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domingo, octubre 12, 2008

"La lengua es la llave que te ayuda a abrir el mundo y a comunicarte con él"

Reproducción de la entrevista mantenida con Humberto López publicada en El Mundo Hoy en Cantabria del 12 de octubre de 2008. También accesible desde el blog Fran Girao en El Mundo.

HUMBERTO LÓPEZ MORALES
Secretario general de la Asociación de Academias de la Lengua Española
Ha visitado Cantabria gracias a una iniciativa de la Fundación Comillas en pos de la investigación en la enseñanza del castellano como lengua materna

Su currículum, como profesor titular e invitado en las más prestigiosas universidades americanas y europeas impresiona. Seguro de sí mismo, emplea marcadores con valores absolutos en su discurso. Parece fuera de lugar cuando no habla del aspecto científico y normativo de la lengua. Es patrono de la Fundación San Millán de la Cogolla y del Instituto Cervantes y estuvo en Comillas esta semana.

P.—¿Cuáles son los principales problemas a la hora de enseñar el español como lengua materna?
R.—Son múltiples y de diferente grado de importancia. Desde lo más superficial, como errores ortográficos hasta cuestiones más complejas como son insuficiencia de léxico, redacciones inadecuadas hasta el punto de no poder entender de qué se trata, etcétera. Es decir, que estamos y no es una exageración, en todo el mundo hispánico, lo que incluye los países americanos pero también a España, pasando por una situación verdaderamente preocupante con respecto a la calidad de la enseñanza del español como lengua materna.

Descubrimos, cada día que pasa, que estamos trabajando con programas de educación arcaicos, que los profesores no tienen métodos modernos y actualizados, que son los que están disponibles hoy en el mundo. Todo eso es lo que va a ocupar nuestras jornadas en Comillas.

P.—Dificultad expresiva y falta de comprensión lectora hacen del mundo de los jóvenes y escolares un lugar muy reducido… ¿es ése el mayor peligro?
R.—La realidad es que todo es muy peligroso, ya que la lengua es la llave que te ayuda a abrir el mundo y a comunicarte con él. Si no eres capaz de comunicarte, si no entiendes lo que te dicen los demás, estás absolutamente aislado y perdiendo muchísimas posibilidades. La enseñanza adecuada de la lengua materna, creo que es tan, o más importante, que la enseñanza de las matemáticas o de alguna lengua extranjera, por ser esa clave fundamental de acceso de tu yo interior a todo lo que te circunda.

Evidentemente, lo que tú puedas crear o inventar, estupendo, pero lo que te viene de fuera, si no entiendes lo que te dicen o si no sabes explicar qué es lo que quieres saber, estás perdido. Es una cosa realmente grave. No se trata de que escriban bonito o de que lean adecuadamente, se trata de que entiendan lo que se les está diciendo, lo que están leyendo y que se comuniquen de tal manera que todos entiendan lo que dice.

Las pruebas que estamos realizando ahora dicen que eso no está sucediendo en el mundo hispano, que algo está sucediendo. Este grupo de trabajo, que está integrado por un miembro de cada país hispanoamericano y de España, pretende conocer, sobre unas investigaciones previas, dónde está el problema, dónde radica, por qué está pasando lo que está pasando y, en definitiva, qué hay que hacer para que esta situación, verdaderamente perentoria y precaria, termine.

P.—¿Es posible obtener una buena enseñanza del español en las escuelas con una renta per cápita baja o son cuestiones independientes?
R.—No, no son independientes. Tampoco son obligatorias; es decir, hay lugares pobres, con pocos medios, pero con profesores muy dedicados, muy entusiastas, hay gente que sabe motivar a los estudiantes y se logran resultados estupendos. La falta de recursos, de materiales es importante e influye, pero no es absolutamente decisorio.

P.—Cómo profesor en numerosas universidades de todo el mundo, lexicógrafo y filólogo, miembro de varias academias de la lengua, ¿aprecia en alguna variedad concreta del español algún rasgo que se lo haga más agradable al oído?
R.—Como soy lingüista, no puedo ver las cosas desde este punto de vista. Yo pienso, analíticamente, en otras cuestiones. Veo, por ejemplo, si la persona se expresa con un vocabulario suficiente o si repite constantemente los mismos términos, si las estructuras son siempre muy simples…

Lo demás son cosas muy superficiales. Si me agradara al oído más el acento porteño u otro, son cuestiones subjetivas que no entran dentro del plano científico del análisis.

