"A todo trapo"
Como muchas otras expresiones y modismos (no será la última vez que lo dejemos escrito en esta serie) este tiene origen en la jerga marinera. Hay veces que nos olvidamos que el territorio cuna del castellano es una isla unida al continente europeo, una península "rodeada de agua por todas partes menos por el istmo". Así, ese "trapo" son las velas de los barcos. Navegar "a todo trapo" es navegar con todas las velas desplegadas y, por tanto, a la mayor velocidad posible. En sentido figurado, precisamente eso significa hacer algo "a todo trapo", deprisa, rápida y ágilmente.
"A troche y moche"
No encontrará "troche" en el diccionario. Sí lo hará en el caso de "moche", pero con un significado que nada tiene que ver con lo que tratamos (los pueblos amerindios no juegan ningún papel aquí). Es, por tanto, un modismo de los "buenos", de los que hacen justicia a su nombre: o estás sumergido en la cultura hispánica o te quedas sin saber su significado. El modismo en cuestión se usa para significar algo que se hace siempre, con cualquier escusa, de cualquier modo y manera. En Argentina, además, la expresión toma un cariz más moneterio, aludiendo al que gasta sin conocimiento, medida o prudencia. Su origen podría estar en el léxico rural, aludiendo a la acción de "hachar" sin control, talar árboles de manera descontrolada. Según esa teoría, el modismo estaría también emparentado con los verbos "trocear" y "mochar", también propios del argot del leñador.
"Ancha es Castilla"
"¡Ala! Ancha es Castilla". Es una expresión muy popular en España para recriminar a aquel que actúa sin poner freno a lo que hace, sin atención a normas. De manera menos reprochadora, se puede decir ante las grandes posibilidades que se le abren a alguien a la hora de plantearse llevar a cabo alguna tarea. Como la vieja "¡Santiago y cierra, España!" tiene origen en los duros pero gloriosos tiempos de la Reconquista. Después de tener bajo control un territorio arrebatado a los moros, surgía la necesidad de dar sentido a esas tierras, nacía la preocupación porque la guerra hubiese servido para algo: había que poblar lo ganado. Los distintos reyes ofrecían terrenos y facilidades a aquellos que quisiesen establecerse en los dominios recién conquistados, a la hora de elegir, surgía la duda... ¿dónde? Pues... ¡ancha es Castilla!
"Ande yo caliente, y ríase la gente""Mientras yo esté feliz, que el resto diga lo que le dé la gana". Simple pero efectivo y muy habitual, porque las envidias suelen despertar críticas, ante las que este buen modismo suele resultar certero y desvastador. Aunque algunos sitúan su nacimiento antes, lo cierto es que, por haberlo popularizado y aún haberlo hecho universal, el padre de la formulación de esta idea (que no la idea en sí, claro) fue don Luis de Góngora y Argote.
De hecho, no se me ocurre una mejor manera de concluir esta entrega del "catecismo" del modismo...
y ríase la gente
“El dinero bien huele, salga de donde saliere”
Lo usamos cuando describimos la actitud de personas de edad avanzada en actividades consideradas poco propias de sus años que, por tales, pueden, a veces, resultar peligrosas o perjudiciales. Al parecer, en los siglos XV y XVI se denominaba “viruelas” a todas las afecciones de la piel (a la viruela también, claro). Entre ellas se incluía el clásico acné juvenil, propio de las edades mozas, de ahí que “a la vejez viruelas” relacione la edad avanzada con un mal de adolescencia. La obra de Manuel de Bretón y Herreros, precisamente llamada “A la vejez viruelas”, escrita en 1817 y donde dos ancianos se enamoraban, reforzó literariamente la extensión y significado del modismo. Ya Leandro Fernández de Moratín en su “El viejo y la niña” (1794) había puesto en boca del personaje de Muñoz:
“A mí, plin”
Doscientos y pico años más tarde el político liberal y escritor granadino Francisco Martínez de la Rosa dejó, en su “Amor de padre”, el otro uso del modismo plasmado; decía el personaje del capitán de la citada obra, en la escena V del acto III: