viernes, febrero 16, 2007

¡Arreado, que es participio!

Es un hecho. No hay que esconderlo ni temerlo. Si facilitamos el que todo el mundo lo sepa, el fenómeno será más conocido y todos tendremos menos de qué temer. Sabemos que las razones hunden sus raíces en arcaicos tiempos en que otra lengua era articulada, un idioma mágico, musical y poderoso. El pueblo retuerce la lengua con su voluntad y así hemos llegado donde estamos hoy. La discusión sobre esta anormalidad ha provocado disputas y apuestas, ¡acabemos con ello y con la incertidumbre de no conocer una verdad estable!. No lo temamos pues, afrontémoslo: sí, es cierto, hay participios que admiten dos formas…

Y por empezar con cuestiones que nos abordan en el día a día, en efecto, las dos formas del participio del verbo imprimir, son imprimido e impreso. Valió ya de discutir, ¡hombre!. Del mismo modo, freído y frito son los dos participios válidos de su verbo. Los participios regulares de todos los verbos castellanos acaban, según la conjugación a la que pertenezcan, en –ado, -edo, o –ido. De forma general, cuando hallamos que alguna de esas formas no personales tiene otra terminación, podemos colegir que nos las vemos ante un participio que ha sobrevivido a la criba del tiempo, desde el latín. En efecto, frito, impreso, concluso, diviso, extenso, sustituto, etc. tienen mucho mayor parecido con sus antepasados latinos concretos que los freído, imprimido, concluido, dividido, extendido o sustituido. En algún momento de la historia de la fijación del castellano, las formas herederas de las antiguas terminaciones
–atum, -etum e –itum se hicieron con la hegemonía, convirtiéndose en la forma tipo de construir el participio, arrinconando y aun haciéndonos dudar de la existencia de los que, desde ese momento, pasarían a ser “participios irregulares”, pero también denominados “formas cultas”.

¿Y cuándo usar una forma y cuándo la otra?. La norma de uso se antoja clara (tanto académica como popular –al parecer es lo que prefieren la mayoría de los hispanohablantes-): cuando la forma haga las veces de sustantivo o adjetivo se prefiere la forma irregular o culta:

-Carlos era poseso de aquella música infernal

Si hablamos de formas compuestas verbales, mejor el participio regular:

-Aquella música había poseído al bueno de Carlos

El hecho de establecer esta norma de uso general, sirve para evitar disensiones y porque, además, erradica la posibilidad de encontrarnos con monstruosidades del tipo:

-Rafael había nato negro, como su padre

-Cuando Javier hubo difuso la verdad de esa empresa, todo acabó

-Las autoridades norcoreanas han preso a Isaac por espía

Si estamos de acuerdo en que son participios igual de válidos que los regulares, no tendría por qué haber nada malo, ¿no?. Sin embargo estaremos de acuerdo en su falta absoluta de eufonía para el oído hispano actual… No es como con, por ejemplo:

-Carlos gozó desde entonces de una imaginación abstracta

-Rafael se convirtió en violador confeso

-Javier llegó a presidente electo de su compañía

-Isaac fue liberado con cargos, como presunto inocente


Es verdad que hay algún verbo que puede escapar a esta ley, por tener sólo forma culta, como siempre hoy, por uso: se puede decir he roto y no he rompido, que no existe. Aquí hay una lista. Es la de los verbos que a mí me constan con dos participios, ambos válidos y funcionando… ¿sabe las formas irregulares de todos?

Absorber, abstraer, afligir, atender, bendecir, comprimir, concluir, confesar, confundir, contundir, convencer, convertir, corregir, corromper, despertar, difundir, dividir, elegir, enjugar, eximir, expresar, extender, extinguir, fijar, hartar, imprimir, incluir, incurrir, infundir, injertar, insertar, invertir, juntar, maldecir, manifestar, nacer, pasar, poseer, prender, presumir, propender, proveer, recluir, salvar, sepultar, soltar, sustituir, sujetar, suspender, teñir y torcer.