P.—¿Pesa en el desconocimiento del español la despedida del latín que parecen haber consumado los planes de estudio?
R.—Creo que no. Estoy convencido de que no tiene nada que ver. Evidentemente es una pena, una lástima que se haya perdido esa otra riqueza, que es el latín, pero desde luego no creo que la pobreza del español actual tenga nada que ver con que haya dejado de enseñarse.

P.—¿Qué opina de la reciente polémica suscitada por un profesor asistente de la Universidad de Tennessee que quería situar el origen del castellano en Cantabria?
R.—(Risas) Lo que pasa es que a estas alturas de la vida, tenemos tanta información, tanta documentación y tanto estudio hecho ya que, desde luego, sabemos que eso no es así. No hay posibilidades históricas de que eso haya sido así.

Lo que no quiere decir que, además de Cantabria, haya habido núcleos de habla del español primitivo. La cuna de lo que llamamos español hoy, se sabe que está en torno a los grandes monasterios, San Millán y Silos que es donde se han encontrado y no por gusto o casualidad las representaciones más antiguas en español.

P.—¿Cree, como don Víctor García de la Concha y don Francisco Moreno, que internet, lejos de suponer una amenaza, supone una gran oportunidad para el español?
R.—Lo veo de manera muy positiva, no como amenaza, en absoluto. La gente está utilizando mucho internet y así amplían conocimientos, satisfacen curiosidades.

Ni siquiera esa forma de comunicarse los chicos con los teléfonos móviles creo que signifique ningún peligro para la lengua española. Utilizan esas medidas en esos canales, aunque a veces en los exámenes aparezcan cosas por el estilo, pero son casos excepcionales; no creo que interfiera en absoluto en el español en general. Los adolescentes que utilizan esos cauces de comunicación lo hacen en ciertos canales específicos, pero saben que son para esos canales y no para otros, aunque ocasionalmente alguno se despiste y pongan esos signos que originalmente usan para ahorrar, por motivos de dinero.

P.—¿Cómo debe luchar el castellano contra la facilidad y sencillez del inglés y el número de hablantes del chino?
R.—En realidad, el inglés, es una lengua fácil gramaticalmente, pero endiablada, desde el punto de vista fonológico. Pronunciar el inglés es muy complicado, aunque su gramática es sencilla y fácil de aprender, sobre todo si lo comparamos con el español; el verbo inglés tiene tres formas, el español, casi 100.

Hay que tener cuidado con las estadísticas; por ejemplo, se computan como personas que hablan perfectamente el inglés gente que no lo hace. He tenido experiencias directas en Tailandia, por ejemplo; contraté un chófer y puse la condición de que hablara español. Me dijeron que, por supuesto, era impensable, pero que podía hablar inglés. Quiero que sepa que no pude entenderme adecuadamente con aquella persona, que hablaba inglés con una pronunciación así como oriental y rarísima. Ese señor, está seguramente computado en las estadísticas como un anglohablante.

Como todos sabemos, mientras que más del 90% de los hispanohablantes son nativos, en el caso del inglés, no llegan al 20%. En Bangkok, hace muy poco tiempo, el chófer me decía cosas que no entendía en absoluto; él me entendía a mí, hablándole despacio y ese señor está oficialmente clasificado en su país como un chófer que habla inglés. Hasta el punto en que, el día en que quería salir, tuve que señalárselo en un calendario. Él decía, «¡yeah, yeah, vemba fortin, vemba fortin!» y quería decir «November, the fourteenth».

lunes, junio 30, 2008

"Este niño no me come nada"

Alguna vez hemos conseguido desterrar de la mente del lector de este pequeño apartado de la lengua castellana ciertos mitos, acerca de supuestas incorrecciones que revelamos como todo menos tales. Ya dijimos que "subir arriba" o "bajar abajo" pueden tener su justificación en un contexto determinado, o que hablar con la primera persona del plural puede ser un síntoma de modestia o empatía del hablante y su uso no siempre corresponde a la modalidad mayéstática. Veamos ahora cómo no debemos reirnos si escuchamos aquello de "es que el niño no me come bien".

Son varias las veces que he escuchado la respuesta... "¿No te come bien? ¿qué es lo que no te come bien, el brazo, la pierna...?" (acompañada de retintín, generalmente). Lo usado en esa frase es una modalidad con cientos de años en el castellano y miles de ellos en las lenguas del mundo: el dativo afectivo. Denota empatía o interés (de ahí su otro nombre, "dativo de interés") del hablante por la acción que se desarrolla... casi siempre. El caso es el mismo que en "¡Anda, no me llores!"; por supuesto, el "me" añade un matiz que relaciona al hablante con su destinatario.

