrados tras conquista- en honor a Octavio Augusto. Zaragoza fue “Caesar Augusta” en inicio, pero ¿cómo llegó ahí?. Hemos de hablar de la intervención árabe: en el 714 los musulmanes conquistan como el rayo la península. Y eso de “CaesarAugusta” les sonó a “Saraqusta”… es fácil figurarlo si nos imaginamos un moro actual con su marcado acento intentando decir “CaesarAugusta”. Octavio fue olvidado, se retorció en su tumba y Zaragoza fue “Medina Albaida Saraqusta” hasta su reconquista (1118). Desde entonces su evolución pasó por “Saracosta”, “Saragossa" y “Çaragoça” hasta nuestra preciosa capital del Pilar y Aragón actual.
La basílica del Pilar a orillas del río Ebro, en ZaragozaEl ejército romano trataba muy bien a sus unidades. Eran alimentados, sanados tras la batalla, recompensados tras las gestas y licenciados tras su vida de entrega al pueblo de Roma y su Senado. Así llegaron donde llegaron (hasta que llegaron). La “licenciatura” (que podíamos asimilar a la jubilación militar) solía ir acompañada de beneficios, privilegios, dineros y tierras y había destinos (territorios donde se concedían las tierras) más apetecidos que otros: la bella Hispania era uno de ellos. El soldado licenciado con premio por sus méritos era emeritus, “emérito” del ejército.

En una de las divisiones administrativas de la lógica unidad hispana para los inteligentes romanos, en Lusitania, se creó un destino común para los soldados eméritos: “Emérita Augusta”. Lo de “Augusta” de nuevo es, lógico, en honor a Octavio –que se volvería a revolver en su tumba si supiese la actual falta de su nombre en el topónimo-. Así nació Mérida, capital, enseguida, de la provincia lusitana y, hoy, de Extremadura.

Más allá de la curiosidad y la cultura, la descripción del origen del nombre de nuestras ciudades revela una Historia secular común, afecta a todo este pedazo de tierra al que todo el que llegó lo vio como uno. Una Historia común cuyo recuerdo quizá hoy no sea del agrado de muchos, a pesar de sobrepasar –a veces en siglos- la edad de la de la mayoría de nuestros vecinos europeos.

Vista general del teatro romano de Mérida

viernes, mayo 26, 2006

¡Santiago y cierra, España!

Es mucha la oscuridad que existe hoy en día en torno al significado de este grito, esta arenga militar medieval española. La mayoría, para criticarlo, se quedan con lo que supondría su pronunciación sin la coma tras “cierra”: mención al santo y “a cerrar España para que no entre nadie, y menos los moros…”. Si cerramos antes de que salgan mal vamos a echarlos, pero bueno, el caso es que no van por ahí los tiros.

La mención y la encomienda a Santiago -y su advocación Santiago Matamoros- en las batallas del medievo español de la Reconquista era habitual. Las leyendas de un Santiago infundiendo ánimos, incluso guerreando contra el invasor musulmán, eran corrientes. “Dar un Santiago” era el equivalente de gritar el inicio de la acometida, usualmente con esa misma voz, la del nombre del santo. Del original hebreo יַעֲקֹב (Ya'akov), el nombre del apóstol que se cree que llegó a España pasó a estos lugares como Jacob. Tras la canonización, en latín fue conocido como Sanctus Iacobus y luego Sant Iago en castellano antiguo. ¿Para qué escribirlo separado si puede ir junto?, se debió pensar. Nombres españoles de aquí derivados son Jaime y Diego también.
Las Navas de Tolosa (1864) de Francisco de Paula van Hallen, en el Palacio del Senado, MadridAño 1212. 16 de Julio. Navas de Tolosa, actual provincia de Jaén. Los ejércitos castellano, navarro, aragonés y portugués, reforzados con dotaciones de caballeros templarios, hospitalarios, de las órdenes de Calatrava y Santiago, se enfrentan a las huestes musulmanas. Las tropas almohades superan ampliamente a las dotaciones cristianas. Comienza “la Batalla”, como sería llamada durante años después en las crónicas de los vencedores. Los musulmanes simulan una retirada inicial para, acto seguido, emprender un cruento y salvaje contraataque. Esto atemoriza a los cristianos, que huyen en importante número, impotentes ante la carga árabe. Alfonso VIII, rey de Castilla observa la escena, decidido. Va a hacer algo a lo que rápidamente se sumarán sus caballeros con sus soldados y Sancho VII de Navarra y Pedro II de Aragón con los suyos: arremeter, cargar, lanzarse a por los moros, equilibrando la balanza y permitiendo a las huestes cristianas luchar con mayor igualdad.

