viernes, junio 22, 2007

El mito de las mayúsculas

Las mayúsculas se acentúan. Cuento en estos días veintisiete años y llevo muchos de ellos oyendo por aquí y por allá aquel cómodo mito de que no hay tildes en letras de caja alta. Digo “cómodo” porque muchos creen librarse de cumplir con su obligación de respeto ortográfico para con los demás escribiendo alguna vez en mayúsculas y desde bien joven, en la escuela, aprendí que las mayúsculas se acentúan como cualquier otra letra… ¿por qué no iba a ser así?, veamos…

Han pasado dos semanas desde que hablamos de la eñe. Como con nuestra "eñe bonita", los acentos nos han dado siempre problemas en el campo de la información, la comunicación y el de ambas aplicadas a la tecnología. Desde el principio, la computación fue patrimonio e impulsada por países que no sabían lo que era poner un símbolo gráfico sobre una vocal (con lo que no tienen ni idea de pronunciar una palabra nueva en su propio idioma, pero eso es otra historia). Las viejas máquinas de escribir, incluso de los años ochenta –y si yo recuerdo este detalle, muchos más y mayores, lo harán- dejaban un símbolo muy feo cuando acentuábamos una mayúscula; la tilde quedaba muy pegada a la letra y no se veía bien, quedaba emborronada. Sin embargo, la RAE siempre fue clara, como lo es ahora en su Diccionario Panhispánico de Dudas:

“Las letras mayúsculas, tanto si se trata de iniciales como si se integran en una palabra escrita enteramente en mayúsculas, deben llevar tilde si así les corresponde según las reglas de acentuación.”

Otra cosa era que se tolerase, por las sabidas dificultades técnicas (no sólo en hogares y oficinas, sino en imprentas y fotomecánicas). Pero nunca fue verdad eso que yo he escuchado tantas veces de que “las mayúsculas no llevan acento”. Como hemos dicho más arriba, muchos lo han usado como licencia para cometer tropelías con los acentos y despreocuparse. No hay delito, tampoco hay que echarse las manos a la cabeza. Lo creo un caso análogo a aquel consabido “los nombres propios no tiene que responder a las reglas ortográficas”. Antes de decir nada más, me refiero de nuevo a la RAE y a su explicación de la tilde en su DPD:

“El uso de la tilde se atiene a una serie de reglas que se detallan a continuación y que afectan a todas las palabras españolas, incluidos los nombres propios.”

Doña Letizia Ortiz (Oviedo, 1972- )Con obviedad, nadie puede pretender que los nombres y apellidos no sean palabras y aún más ruin sería convertirnos en anglosajones, cuya laxitud a la hora de delimitar gráficamente el sonido de sus vocablos les hace solicitar un deletreo cada vez que oyen un nombre propio o de familia que no les suena. La verdad es que en ambos casos (acentos y reglas para todos), la RAE se ha visto obligada a hacer expresa la cotidianeidad de mayúsculas y nombres propios, lo que da una idea de la considerable extensión del mito… Caso aparte, cierto es, suponen los nombres propios, en tanto en cuanto nadie puede inmiscuirse en cómo queremos llamar a un personaje de ficción o a nuestro hijo. En román paladino, la palabra descendiente de la “laetitia” latina (“alegría”) habría de ser “leticia”, pero a los padres de la futura reina de España les gustaba el toque distintivo de la zeta… Cada uno es cada uno, pero es como llamar "Alverto" a alguien. ¿Se puede? Sí. ¿Es raro? También…

12 comentarios:

annie dijo...

Así nacen los modismos y esos pequeños vicios.

Saludos

Anónimo dijo...

Doña Letizia, Doña Leticia... Creo que para ustedes suena igual... Para nosotros también suena igual, aunque también nos sonaría igual "Letisia", porque no distinguimos la pronunciación de la ese, de la ce ni de la zeta... Recuerdo que hasta hace muy poco nuestros abuelos tomaban los nombres de sus hijos del Santoral católico, y como en el Santoral hay algunos nombres un tanto extraños, para calificarles de alguna forma, te ponían nombres que se convertían en verdaderas cruces para el resto de tu vida... Ahí está mi nombrecito, legado de un antepasado español del siglo XIX... Estimado amigo, cuando tenga algo de tiempo me agradaría que tocara un tema interesantísimo: En su apartado de Castellano e historia podría tratar algunos temas relacionados a la etapa histórica cuando todos estábamos unidos... Me refiero al período colonial. ¿Sabía usted que mi país tuvo delegados en el parlamento de Madrid? Uno muy notable fue Manuel Joseph de Ayala, le pongo un enlace http://www.realbiblioteca.es/index.php?option=com_content&task=view&id=56&Itemid=66 Me gustaría ver comentarios suyos al respecto.
Un abrazo,
Hermelo Altamiranda, Panamá.