"Casi siempre" del hablante, porque otro uso práctico de lo que hablamos es la usada oración: "se leyó el libro entero". En ese caso, se podía haber dicho "leyó el libro entero", pero el énfasis que otorga ese "se" denota un interés especial por "devorar" el libro.

domingo, junio 08, 2008

Gentilicios poco comunes

Seguro que se ha encontrado en alguna ocasión con la típica preguntilla: "¿Cómo se llaman los de tal sitio?". Muchas veces la respuesta humorística es añadir un rápido "-ano" o "-és" al nombre del lugar (o "topónimo"). Lo gracioso es que muchas veces acertamos sin saberlo... y es que construir gentilicios es más fácil de lo que creemos... ¿o no?

Tomemos como ejemplo los habitantes de la capital de La Rioja, Logroño. Es fácil saber que los de allí son logroñeses, pero ¿sabía usted que también se les puede llamar (porque lo son) lucronienses? Como veremos en muchos otros casos, la razón viene del nombre antiguo del lugar y, como veremos en varias ocasiones más, del nombre latino antiguo, del lugar: Lucronium.

Situación parecida ocurre con Galicia, donde sus habitantes son llamados principalmente gallegos, pero también podrían ser denominados galaicos o, incluso, galicianos. Es justo advertir que la RAE, en su DRAE, no incluye la habitual "U.t.c.s." ("úsase también como sustantivo") con lo que en principio, no tendríamos el beneplácito completo de la institución para usar estos y algunos siguientes adjetivos como gentilicios "puros"... no se preocupen, no es grave. Sin salir de Galicia, nos encontramos con La Coruña -de nombre romano Brigantium-, cuyos habitantes son coruñeses, pero también brigantinos y con Pontevedra donde podrá hablar con los sinceros pontevedreses, conocidos de otro modo por como lerenses (aquí sí la RAE otorga su "u.t.c.s." e incluso nos explica que tiene que ver con el río Lerez, el que forma la ría de Pontevedra en su desembocadura).

En los llanuras castellanas hallamos la llave de una de las ciudades españolas con más encanto, pero también con mayor número de gentilicios: Salamanca. Los de allí pueden ser llamados salmantinos, salmanticenses, salamanqueses, salamanquinos y hasta charros. El caso de Cuenca llama la atención, a veces tenemos tan en cuenta los adjetivos de derivación culta, que creemos los más sencillotes y primarios incorrectos, y no es así (a veces). Lo digo porque el de Cuenca es conquense, como saben muchos, pero también es cuencano, como saben menos. Es el mismo caso que los de Dinamarca, que son daneses, pero también dinamarqueses. Siguiendo en Castilla, los leoneses (de León) son también llamados legionenses, debido al origen etimológico de su ciudad, en la Legio VII Gemina. Más: los de Valladolid son vallisoletanos, pucelanos o pincianos; y es que Valladolid fue Vallisoletum, Pucela y la mansión romana Pintia se creyó, como aclara el DRAE, que estuvo emplazada en la tradicional localidad castellana.

Continuando el viaje hacia el sur, los de la calurosa en verano y fría en invierno Badajoz, son pacenses (del latín pacensis) y también badajocenses y badajoceños. Ya en plena Andalucía, los habitantes de Jaén son jiennenses, pero jaeneses y aurgitanos (del latino Aurgi, aurgitanus) también. Análogamente al caso de Cuenca y Dinamarca, está también el de Huelva, donde todos conocemos a los salados onubenses (de la antigua Onuba, hoy Huelva), pero menos a los no menos graciosos huelveños.

Saliendo al extranjero, pero no fuera del Imperio romano, al menos por hoy, el de Portugal es portugués y lusitano o luso (honrando al étimo topónimo de Lusitania) o portugalés. El de la capital de ese vecino, Lisboa, es lisboeta, lisbonense y lisbonés. El de turquía es turco, claro, pero los gentilicios de turquesco, turquí, turquino u otomano, se los debe a su turbulenta historia o a variaciones del más usado. Quiero y voy a terminar con el conjunto que más me llama la atención, el de Jerusalén, fruto, como el caso turco, de la historia y las variaciones de lo mismo: jerosolimitano, hierosolimitano, solimitano o jebuseo son los adjetivos a aplicar.

viernes, mayo 09, 2008

El lío de los superlativos

A veces surgen problemas a la hora de explicar el origen y sentido de los superlativos. Son geniales, nos permiten transmitir mensajes con fuerza y muy personales... pero ¡por qué se forman como se forman? Una pregunta de un observador atento podría materializar el objetivo de este artículo: ¿por qué de "nuevo" hacemos "novísimo" y de "bueno", "bonísimo" y de cruel, "crudelísimo"?.