No imagino a Alfonso VIII pensando en política en esos momentos. Por ello, hemos de tomar la voz “cierra, España”, que muy probablemente pronunció (y quizá varias veces a lo largo del día en las distintas cargas), no como una declaración de endurecimiento de fronteras y aranceles, sino como un mandato militar. Según la trigésimo segunda acepción del DRAE del verbo “cerrar”, éste puede significar “trabar batalla, embestir, acometer”. No nos cabe ninguna duda de que en épocas pasadas, más revueltas y bélicas que las nuestras, la acepción hubiese subido puestos en la clasificación de las más usadas. Así pues, la expresión equivale a mención al santo y “¡a machacarlos!”. Quizá los partícipes de la mojigatería actual de Occidente, que defiende a ultranza lo ajeno a costa de atacar a muerte lo propio, no se queden tranquilos con la aclaración.

Como fin, he de decir que, según lo que hemos dicho, la correcta formulación de la arenga sería:

“¡Santiago y cierra, España!”

Hemos de poner coma tras “cierra” y ante “España” pues, según lo que hemos explicado, se sigue que esta última es un vocativo. El rey o caballero ordena, pide, exhorta a España que cierre, que embista, que ataque. El quitar la coma supone utilizar el significado viciado y falso que muchos creen que hace de España objeto directo de la oración, cerrándola… ¡no, hombre, no!. Es curioso comprobar como el Diccionario de uso del español de María Moliner no solo recoge la expresión sin coma, sino que erradica de la definición de “cerrar” el sentido original que tenía en la arenga tratada. Al menos es coherente.

La vida moderna es dura. Pero a algunos les afecta más que a otros. Insisto en que la explicación del origen y significado real de esta expresión puede no haber dejado tranquilos a los amigos de toooooodas las “civilizaciones” –respeten o no los derechos humanos-. Para estos, un ataque –físico entonces, verbal, por ejemplo, ahora- a alguien distinto a ellos –respete o no los derechos humanos- supone delito mortal. No era mi intención inquietar a nadie, si es que lo he hecho. Al fin y al cabo, esto es sólo un pequeño espacio dedicado a la lengua. Lo siento. Por cierto, en las Navas de Tolosa, finalmente, no sin esfuerzo y por tanto gloria, vencieron los buenos… con perdón.

viernes, mayo 05, 2006

El Evangelio según National Geographic

¿O bien “The Gospel according to National Geographic” (para que se entienda en origen)?. Puede que el artículo que se dispone a leer tenga menos que ver que nunca con el lazo de unión de este rincón, con la lengua. No obstante, y en mi defensa, diré que no está totalmente exento de ella y que, de hecho, fue el punto que este tema toca con el lenguaje el que me decidió a tratarlo.

En su número de Mayo de 2006, la revista de la National Geographic Society comienza a difundir el hallazgo del que ha sido orgulloso patrocinador: el evangelio de Judas. En él, según lo que la sociedad ha “filtrado” –la edición del texto completo se estudiará de modo y manera que suponga el lícito mayor beneficio posible- Judas Iscariote traiciona a Jesús siguiendo indicaciones expresas de éste y el apóstol es mostrado como una suerte de discípulo predilecto y aventajado. El recién desvelado texto es clasificado como gnóstico (propio de la secta paleocristiana responsable de buena parte de los evangelios y escritos apócrifos).

