viernes, mayo 05, 2006

El Evangelio según National Geographic

¿O bien “The Gospel according to National Geographic” (para que se entienda en origen)?. Puede que el artículo que se dispone a leer tenga menos que ver que nunca con el lazo de unión de este rincón, con la lengua. No obstante, y en mi defensa, diré que no está totalmente exento de ella y que, de hecho, fue el punto que este tema toca con el lenguaje el que me decidió a tratarlo.

En su número de Mayo de 2006, la revista de la National Geographic Society comienza a difundir el hallazgo del que ha sido orgulloso patrocinador: el evangelio de Judas. En él, según lo que la sociedad ha “filtrado” –la edición del texto completo se estudiará de modo y manera que suponga el lícito mayor beneficio posible- Judas Iscariote traiciona a Jesús siguiendo indicaciones expresas de éste y el apóstol es mostrado como una suerte de discípulo predilecto y aventajado. El recién desvelado texto es clasificado como gnóstico (propio de la secta paleocristiana responsable de buena parte de los evangelios y escritos apócrifos).

Errará el que vea en las opiniones de a continuación lo que National Geographic llama “herida de sensibilidad” en la advertencia previa del documental que acompaña a su revista. No hay en estos párrafos lo que sutilmente retratan las líneas del reportaje de su publicación, como quien hace gala de un comportamiento propio altamente trasgresor y modernista: la molestia de espíritu, la inseguridad de una Fe. Personalmente, tengo por bien aceptada la existencia de evangelios paralelos, complementarios o contradictorios de los cuatro Evangelios “oficiales”. He leído muchos de ellos y participo de la autenticidad –entendida como, por lo menos, “antigüedad”- de la mayoría. A grandes rasgos, todos, parte del Nuevo Testamento o no, lo que más demuestran, con mucho, es la gran confusión existente en los primeros siglos del cristianismo, la multiplicidad de versiones, fuentes e historias circulantes sobre el mega-personaje mediático/legendario de la época: Jesucristo.

Hasta aquí, casi nada nuevo: un texto viejo más que contradice lo que reza la Biblia, escrito entre cincuenta y cien años después de los cuatro libros del NT. De hecho lo verdaderamente relevante es la interpretación que National Geographic realiza del uso del relato bíblico: Judas, encarnación del judío prototípico, es usado como figura a odiar, desde los primeros años del cristianismo, pasando por la Edad Media, hasta llegar a los nazis del siglo XX. Si lo descrito en el evangelio de Judas fuese cierto –mantienen- la figura de Judas habría sido escogida como cabeza de turco, como el judío que real y finalmente traicionó al Hijo de Dios. Así, mediante una siniestra sinécdoque, se extendería la culpa, el carácter retorcido y poco fiable de Judas a los judíos, según se cuenta en el documental, pueblo diana de las preocupaciones de los primeros cristianos.

En efecto, como se refiere, del origen hebreo Yejudá, se pasó al griego Judas –como llegó a nuestro castellano, vía el Judaeus latino-, que también estaba relacionado con el gentilicio y la región de Judea. Parece golosa la tesis que defendiera que era más fácil culpar al pueblo judío del asesinato de Cristo con un representante tan lingüísticamente relacionado con él. Y este aspecto, absolutamente cierto, que apoyaría la proposición de National Geographic, es el que me decidió a escribir sobre el tema en términos que, desde ahora, tienen tanto que ver con la cultura como con la lengua. Porque, insisto, el DRAE es testigo de esa innegable metáfora popular que hizo de judas sinónimo de hombre alevoso y traidor. Pero de ahí, no pasó.


De esa culpación bíblica de Judas, hace nacer la “society” buena parte del elemento antisemita de Occidente. Eso es, en el contexto cristiano del que hablan, directamente, mentira. Piano, piano.

“A medida que el cristianismo se distanciaba de sus orígenes como secta judía, los pensadores cristianos fueron encontrando cada vez más conveniente culpar al pueblo judío del arresto y la ejecución de Cristo, y presentar a Judas como el arquetipo de judío”.

NG dixit.