Al observador atento le falla la base y pensar que, quizá la norma que ha observado no sea tal. No es el diptongo "ue" el que se transforma en "o". Es el origen de esos adjetivos el que hace que los superlativos se formen como lo hacen. "Nuevo" será "novísimo" debido al abuelo de ambos, novus. "Bueno" es "bonísimo" gracias a bonus. "Cruel", encambio, proviene del crudel, crudelis latino. He ahí por qué su superlativo se hace "crudelísimo" (para algunos). No es un caso solitario. Le pasa exactamente lo mismo a "fiel". Antes lo decíamos fidel, -is (de ahí el nombre propio) y por eso, el que es muy fiel es "fidelísimo".

Si nos ponemos a mirar formaciones irregulares en los superlativos veremos cómo tenemos varios ejemplos, todos "contaminados" por el origen de la palabra. Así, algo muy antiguo, además de eso, es "antiquísimo". Y concluyo con una curiosidad: ¿sabían que podemos nombrar a quien es muy "diestro"? (En principio, no me sean malos, alguien que será muy hábil y certero, no "muy de derechas"). Sí, será una persona "destrísima" y no "diestrísima" hacia donde nos tiraría la regla, ya que de la dextra latina salió nuestra "diestra" y aún nuestra "derecha".

viernes, octubre 12, 2007

Pleonasmo repetido

Hace unas fechas exploramos los terrenos de la redundancia, más bien aplicada a los medios de comunicación. Siempre dije que el que tiene boca se equivoca y el que tiene micrófono se equivoca mucho más; dejaré, entonces, el tema de los medios ahí, de momento… Pasemos a la literatura. Por aquel entonces tocamos y explicamos las figuras estilísticas de la repetición (duplicación consciente de términos iguales o marcadamente similares con un objetivo estético) y el pleonasmo (inclusión de términos equivalentes y por tanto innecesarios en la misma expresión que, por ser a posta, añaden valor expresivo al discurso).

El aspecto crítico del pleonasmo me divierte. Me entretiene pensar cuándo nos hallamos ante una redundancia o cuándo ésta es un elegante y elevado pleonasmo. Si usted no goza de “privilegios de escritor” y habla de que un camino se “bifurca en dos direcciones” le señalaran con el dedo como un redundante pues ¿en cuántas más direcciones se puede BIfurcar un camino? Pasará igual si se chulea de que habla “tres idiomas diferentes” (pues tres idiomas son siempre diferentes) o si “insiste reiteradamente” en que le dejen de señalar con el dedo (la reiteración es la razón de ser de la insistencia). Los casos son los mismos que si alguien le habla de una “peluca postiza” o si le recriminan que dé un “portazo a una puerta”, porque, recuerde, las “previsiones con antelación” son obvias y redundantes como los “proyectos de futuro” o las “utopías inalcanzables” o “irrealizables”.

El caso es que si usted escribe o está intelectualmente considerado, podrá hacer uso de estas expresiones, porque siempre habrá alguien que quiera ir más allá de la literalidad y encontrar un sentido a ese uso redundante. El DRAE pone como ejemplo de esa redundancia permitida, de ese pleonasmo, el “ver con los propios ojos”. Todos vemos con nuestros propios ojos, no con los de los demás, por eso, en principio, la expresión es redundante; pero hete aquí que le añade expresividad, valor testifical, viveza y firmeza a aquello que “veamos con nuestros propios ojos” frente aquello que “simplemente” “vemos”.


Los ojos nos dieron un glorioso y recordado pleonasmo, en el primer verso del Cantar del Mío Cid:

“De los sus ojos tan fuertemente llorando,
tornába la cabeza y estábalos catando.”

