viernes, enero 27, 2006

Años y kilómetros

Es bien sabido que el castellano nace, cual metáfora, en forma de anotaciones traductoras de versos en latín, realizadas en el monasterio de San Millán de la Cogolla, en La Rioja. Aquello ocurrió en el siglo X. Estamos en el 2006; más de diez siglos transcurridos, pues, y cuatrocientos veinte millones de hablantes repartidos por todo el globo, omnipresencia latente y creciente en todo el continente americano... y contando. El español aumenta en edad, pero también en extensión. "No son los años, querida, son los kilómetros".

Todos los idiomas (incluso los que no gozan de la extensión territorial y en el tiempo del nuestro) están sometidos a la variación y el desgaste de los años. Palabras y expresiones cambian, desaparecen y dan paso a modernos préstamos extranjeros y nuevos vocablos. Todo sucede de manera natural; al menos hasta ahora. Y es que si el idioma sirve principalmente para unir y comunicar (salvo en los casos particulares de elitismo y sectarismo de algunos sectores catalanes y vascos) no podemos deshacernos de él, descuidarlo de manera total y absolutamente artificial. Teléfonos móviles, nuevas tecnologías, extranjerismos innecesarios... el uso que los damos desgasta nuestra lengua de forma innecesaria y brutal, la hace más críptica y oscura, rápida y fácil. Dejar de pensar en español es dejar de pensar en un descendiente directo del latín y eso no es sólo perder identidad, si no también capacidad deductiva, relacional y, en última instancia, inteligencia. Jóvenes y mayores cada vez se entienden peor y ello no tiene porqué remitir (siquiera cuando los jóvenes de hoy sean mayores mañana) si no le ponemos un freno mental en cada una de nuestras cabezas.

Sebastián de Covarrubias llamó a su referencial manual crítico-etimológico "Tesoro" de la lengua castellana o española. Era consciente de lo que tenía. Mimemos nuestro idioma como se merece y él nos devolverá los cuidados en forma de uno de los métodos de comunicarnos con el otro más eficaces, bellos y eufónicos del mundo.

No es necesario convertirse en académico y expresarnos exquisitamente al usar bien el español, tan sólo cuidar nuestras palabras y leer... leer mucho. Harrison Ford decía por boca de Indiana Jones en "En busca del arca perdida": "No son los años, querida, son los kilómetros"... en el caso de nuestro castellano, que es español, la culpa no es ni de unos ni de otros, si no de la desidia de sus hablantes. Pero aún estamos a tiempo.