¿Pero por qué? ¿por qué razón?. En los primeros años del cristianismo, si los “catacúmbacos” –por aquel entonces- hubiesen buscado alguien a quien atacar, para defenderse (como dice el documental), más que al pueblo judío, de seguro hubiesen optado por el Imperio que los masacraba, literalmente, por el simple hecho de ser cristianos (¿holocaustum?). Y no lo hicieron (de hecho una de las primeras grandes figuras del cristianismo, San Pablo, alardea, cuando le conviene, de ser ciudadano romano). Al margen de ello… ¿tan simples eran los destinatarios de esa “manipulación” para pasar por alto que todos los primeros nombres de los Evangelios eran judíos, también?. Más allá… el Evangelio predica el perdón, Cristo predicó el perdón a nuestros semejantes… ¿para todos menos para Judas?.

El beso de Judas (1306), de Gioto di Bondone, en la capilla Scrovegni, en Padua, ItaliaYendo más despacio aún: como español, educado en España, me siento legitimado para hablar a través de la prestigiosa tradición cristiana española en el orbe católico. Por supuesto que los judíos fueron expulsados de España por los Reyes Católicos por motivos religiosos (igual de fuertes que los económicos –casos de usura, enriquecimientos desmesurados…- y sociales –sus costumbres no cuajaron entre las nuestras, como no lo hicieron las musulmanas-); pero esos motivos religiosos no fueron otros que las diferencias de su culto con el cristiano, inherente a las tierras españolas desde el medievo. Por ello fueron expulsados los musulmanes, también. La inculpación insidiosa de Judas nunca se ha dado. Lo que sí se dieron, entre el pueblo, fueron entre el pueblo, muestras de desagrado y desprecio con su asignada actitud (las representaciones pictóricas, expresiones populares –“me cago en Judas” era la expresión más fuerte admitida durante mucho en una familia que conozco, y no para todos los miembros-…), pero siempre con una premisa en la mente: “quien esté libre de pecado que tire la primera piedra”. En una rápida búsqueda por el refranero español (testigo de la cultura popular durante siglos y, además, terreno perfectamente perteneciente a este blog) encontramos sólo dos expresiones con mención directa a los judíos:

-Al judío, dadle un huevo y pediros ha el tozuelo.
En referencia a quien agradece un préstamo o regalo con nuevas peticiones. Obviamente se le atribuye al judío, mediante esta expresión, cualidades negativas.

-Más judíos hizo cristianos el tocino y el jamón que la Santa Inquisición.
Alabando las propiedades disuasorias y seductoras de nuestros productos patrios (recuerdo aquí el argumento de un musulmán residente en España que conozco: “¿esto? no es cerdo… ¡es jamón!”). Cierto es que la bibliografía de la búsqueda en el refranero no ha sido muy extensa, por razones de tiempo, pero sí rigurosa. Dos ejemplos y sólo uno (si alguien así lo ve) para la causa de National Geographic. Punto.

Resumiendo: la idea negativa sobre la forma de ser judía estuvo presente en nuestra sociedad pero, precisamente gracias a la profunda religiosidad secular española, nunca de manera peligrosa, insidiosa o importante. A mi jamás se me presentó en la escuela a Judas como el “maldito traidor”, “asesino de nuestro Señor”. Nunca. Por el contrario, sí me enseñaron que, acorde con la doctrina cristiana, lo que peor hizo Judas fue arrepentirse sin acudir al Señor, que lo hubiese perdonado, suicidándose.

De siempre y de lógica, la doctrina cristiana culta consideró a Judas 1. un pecador, como cualquiera de nosotros y 2. una pieza fundamental del plan divino. Y es ahí donde llegamos a lo que siempre hemos sabido y lo que dijo Cristo, según los Evangelios: su sangre fue “derramada por vosotros –los apóstoles- y por todos los hombres, para el perdón de los pecados”. Quien traicionó a Cristo no fue un judío, si no un hombre. Así fue entendido siempre.

Desde ese punto de vista, no sólo resulta curioso ver la identificación de la inculpación de Judas por parte de la Biblia con las teorías nazis (¿qué demonios creerán estos señores que tenían los nazis de cristianos? ¡ojalá hubiesen tenido algo!) si no comprobar el porcentaje de nómina judía en el panel directivo de la National Geographic Society, que tan mal defienden el gran papel de su pueblo en la Historia.

La mayor relación de los nazis con el cristianismo pertenece al terreno de la leyenda y del esoterismo. Se dice que buscaban con ahínco los poderes que otorgarían la lanza de Longinos y el Santo Grial. Si eso, de, al menos, dudable realidad, es una tontería… imagínese el resto…