Errará el que vea en las opiniones de a continuación lo que National Geographic llama “herida de sensibilidad” en la advertencia previa del documental que acompaña a su revista. No hay en estos párrafos lo que sutilmente retratan las líneas del reportaje de su publicación, como quien hace gala de un comportamiento propio altamente trasgresor y modernista: la molestia de espíritu, la inseguridad de una Fe. Personalmente, tengo por bien aceptada la existencia de evangelios paralelos, complementarios o contradictorios de los cuatro Evangelios “oficiales”. He leído muchos de ellos y participo de la autenticidad –entendida como, por lo menos, “antigüedad”- de la mayoría. A grandes rasgos, todos, parte del Nuevo Testamento o no, lo que más demuestran, con mucho, es la gran confusión existente en los primeros siglos del cristianismo, la multiplicidad de versiones, fuentes e historias circulantes sobre el mega-personaje mediático/legendario de la época: Jesucristo.

Hasta aquí, casi nada nuevo: un texto viejo más que contradice lo que reza la Biblia, escrito entre cincuenta y cien años después de los cuatro libros del NT. De hecho lo verdaderamente relevante es la interpretación que National Geographic realiza del uso del relato bíblico: Judas, encarnación del judío prototípico, es usado como figura a odiar, desde los primeros años del cristianismo, pasando por la Edad Media, hasta llegar a los nazis del siglo XX. Si lo descrito en el evangelio de Judas fuese cierto –mantienen- la figura de Judas habría sido escogida como cabeza de turco, como el judío que real y finalmente traicionó al Hijo de Dios. Así, mediante una siniestra sinécdoque, se extendería la culpa, el carácter retorcido y poco fiable de Judas a los judíos, según se cuenta en el documental, pueblo diana de las preocupaciones de los primeros cristianos.

En efecto, como se refiere, del origen hebreo Yejudá, se pasó al griego Judas –como llegó a nuestro castellano, vía el Judaeus latino-, que también estaba relacionado con el gentilicio y la región de Judea. Parece golosa la tesis que defendiera que era más fácil culpar al pueblo judío del asesinato de Cristo con un representante tan lingüísticamente relacionado con él. Y este aspecto, absolutamente cierto, que apoyaría la proposición de National Geographic, es el que me decidió a escribir sobre el tema en términos que, desde ahora, tienen tanto que ver con la cultura como con la lengua. Porque, insisto, el DRAE es testigo de esa innegable metáfora popular que hizo de judas sinónimo de hombre alevoso y traidor. Pero de ahí, no pasó.


De esa culpación bíblica de Judas, hace nacer la “society” buena parte del elemento antisemita de Occidente. Eso es, en el contexto cristiano del que hablan, directamente, mentira. Piano, piano.

“A medida que el cristianismo se distanciaba de sus orígenes como secta judía, los pensadores cristianos fueron encontrando cada vez más conveniente culpar al pueblo judío del arresto y la ejecución de Cristo, y presentar a Judas como el arquetipo de judío”.

NG dixit.

¿Pero por qué? ¿por qué razón?. En los primeros años del cristianismo, si los “catacúmbacos” –por aquel entonces- hubiesen buscado alguien a quien atacar, para defenderse (como dice el documental), más que al pueblo judío, de seguro hubiesen optado por el Imperio que los masacraba, literalmente, por el simple hecho de ser cristianos (¿holocaustum?). Y no lo hicieron (de hecho una de las primeras grandes figuras del cristianismo, San Pablo, alardea, cuando le conviene, de ser ciudadano romano). Al margen de ello… ¿tan simples eran los destinatarios de esa “manipulación” para pasar por alto que todos los primeros nombres de los Evangelios eran judíos, también?. Más allá… el Evangelio predica el perdón, Cristo predicó el perdón a nuestros semejantes… ¿para todos menos para Judas?.

El beso de Judas (1306), de Gioto di Bondone, en la capilla Scrovegni, en Padua, ItaliaYendo más despacio aún: como español, educado en España, me siento legitimado para hablar a través de la prestigiosa tradición cristiana española en el orbe católico. Por supuesto que los judíos fueron expulsados de España por los Reyes Católicos por motivos religiosos (igual de fuertes que los económicos –casos de usura, enriquecimientos desmesurados…- y sociales –sus costumbres no cuajaron entre las nuestras, como no lo hicieron las musulmanas-); pero esos motivos religiosos no fueron otros que las diferencias de su culto con el cristiano, inherente a las tierras españolas desde el medievo. Por ello fueron expulsados los musulmanes, también. La inculpación insidiosa de Judas nunca se ha dado. Lo que sí se dieron, entre el pueblo, fueron entre el pueblo, muestras de desagrado y desprecio con su asignada actitud (las representaciones pictóricas, expresiones populares –“me cago en Judas” era la expresión más fuerte admitida durante mucho en una familia que conozco, y no para todos los miembros-…), pero siempre con una premisa en la mente: “quien esté libre de pecado que tire la primera piedra”. En una rápida búsqueda por el refranero español (testigo de la cultura popular durante siglos y, además, terreno perfectamente perteneciente a este blog) encontramos sólo dos expresiones con mención directa a los judíos:

-Al judío, dadle un huevo y pediros ha el tozuelo.
En referencia a quien agradece un préstamo o regalo con nuevas peticiones. Obviamente se le atribuye al judío, mediante esta expresión, cualidades negativas.

-Más judíos hizo cristianos el tocino y el jamón que la Santa Inquisición.
Alabando las propiedades disuasorias y seductoras de nuestros productos patrios (recuerdo aquí el argumento de un musulmán residente en España que conozco: “¿esto? no es cerdo… ¡es jamón!”). Cierto es que la bibliografía de la búsqueda en el refranero no ha sido muy extensa, por razones de tiempo, pero sí rigurosa. Dos ejemplos y sólo uno (si alguien así lo ve) para la causa de National Geographic. Punto.

Resumiendo: la idea negativa sobre la forma de ser judía estuvo presente en nuestra sociedad pero, precisamente gracias a la profunda religiosidad secular española, nunca de manera peligrosa, insidiosa o importante. A mi jamás se me presentó en la escuela a Judas como el “maldito traidor”, “asesino de nuestro Señor”. Nunca. Por el contrario, sí me enseñaron que, acorde con la doctrina cristiana, lo que peor hizo Judas fue arrepentirse sin acudir al Señor, que lo hubiese perdonado, suicidándose.

De siempre y de lógica, la doctrina cristiana culta consideró a Judas 1. un pecador, como cualquiera de nosotros y 2. una pieza fundamental del plan divino. Y es ahí donde llegamos a lo que siempre hemos sabido y lo que dijo Cristo, según los Evangelios: su sangre fue “derramada por vosotros –los apóstoles- y por todos los hombres, para el perdón de los pecados”. Quien traicionó a Cristo no fue un judío, si no un hombre. Así fue entendido siempre.

Desde ese punto de vista, no sólo resulta curioso ver la identificación de la inculpación de Judas por parte de la Biblia con las teorías nazis (¿qué demonios creerán estos señores que tenían los nazis de cristianos? ¡ojalá hubiesen tenido algo!) si no comprobar el porcentaje de nómina judía en el panel directivo de la National Geographic Society, que tan mal defienden el gran papel de su pueblo en la Historia.

La mayor relación de los nazis con el cristianismo pertenece al terreno de la leyenda y del esoterismo. Se dice que buscaban con ahínco los poderes que otorgarían la lanza de Longinos y el Santo Grial. Si eso, de, al menos, dudable realidad, es una tontería… imagínese el resto…