Manuscrito del Cantar del Mío Cid, conservado en la Bilblioteca Nacional (Madrid)¡Claro, no iba a llorar de las orejas! La teoría académica también dice que “lentas horas” o “largos minutos” son expresiones redundantes o, cuando menos, incorrectas, pues horas y minutos no son rápidos o cortos… son, sin más, pero que se pueden usar pues sabemos del distinto carácter del tiempo dependiendo de nuestro estado de ánimo, lo que estemos haciendo, etcétera. Física, lengua y poesía se dan la mano aquí; el experto en física, no el de lengua, es el que sabe que el tiempo es relativo, que es una magnitud muy deficientemente medida por el Hombre con relojes y cronómetros. Así las cosas, lejos del invento humano que pretende uniformizar segundos, minutos y horas ¡claro que los minutos son lentos –y mucho- mientras llega ella y las horas se convierten en segundos cuando ella está ya conmigo!

viernes, julio 20, 2007

De paseo

Es cierto que nunca se ha pretendido en este blog sacar a la luz pública las “vergüenzas lingüísticas” de la gente o compañeros de profesión periodística. Cuando se ha hecho, de manera excepcional y escondiendo el autor/protagonista, siempre fue porque consideré que la falta en concreto suponía una amenaza demasiado extendida. Nunca fue ECA, pues, un altavoz coñazo de fallos, salvo de aquellos importantes o epidémicos. Sin embargo, excepcionalmente, y sin otorgar a este pequeño escrito multimedia mayor importancia de la que tiene, me he propuesto relatar un pequeño paseo en busca específica de patadas (o patadones, o placajes, o palizas directamente) al diccionario y al español… ¿me acompañan?

Tras iniciar la jornada en el banco, al salir, me encuentro con una imagen que, enseguida, me trae a la cabeza aquel artículo mío de “Pérdido en la traducción”. Allí, decía lo siguiente…

“Tratando de evitar aluviones de demandas judiciales en el país de las mismas, hace mucho que las empresas de limpieza [estadounidenses] comenzaron a colocar en los suelos de tránsito público mojados por ellos, pequeños carteles que se sostienen de pie, y levantan unos 70 centímetros del suelo, con la leyenda “wet floor” (“suelo mojado”).
(...)
El otro día, al entrar en un hospital (de aquí, español), me encontré con una de esas advertencias en el suelo. El problema fue que pronto me di cuenta de que se trataba de una auténtica “pérdida en la traducción”… porque no había traducción. El cartel, en España, Europa, seguramente fabricado en Estados Unidos, rezaba: “wet floor”, sin mayor aclaración. No voy a negar que estuve tentado de hacerme el resbalado y demandar a la empresa por una pasta, alegando que no tengo ni pajolera idea del idioma inglés. Para la empresa de limpieza: no hay problema conmigo, lo aseguro, pero cuídense y no se preocupen, ¡hombre!, que no se pierde nada por traducir como “suelo mojado”…”

Eso fue hace unos cinco meses y medio. Pues bien… ¡imagínense la sorpresa! Miren lo que vi a la salida del banco:

¡Madre mía! ¡Ha aparecido el español! ¡Estamos en plena transición! Pero, por una vez, del inglés al castellano, en lugar de al revés… Me decido a ir a darme un buen homenaje en forma de desayuno para celebrar la recuperación de terreno en la batalla (que no en la guerra) de las señales anti-demanda por lesiones en suelo mojado. Me encuentro con esto en la carta de la cafetería:

Me rebuelbe algo la vista, sí, pero me trae a la mente aquel artículo en el que, tras arremeter contra el espanglis o el uso del inglés en los productos vendidos en España, reservé un cariñoso (sin ironías) espacio al mal uso del idioma propio por “inocente ignorancia”. Allí se podía ver, en una carta de cafetería similar a la de aquí arriba, algo así como “baicon” con huevos fritos… Termino el desayuno (por lo demás exquisito) y decido ir a estrenar el nuevo DVD a casa… Lo desembalo, abro la tapa y me encuentro con esto:

Me acerqué algo para verlo mejor (como Caperucita al lobo):

El uso del verbo “remover” podríamos discutirlo (ya que aunque podría casar con el significado que se quiere transmitir está usado como claro calco del inglés “remove”, que encaja mucho mejor en el contexto) pero la traducción (que no les engañe la posición de cada texto, el primero en escribirse fue el inglés) deja la duda… ¿para qué demonios quiero yo usar el protector?

Me empiezo a sentir mal y no, no es por la indigestión de alegría en el uso del idioma, no… tengo que ir al baño… allí estoy de estreno, también… tengo alfombrilla nueva, sin abrir:

¿Qué…?¿qué pone ahí?

