viernes, marzo 02, 2007

"El Word"

La versión utilizada del programa de Microsoft protagonista de este artículo para sus ejemplos ha sido la 2003 (11.5604.5606). La 2003, según los usuarios, a falta de la consolidación de la 2007 y/o la llegada de la siguiente, es la más usada y la mejor “redondeada” de todas. En el presente texto, todas las palabras subrayadas en rojo por la opción preinstalada de la mencionada versión, han sido destacadas en reivindicativa negrita.

Así lo llamamos, a secas: “el Word”. El procesador de textos propiedad de la multinacional estadounidense Microsoft es omnipresente en los ordenadores (PC y Mac) de hoy en día, y por lo tanto en las vidas diarias de millones de personas. El problema surge cuando “el Word” (que tiene una larga tradición de mejoras y versión tras versión a sus espaldas de más de veinte años) nos dice que está mal… lo que no está mal. A vueltas con “el dichoso Word” (también así conocido) y su limitadísimo diccionario interno, vamos a ver un poco más de cerca el, de lejos, fallo más denunciado de este programa informático.
Al rollo: cuando la opción que el programa trae activada de fábrica entra en funcionamiento, lo que hace es, automáticamente, subrayar en rojo las palabras que no cree correctas, cuando no, unos y ceros plenos de seguridad en sí mismos, te cambian el vocablo directamente sin más. Eso está muy bien cuando se nos desliza, escribiendo, una “pieda” (en lugar de una “piedra”) o unas “pleyades” (en vez de unas buenas “pléyades” de algo) pero no cuando quiero escribir el nombre de su principal competidor (Apple), el de marcas ajenas (WordPerfect) o el de otro competidor (Corel). En cualquier caso, puede que eso sólo sean anécdotas. Al fin y al cabo no hablamos de castellano… pero a continuación sí…

¿Por qué no puedo escribir Magreb en el principal procesador de textos del mundo sin que me lo “proscriba”? No, no… no se vaya a pensar que es una cuestión racista, el nombre de nuestro territorio, en histórico y castellano latino, nuestra Hispania, también está maldito… Si le hiciese caso al gigante de la informática, no podría escribir una carta a mi primina (ya que me lo corrige automáticamente por “primita”, un diminutivo igual de válido que el anterior, pero no el que yo quiero usar). En la misiva no podría prometerla que la llevaré al zoo. No podría ir a Nueva York con nadie (me lo corrige sin permiso por “Nueva Cork” -¿alguien sabe donde carajo está eso?-), ni quejarme, pues algo tan castizo como un buen “¡mecachis!”, en el DRAE, es también “censurado”. Desde luego serrín en la cabeza no tienen estos señores programadores –o adaptadores al castellano-, porque no deben saber ni lo que es… Como no saben lo que es atender a un medio tan importante como la lengua en un procesador de textos, si acaso por su ética profesional, o responsabilidad deontológica. Inexplicablemente, sí que conocen su compromiso “deontológico” como profesionales…

Puede que la confrontación deontológica/deontológico en el Word tenga tintes de “discriminación de género” (¡qué horror de expresión!, ustedes disculpen). Porque, y perdonen de nuevo, el Word y sus responsables admiten que alguien pueda estar –o ser- “cachondo”, pero no cachonda. Es un elemento éste “diferenciador” con alguno de sus competidores –que no, según el programa mismo, característica “diferenciadora”-. El problema del género de las palabras (que no del sexo de las personas) se extiende también a su número: el Word no sabe que el plural correcto de “argot” es “argots” y no “argotes”, como admite… El Word no sabe que “terminal” es un adjetivo y un sustantivo con siglos en castellano. El Word tampoco sabe que el coxis duele mucho cuando te le lesionas (no sabe ni que existe…). Por no saber, ni que “imprimido” es un participio válido español, sabe el Word…

Y eso que vaya mi advertencia: el Microsoft Word, como tanto y tanto que haya hecho la empresa americana desde su fundación, ha acercado la parte de la informática que toca (la creación y procesamiento de textos) al usuario medio. Al igual que el sistema operativo de Microsoft, se le pueden poner mil pegas, pero el noventa por ciento estarán relacionadas con los problemas derivados de su amplia distribución global: todo el mundo los tiene y por eso se les hallan más problemas y más se les ataca –en sus “agujeros” de seguridad-. Dicho esto no podemos obviar lo evidente, esta vez. Tras más de veinte años de evolución y mejora (y tras desbancar a varios competidores serios, como el WordPerfect de Corel –antes mencionados-), Microsoft, al menos en castellano, no ha conseguido que su producto tenga un diccionario interno medianamente aceptable.