K-2 dijo...

La falta de acentuación de las mayúsculas es un mal muy difundido en tierras hispanoamericanas, según un académico venezolano la causa es debida a la difusión de imprentas de manufactura anglosajona, las cuales carecían de acentos, y lo más similar a éste era el apóstrofo.

Fran J. Girao dijo...

Annie: entiendo por "modismo" las expresiones incorrectas de un idioma (quizá por extensión a la fijeza del "modismo correcto" que ya tratamos en ECA). Pues seguro, ¡claro! la desidia en el idioma (y muchas veces la hipocresía en su mal uso) trae estos "lodos".

Hermelo: En efecto suena igual, simplemente es una frivolidad, si se me permite. Lo de los Pancracios, Teoctistes, Abrúnculo... es común en todos los países de fuerte tradición católica, como los nuestros. Tomo en cuenta tu interesante sugerencia, amigo.

k-2: En efecto, ese impedimento fundamental tecnológico es el que esgrimíamos en el artículo como la razón fundamental de un mito tan injustamente extendido, lo innecesario de acentuar las mayúsculas.

Gracias a los tres por vuestra participación, que hace, al final que este pequeño rincón de la lengua, tome sentido.

Paco dijo...

Yo recuerdo claramente que en el colegio, La Salle de El Puerto de Santa María, un profesor nos dijo que las mayúsculas no llevaban tilde. Hace un par de años no solo escuche que si la llevaban sino que lo decían com si fuera algo nuevo; "Ahora las mayúsculas llevan tilde". En fin, un lio siempre. Aunque como quizás noteis en este comentario se me pasa por las tildes. Una cosa mas que añadir. Hace poco alguien se atrevía a corregirme diciendo que lo que yo llamaba tilde se llamaba "acento tónico" y que la tilde era en realidad la rayita de la ñ.... Me acuerdo de eso ahora que veo los textos de la RAE hablando de "tildes".

Fran J. Girao dijo...

Espero haber aclarado el tema con el artículo, Paco. En cuanto a la dicotomía tilde-acento las razones son las siguientes: la tilde es símplemente el signo ortográfico, la rayita. El acento, sobre todo si se acompaña con "gráfico", puede ser ese mismo signo, pero también el golpe de voz especial de las sílabas tónicas.

Un saludo.

Anónimo dijo...

Me gustaría hacerle una consulta, aunque no sé si es esta entrada el lugar más relacionado. Es sobre una perífrasis verbal, "quiero decir que..." y desearía saber si, en una conversación informal, es incorrecto lo siguiente:
"Sólo decir que..." omitiendo el quiero porque se sobreentiende. Repito, en un ámbito muy coloquial, y nunca escrito. Me encantaría si usted pudiera aclarármelo, para corregirlo en caso de ser erróneo.
Muchísimas gracias.
Ana R.

Fran J. Girao dijo...

Hola Ana. En efecto, puede que no fuese esta entrada la más adecuada, pero no se preocupe. Le remito a mi artículo "Hablar, pensar, decir..." (accesible desde http://castellanoactual.blogspot.com/2006/02/hablar-pensar-decir.html ). Ya le adelanto que es un uso del infinitivo expresamente marcado como incorrecto por la RAE y a aun por la teoría general del castellano.

Reciba un saludo.

Anónimo dijo...

Muchas gracias por contestarme. He descubierto hace poco su blog y voy a leer todas y cada una de sus entradas porque encanta. Ahora mismo voy a esa a la que me remite. De nuevo gracias. Un saludo.
Ana R.

Fran J. Girao dijo...

Mil gracias, Ana.

Julio César (Amauta Asesores) dijo...

Muy interesante investigación, da sustento a mi investigación profesional... aunque ya lo sabía desde hace 10 años (Vale un Perú)

Anónimo dijo...

Sería bueno aclarar que hasta 1974, la RAE no publicó ninguna norma al respecto. Si a esto le sumamos las dificultades técnicas de la época, nos encontramos con que resultaba bastante comprensible no acentuar las mayúsculas. Si la RAE no ponía una norma, si lo hacían las editoriales: "las mayúsculas no se acentúan". Razones, de sobra.
Ahora, hay que tener en cuenta que aunque a nosotros nos parezca lo más natural del mundo, el sentarnos en un teclado, existen miles de imprentas que sufren los mismos problemas que hace 30 años. Para ellos, es un problema de verdad y no sólo un capricho o ignorancia.