Según el DRAE, algo exhausto es algo “enteramente agotado o falto de lo que necesita tener para hallarse en buen estado”. Es decir, que el control de calidad al que fue sometido el producto estaba obsoleto y he comprado una alfombrilla que se me va a deshacer bajo los pies… Querían decir “exhaustivo(s)”, que significa algo “que agota o apura por completo”. Algo exagerado para hablar de controles de calidad, sí, sobre todo muy manido (lo de los “exhaustivos controles”), también, pero más correcto –al menos en el sentido que suponemos que el fabricante quería usar- que “exhausto”…

Así que verdaderamente exhausto de analizar cada palabra que veo por la calle, marcho a comer a la preciosa villa marinera de Castro Urdiales. Buscando sitio para aparcar, me encuentro con este cartel:

Como a ustedes a mí eso de “cubrición” me sonó a que estaba fuera de lugar. Un rápido vistazo al DRAE me refresca la memoria. En efecto, “cubrimiento” es la palabra tipo para trasmitir el sustantivo de “cubrir”. “Cubrición” es algo más específico, ya que generalmente se refiere a un significado concreto de “cubrir”: “acción y efecto de cubrir ( el macho a la hembra)”… Volví para ver –por curiosidad- cómo el pisto cubría a la pista, pero no hubo suerte…

Aproveché la nueva visita a Castro para visitar a un amigo. Ya por la tarde, bajando por su portal, una empleada de una empresa de limpieza aseaba la vivienda. No me lo podía creer –no que la mujer limpiase, siga leyendo-. Me froté los ojos y seguía allí… era cierto…

Me metí en el coche silbando. Estaba feliz. Hasta me daba igual la falta de tilde en “atención”… La recuperación de terreno tuvo éxito. Me alegré, porque habíamos ganado la batalla (que no la guerra) de las señales anti-demanda por lesiones en suelo mojado.

viernes, junio 22, 2007

El mito de las mayúsculas

Las mayúsculas se acentúan. Cuento en estos días veintisiete años y llevo muchos de ellos oyendo por aquí y por allá aquel cómodo mito de que no hay tildes en letras de caja alta. Digo “cómodo” porque muchos creen librarse de cumplir con su obligación de respeto ortográfico para con los demás escribiendo alguna vez en mayúsculas y desde bien joven, en la escuela, aprendí que las mayúsculas se acentúan como cualquier otra letra… ¿por qué no iba a ser así?, veamos…

Han pasado dos semanas desde que hablamos de la eñe. Como con nuestra "eñe bonita", los acentos nos han dado siempre problemas en el campo de la información, la comunicación y el de ambas aplicadas a la tecnología. Desde el principio, la computación fue patrimonio e impulsada por países que no sabían lo que era poner un símbolo gráfico sobre una vocal (con lo que no tienen ni idea de pronunciar una palabra nueva en su propio idioma, pero eso es otra historia). Las viejas máquinas de escribir, incluso de los años ochenta –y si yo recuerdo este detalle, muchos más y mayores, lo harán- dejaban un símbolo muy feo cuando acentuábamos una mayúscula; la tilde quedaba muy pegada a la letra y no se veía bien, quedaba emborronada. Sin embargo, la RAE siempre fue clara, como lo es ahora en su Diccionario Panhispánico de Dudas:

“Las letras mayúsculas, tanto si se trata de iniciales como si se integran en una palabra escrita enteramente en mayúsculas, deben llevar tilde si así les corresponde según las reglas de acentuación.”

Otra cosa era que se tolerase, por las sabidas dificultades técnicas (no sólo en hogares y oficinas, sino en imprentas y fotomecánicas). Pero nunca fue verdad eso que yo he escuchado tantas veces de que “las mayúsculas no llevan acento”. Como hemos dicho más arriba, muchos lo han usado como licencia para cometer tropelías con los acentos y despreocuparse. No hay delito, tampoco hay que echarse las manos a la cabeza. Lo creo un caso análogo a aquel consabido “los nombres propios no tiene que responder a las reglas ortográficas”. Antes de decir nada más, me refiero de nuevo a la RAE y a su explicación de la tilde en su DPD:

“El uso de la tilde se atiene a una serie de reglas que se detallan a continuación y que afectan a todas las palabras españolas, incluidos los nombres propios.”