Dicho lo cual, ¿para qué nos queda su función de corrección ortográfica automática?. Desde luego nunca para fiarnos y menos para aprender. Para eso, la escuela y la buena lectura. Lo bueno: sirve mucho para cuidar de “piedas” y “pleyades” no intencionadas, trastabillones de dedos humanos que pueden desmerecer un bonito texto.

7 comentarios:

Ragna dijo...

Bueno, parece que la versión 2007 trae alguna que otra mejora en el corrector, aunque seguimos con más de lo mismo. De todas formas, es de lo mejor que se puede encontrar en el mercado en estos momentos. Al menos, en lo que a procesadores de textos con corrector ortográfico-gramatical se refiere. Sin embargo, empiezan a aparecer otras aplicaciones de código abierto interesantes, como OpenOffice (aunque el corrector de éste no solo tiene problemas con el género, ¡sino también con las mayúsculas!), que pueden plantarle cara gracias a la posibilidad de total personalización.

Yo creo que una revisión del corrector ortográfico-gramatical de Word, en cualquiera de sus idiomas, debería tener una prioridad mayor que cuestiones de diseño o de interacción con otras aplicaciones. En especial, la parte de gramática, que pese a que muchas universidades y centros estén desarrollando sus propios métodos, es difícil encontrar uno mínimamente decente y que, además, pueda interactuar con Word.

Un saludo.

Fran J. Girao dijo...

Estoy de acuerdo en todo lo que nos trasladas, amigo.

¡Un saludo!

Antígona dijo...

Bueno... y Garcilaso te lo cambia automáticamente por Gracilazo, que ni siquiera sé lo que es eso.

¡Saludetes!

Fran J. Girao dijo...

¡Madre mía! Una búsqueda de esa "cosa" en Google, primero: nos sugiere un cambio por "Garcilaso" (¡claro!) y segundo, nos devuelve un montón de resultados refiriéndose a Garcilaso de la Vega, pero poniendo "Gracilazo"... obra y arte del Word, suponemos, ¿no?.

¡Gracias, Antígona!

Antígona dijo...

¿Te habrán escuchado? He probado todas estas palabras en el Microsoft Office 2007 y... ¡no me las cambia! ¡Bien, vamos mejorando!

¡Saludetes!

Fran J. Girao dijo...

Pues quién sabe, Antígona... Aunque Ragna ya nos decía que el 2007 "sigue siendo más de lo mismo". Todo lo que sea mejorar estará bien; de todas formas mis datos no apuntan, precisamente, a que el Word 2007 sea la versión más utilizada, con lo que si es el que menos errores tiene, hasta que no se generalice algo más su uso, vamos listos...

¡Un abrazo!

tuseeketh dijo...

Esas opciones pueden desactivarse. Aunque sinceramente te recomendaría pasarte a OpenOffice.org.

Además de que es más ligero y no se cuelga, es código libre, como dicen por ahí arriba. Esto significa, entre otras muchas cosas, que puedes descargarlo, usarlo y compartirlo sin miedo. Con Word tienes dos opciones: pagarlo o incurrir en un delito y piratearlo.

Además, con OpenOffice podrás guardar tus documentos en los formatos estándar (ODP) o en formato de Word (DOC), incluso en PDF.

Para más comodidad, OpenOffice tiene una versión portátil. Esto es una versión que instalas en un lápiz USB y que está lista para usar en cualquier PC sólo con insertar el aparato (con todas tus preferencias y demás como deseas).

Bien, espero haberte convencido para que al menos lo pruebes.

Por cierto, enhorabuena por el blog. Es muy interesante, lo estoy devorando.