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viernes, mayo 09, 2008

El lío de los superlativos

A veces surgen problemas a la hora de explicar el origen y sentido de los superlativos. Son geniales, nos permiten transmitir mensajes con fuerza y muy personales... pero ¡por qué se forman como se forman? Una pregunta de un observador atento podría materializar el objetivo de este artículo: ¿por qué de "nuevo" hacemos "novísimo" y de "bueno", "bonísimo" y de cruel, "crudelísimo"?.

Al observador atento le falla la base y pensar que, quizá la norma que ha observado no sea tal. No es el diptongo "ue" el que se transforma en "o". Es el origen de esos adjetivos el que hace que los superlativos se formen como lo hacen. "Nuevo" será "novísimo" debido al abuelo de ambos, novus. "Bueno" es "bonísimo" gracias a bonus. "Cruel", encambio, proviene del crudel, crudelis latino. He ahí por qué su superlativo se hace "crudelísimo" (para algunos). No es un caso solitario. Le pasa exactamente lo mismo a "fiel". Antes lo decíamos fidel, -is (de ahí el nombre propio) y por eso, el que es muy fiel es "fidelísimo".

Si nos ponemos a mirar formaciones irregulares en los superlativos veremos cómo tenemos varios ejemplos, todos "contaminados" por el origen de la palabra. Así, algo muy antiguo, además de eso, es "antiquísimo". Y concluyo con una curiosidad: ¿sabían que podemos nombrar a quien es muy "diestro"? (En principio, no me sean malos, alguien que será muy hábil y certero, no "muy de derechas"). Sí, será una persona "destrísima" y no "diestrísima" hacia donde nos tiraría la regla, ya que de la dextra latina salió nuestra "diestra" y aún nuestra "derecha".

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viernes, diciembre 14, 2007

La quintaesencia de lo vulgar

No me gusta hablar de dinero. Es considerado vulgar y no me extraña. “-¿Cuánto te ha costado? -Palabras, dinero y hablar con el tendero”. Desde hace siglos los refranes han sido la expresión concisa más descriptiva de la sabiduría popular, del pueblo, del vulgo… vulgar ¿y si somos, por una vez, en este pequeño rincón del castellano, vulgares, pero vulgares, vulgares? Si poco hay más vulgar que hablar del dinero o los refranes ¡vaya una de refranes sobre dinero!

“A la hija mala, dineros y casalla”
Y es que ya se sabe que, aunque cueste, más vale reunir pronto la dote y perderla de vista, si es tan mala…

“De enero a enero, el dinero es para el banquero”
Muestra de la clásica practicidad y el gusto por el realismo español.

“De invierno a invierno, el dinero es “pa” el Gobierno”

Versión política (igual o más cierta) de la anterior

Busto de Vespasiano (izquierda) junto al de Tito (Museo Capitolino, Roma)“El dinero bien huele, salga de donde saliere”
Refrán castellano con solera, entronca con nuestra raíz clásica y con la anécdota del emperador Vespasiano y su hijo, Tito. Se contaba que Vespasiano estaba tan agobiado construyendo el Coliseo (que no vería concluido) que impuso tasas hasta por el uso de las letrinas públicas. Al parecer, Tito le recriminó, preguntándole si le parecía bien obtener dineros gravando tan vergonzosos y privados actos. Al instante, Vespasiano acercó un puñado de monedas a la nariz de su insolente hijo, preguntándole si le olían mal. Tras la negativa de Tito, Vespasiano zanjó la cuestión con un irónico “¡Claro! El dinero no huele”…

“Dinero de suegro, dinero de pleito”
…O “no mezcles familia con negocios”…

“El dinero es como los ratones, que en oyendo ruido, se esconde”
Ya se sabe que las coyunturas económicas, como los negocios, son miedosos y ante el mínimo atisbo de fragilidad, huyen

“Dinero ninguno y mucha fachada: total, nada”
Algo que se dice muy estilado por el Norte, “aparentar”

“Dinero y mujer en la vejez son menester”
¿Quién puede negarse a los cuidados y mimos de una amorosa compañera?¿La cartera?¡Claro! y la parienta

“Mi dinero mudo, ¿quién me lo hizo bocudo?”
Expresión que puede usarse cuando alguien es timado o cuando pierde una suma tras haberse pavoneado de tenerla. “¿Por qué tuve que abrir la boca?”

“Salud, dineros y luenga vida, y el paraíso a la partida”
Aplicable a quien lo quiere todo. Buena salud, dinerito y vida larga para disfrutarla y, tras ella, tener ganado el paraíso.

“Si te dan dinero, tómalo al punto; si te lo piden, cambia de asunto”
¿Necesita aclaración? ¡Adiós!