Doña Letizia Ortiz (Oviedo, 1972- )Con obviedad, nadie puede pretender que los nombres y apellidos no sean palabras y aún más ruin sería convertirnos en anglosajones, cuya laxitud a la hora de delimitar gráficamente el sonido de sus vocablos les hace solicitar un deletreo cada vez que oyen un nombre propio o de familia que no les suena. La verdad es que en ambos casos (acentos y reglas para todos), la RAE se ha visto obligada a hacer expresa la cotidianeidad de mayúsculas y nombres propios, lo que da una idea de la considerable extensión del mito… Caso aparte, cierto es, suponen los nombres propios, en tanto en cuanto nadie puede inmiscuirse en cómo queremos llamar a un personaje de ficción o a nuestro hijo. En román paladino, la palabra descendiente de la “laetitia” latina (“alegría”) habría de ser “leticia”, pero a los padres de la futura reina de España les gustaba el toque distintivo de la zeta… Cada uno es cada uno, pero es como llamar "Alverto" a alguien. ¿Se puede? Sí. ¿Es raro? También…

viernes, junio 15, 2007

La importancia de hablar mal

Sí, sí… sin caer en la chabacanería que detesto, pero tampoco en el melindre léxico (cierto es que cada vez menos frecuente), no podemos negar la importancia de las expresiones malsonantes en el día a día. Sin datos contrastables, pero conociendo los mecanismos inexplorados de liberación que operan en nuestro ánimo, ¿quién nos asegura que un buen taco a tiempo no ha parado las ganas de declarar una guerra, iniciar un divorcio o una mala pelea con un buen amigo?. Aquí ya tratamos algunos insultos “fuertes” y aquí pocos leves más; vayamos ahora a por la psicología del malhablado puntual… no lo nieguen: todos nosotros.

Miguel Ángel PortugalEl otro día en la radio teníamos al actual entrenador del Racing de Santander, Miguel Ángel Portugal. Es época de promociones y salvaciones futbolísticas y las noticias o rumores sobre las primas a terceros están a la orden del día. En un momento, una pregunta muy concreta sobre la existencia o falta de dinero escondido de otros clubes en el vestuario del equipo cántabro al técnico por parte del director del programa, Walter García… uno esperaba la respuesta de siempre… “no, eso no sucede, somos profesionales…”. Pero Portugal respondió esto:

“Los jugadores son profesionales y los míos, en cada partido, se dejan los cojones en el campo, sudan lo que haga falta, corren… siempre para ganar”

Mucho antes de darme cuenta de la palabra altisonante usada dentro de una entrevista con correcto léxico, el burgalés me había convencido, precisamente, por el uso de ese vocablo y la entonación que le dio. Es decir, yo ya, no es que considere que no hay primas en el Racing, pero sí que Portugal no es consciente de ello. Incluso con su aseveración, el técnico podría haberme engañado, pero tendrían que haber escuchado aquel “cojones”… Y a eso vamos en este artículo: la fuerza del taco, de la expresión vulgar bien utilizada es enorme, bien dosificada.

Si el empleo de “malas palabras” no es habitual de alguien, la vorágine de sensaciones que desata en el oído ajeno es tremenda. El enfado, la seguridad, la determinación e infinidad de concreciones relacionadas con la agresividad de quien se siente dolido, engañado, frenado, menospreciado, intenso, fuerte… se manifiestan con un buen mal vocablo en el momento justo. Y todo rodeado de corrección, de buenas formas. Sí, no hace falta ser vulgar de continuo para decir un “cojones” bien dicho, sólo en las 4 ó 5 veces al año que convenga (sí, sí, lo he medido, de media). De hecho, el que regala a diestro y siniestro cagüentales y hostias a tutiplén nunca conseguirá el efecto que aquí describo. Rematando: no defiendo que sólo el que habla mal se carga de verdad, pero sí que, en determinados momentos, un taco y su entonación correcta ayudan a sacar tu razón. Porque, siendo sinceros, creo que nunca, en la situación actual del Racing (con sobresaliente temporada a sus espaldas, sin jugarse nada y enfrentándose a equipos que tienen mucho que perder y ganar), nunca hubiese creído a un Miguel Ángel Portugal diciendo “mis jugadores son profesionales y sólo cobran su nómina” sin un buen “cojones” y la forma en la que lo soltó.