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domingo, noviembre 18, 2007

El catecismo del modismo (I)

Me he propuesto escribir un nuevo catecismo. Será por entregas y responderá, más o menos, a la segunda acepción que el actual DRAE da para esa palabra: “obra que, redactada frecuentemente en preguntas y respuestas, contiene la exposición sucinta de alguna ciencia o arte”. Digo “más o menos” porque no será en forma de preguntas y respuestas y la ciencia o arte no será tal, sino una batería escogida de modismos españoles… ¡y lo bien que va a estar!

“A la vejez, viruelas”
Manuel Bretón de los Herreros, 1796-1873Lo usamos cuando describimos la actitud de personas de edad avanzada en actividades consideradas poco propias de sus años que, por tales, pueden, a veces, resultar peligrosas o perjudiciales. Al parecer, en los siglos XV y XVI se denominaba “viruelas” a todas las afecciones de la piel (a la viruela también, claro). Entre ellas se incluía el clásico acné juvenil, propio de las edades mozas, de ahí que “a la vejez viruelas” relacione la edad avanzada con un mal de adolescencia. La obra de Manuel de Bretón y Herreros, precisamente llamada “A la vejez viruelas”, escrita en 1817 y donde dos ancianos se enamoraban, reforzó literariamente la extensión y significado del modismo. Ya Leandro Fernández de Moratín en su “El viejo y la niña” (1794) había puesto en boca del personaje de Muñoz:

"Si todo el infierno
viniera a casa, no juzgo
que hubiera más embelecos
¡Caramba! Es cosa de chanza.
¿Yo agazaparme? Primero...
¡Digo! ¡A la vejez viruelas!
Yo debo de ser un leño,
un zarandillo, un..."

“A la virulé”
Tener algo “a la virulé” es tenerlo en malas condiciones, revuelto, amoratado (particularmente una parte del cuerpo y especialmente aplicado hoy en día al ojo). Proviene del francés, “bas roulé” que significa, literalmente, “bajo vuelto”. Se aplicaba a la moda proveniente de aquel país que hacía a las gentes doblarse las medias y calcetines en su extremo. En España nos resultó aquella una manía rara y retorcida (nunca mejor dicho) y lo comenzamos a aplicar a lo revuelto, doblado, curvo o, como en el caso del ojo, lo fuera de su sitio, de lo normal.

Juan Prim y Prats (16 de diciembre de 1814 - 27 de diciembre de 1870“A mí, plin”
Es atractiva (ya saben, por histórica y demás) la teoría que por ahí corre que relaciona el origen de ese “plin” con el general español Juan Prim y Prats. Cuando alguien usa esta expresión, quiere significar que el objeto de su discurso le importa poco más de tres narices o un pimiento… poquito, vamos. Como digo es improbable la corrupción del apellido de don Juan para conformar el modismo, pero hasta se ha creado una teoría con corpus y todo. Dicen que “a mí, Prim” sería lo que podría responder alguien que, tras ser preguntado por sus inclinaciones políticas en ese XIX español tan revuelto, quisiese significarse cercano al general miquelete. Lo más probable, no obstante es que "plin" tenga origen popular expresivo, sin más. Por cierto que ese “mí”, para entendernos todos, ha de ser con tilde (ya que es el pronombre personal y no el posesivo, apócope de “mío” que es sin ella –“mi”-).

“A palo seco”
Usualmente suele ser comer algo sin bebida que lo acompañe pero, como extensión (aunque ya se ha extendido bastante su uso desde su origen, ya verán) se puede aplicar a hacer cualquier cosa sin una herramienta, acción o lo que sea acompañante típico y normal. En un principio fue expresión propia del argot marinero (como tantas y tantas cosas en el idioma proveniente de este istmo español –ver La homonimia marinera, como ejemplo-). Así, “navegar a palo seco” era hacerlo, según el DRAE, “con las velas recogidas”. La expresión desembarcó y ahora se usa con el sentido que explicamos y conocemos. En 1608, Fernando de Alva Ixtlilxóchitl escribía su “Viaje a la América meridional”; en él dijo:

“…y el viento por el sur, saltó repentinamente al oeste á las dos de la tarde con tanta fuerza que obligó á aferrar todas las velas y hacer capa á palo seco, no siendo possible que aguantasse ninguna segun la violencia de las ráfagas…”

Francisco Martínez de la Rosa (Granada, 10 de marzo de 1787 - Madrid, 7 de febrero de 1862)Doscientos y pico años más tarde el político liberal y escritor granadino Francisco Martínez de la Rosa dejó, en su “Amor de padre”, el otro uso del modismo plasmado; decía el personaje del capitán de la citada obra, en la escena V del acto III:

“Recoged ahora esos trebejos... Llevémoslos a la cueva; los juntaremos con los demás, y cuando estemos todos reunidos se hará el reparto como es regular... Pero así que cada cual haya guardado lo suyo, si otro se atreviese ni siquiera a mirarlo... Ya sabéis que no necesito alguaciles ni verdugos para hacer justicia a palo seco”

Dos Presidentes del Consejo de Ministros en el XIX para esta primera entrega del “Catecismo del modismo”… no está mal… no, es curioso. ¡Nos vamos! ¡Nos vemos!

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viernes, octubre 19, 2007

Defensa de los signos de apertura

Los necesitamos. Los necesitamos para asombrarnos, enfadarnos y preguntar. Para romper la linealidad objetiva y llana del discurso, los necesitamos. Son los signos de interrogación y exclamación. Los de cierre (“?” y “!”) están en uso y gozan (a pesar de los llamados emoticonos o “smileys” de Internet) de buena salud. No podemos decir lo mismo de los de apertura. Por influencia principalmente del inglés, están en desuso, en retirada. Puede haber quien, leyendo esto, lo considere lógico, que crea que hablamos de símbolos arcaicos que ya carecen de sentido. Vamos a intentar demostrar que, quien así piensa, se equivoca.

Dejando de lado la opinión, legítima, romántica y acertada, de que deberíamos conservarlos por un puro sentido estético y tradicional, lo cierto es que las razones objetivas, ligadas a características propias del castellano, abundan y gritan, tratan de llamar nuestra atención, para que no dejemos que caigan en el olvido los signos de apertura, de exclamación e interrogación. Pero quizá convenga aquí un pequeño paréntesis histórico-ortográfico… ¿de dónde vienen los símbolos de interrogación y exclamación?

Los escritos antiguos marcaban las preguntas (en diálogos, ficciones, ensayos y líricas) con una abreviatura de la palabra latina “quaestio, -onis” (de allí nuestra “cuestión”). Tal apócope era “qo.”. Paulatinamente la “q” se fue abriendo y, como vimos en el caso de nuestra eñe bonita, un signo se fue montando sobre el otro; en efecto la “o” se desplazó bajo esa “q” que se abría y se convirtió en un punto… ya teníamos el resultado (?)…

Para el caso del símbolo de admiración, hemos de explicar la existencia de la interjección, también latina (¡cómo no!), “io”. La misma servía como partícula de sorpresa, atención y júbilo. La “o” volvió a desplazarse bajo la “I” y, convirtiéndose en un punto, nos dio el universal símbolo de exclamación. En 1741, la primera ortografía oficial de la RAE no consideró las particularidades de nuestro idioma (que veremos enseguida) para regularizar el uso de esos símbolos, invertidos, para abrir preguntas y exclamaciones. Lo haría en 1754. Desde entonces, en castellano, cuestiones, sorpresas y enfados se abren con esos signos (“¿” y “¡”).
Páginas de la Ortographia de la RAE de 1741 referentes a los interrogantes y las admiraciones¿De verdad cree los símbolos de apertura un estorbo para la inmediatez de la vida moderna y su informatización? Si el inglés no los necesita ¿por qué así el español? Para empezar, el inglés, como muchos otros idiomas, en la mayoría de los casos, tiene una forma inequívoca de marcar el inicio de las preguntas gramaticalmente, sin signos ortográficos. Bien sea gracias a auxiliares, anticipación de la situación de los verbos, partículas interrogativas a principio de frase, etcétera, no precisa del símbolo de apertura para marcar al hablante que lo que empieza es una pregunta. Sin trampas, sin adelantarse, lea en voz alta la siguiente frase:

No es, por tanto, crucial avisar a nuestros niños, en las escuelas, del peligro que corren si no obedecen y llegan a casa sin demora, tras los estudios del día, según ha defendido en rueda de prensa esta mañana el Ministro de Administraciones Públicas, Educación y Tonterías?

Descoloca el símbolo final ¿verdad? Es un buen truco acentuar los “que”, “quien”, “donde”, “como” o “por que”, pero ¿y si no existen? En las frases largas el ojo no alcanza a ver el símbolo de cierre y nuestra agudeza visual no nos sirve… ¿no es más fácil poner un símbolo de interrogación de apertura? El problema con los signos de exclamación se agudiza, pero también en inglés, porque allí, la estructura de las oraciones exclamativas puede ser, como en castellano, calcada a las enunciativas, idéntica a las que no tienen ningún tipo de signo:

Ve a casa antes de que avise a tu madre de que no están haciendo lo que debes!

No me cabe duda que la liviandad de los discursos de hoy en día (una idea expresada en más de un minuto es un coñazo, un rollo…) fomentan la perniciosa práctica de prescindir de tan preciosos signos. De forma general, en inglés se entiende que la interrogación y la exclamación empiezan tras la última pausa ortográfica… ¿quiere esto decir que no podemos introducir una coma en una interrogación o en una exclamación? Seguramente no, pero entonces deberemos atender al contexto, ralentizar la lectura, complicar la comprensión y ahí está la oveja… (la madre del cordero). A pesar de que lo tiene más fácil que el español, la ausencia de signos de exclamación e interrogación de apertura del inglés (y del francés, el alemán, el italiano…) no es sino una desventaja (o ventaja del castellano) que, no obstante, créanlo, estamos copiando…

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