¿Por qué “cojón” estuvo ausente del diccionario de la RAE desde su edición de 1783 hasta justo dos siglos después, la de 1983? Pues no lo sé y no me gusta no saberlo ¡cojones!.

viernes, junio 01, 2007

Sólo estar durmiendo es mejor que estar dormido

Caricatura de Émile Littré (1801-1881), Biblioteca Nacional de ParisLa historia de la anécdota nos deja perlas riquísimas en cuanto al uso del lenguaje en situaciones delicadas y contextos cultos. Émile Littré fue un político y lexicólogo francés del siglo XIX. Se encontraba cierto día impropiamente encamado con su criada, cuando su esposa entró en la habitación. En el proceso judicial de divorcio, parece que la risa estalló cuando el propio Littré (creador del afamado “diccionario Littré” francés) con frialdad decimonónica, relató el diálogo que tuvo lugar, comenzado por su mujer:

-Emile, estoy sorprendida…
-No, querida –reconvino Littré- tú estás asombrada. El sorprendido soy yo.


Don Camilo José Cela (1916-2002)Y es que, en efecto, “sorprendido” fue. La corrección en el habla en momentos de crisis demuestra un dominio importante del idioma o un culto mecanismo de defensa/respuesta… o las dos cosas. En nuestro país e idioma es conocida la respuesta de Camilo José Cela, en su época de senador, cuando un colega de cámara le recriminó por estar amodorrado en su escaño…

-¡Señor Cela, está usted durmiendo!
-No, estoy dormido –respondió Cela
-¡Es lo mismo!
-No, no es lo mismo. No es igual estar durmiendo que estar dormido, al igual que no es lo mismo estar jodiendo que estar jodido


Claro, con obviedad, si el verbo admite dos posiciones, una activa y otra pasiva, una objetiva y otra subjetiva, los significados de su conjugación o sus distintas formas pueden diferir. Los que tengan edad suficiente ya habrán entendido el carácter distinto de las segundas formas propuestas por “don Camilo”… Lingüística y gramaticalmente, el “estar durmiendo” es una acción que se lleva a cabo, mientras “estar dormido” es el estado del individuo en brazos de Morfeo. Resumiendo: ambas expresiones significan exactamente lo mismo. Navegando por Internet me he encontrado con estos intentos de una persona por explicar la popular expresión:

Primer intento -> No es lo mismo estar durmiendo que estar dormido. Estar durmiendo es estar ya durmiendo y estar dormido es estar dormido.
Segundo intento ->
Estar dormido es estar entre penumbra que ni estás ni no estás, durmiendo, por supuesto.
Tercer intento ->
Estar durmiendo es estar durmiendo en la cama o en el sofá sumergido en tus sueños y estar dormido es estar adormitado, que estás y no estás.
Cuarto intento -> Estar durmiendo es la acción de dormir y dormido es el estado en que te encuentras. (Debería haberlo dejado ahí, pero no…)

Último intento -> Si estás durmiendo no puedes hacer nada más, ni comer, ni cocinar... porque estás tumbado o sentado y estás dormido. Estar dormido es que estás en estado de semi consciencia y la parte que está consciente te permite escribir, comer... es decir, que puedes estar dormido y hacer otras cosas.

Convenimos en la cuarta, ¿vale?. Existen verbos sin lados, sin variedad de posiciones que, por uso y semántica también cambian de significado dependiendo de si elegimos el gerundio o el participio/adjetivo, como “beber”. Alguien puede “estar bebiendo” lo que sea sin “estar bebido” (o “borracho” que es lo que se entendería con esa expresión aquí). Esto tiene un truco/explicación: cuando decimos que alguien está “bebido”, usamos el adjetivo del verbo (con origen en el participio homónimo, sí); ese participio sería usado en el caso de cosas que hayan sido bebidas, como en “la botella fue bebida de un trago” (algo rara la expresión, sí). En cualquier caso son las típicas diferencias que se conocen con el uso del idioma y que cuestan de adquirir en el caso de los aprendices del lenguaje español.

De todas formas, las dicotomías posibles (tantas como verbos disponibles y mentalidades existentes) se prestan mejor que nada para la poesía, la imaginación y el surrealismo, como en aquella canción de 1990, plena de sensibilidad y emoción, de Siniestro Total, “Camino de la cama”:

En memoria de Morfeo,
tengo a media hasta el párpado.
Es la hora de la siesta,
veo un tronco y una sierra
y un rebaño de ovejitas
y un montón de zetas.

La Coca Cola sin cafeína,
el Nescafé descafeinado
y la cama ya me espera
horizontal o vertical,
yo prefiero horizontal
y a dormir a pierna suelta…

Colecciono moscas, moscas tse-tse
bebo cloroformo y meriendo valium diez…

Camino de la cama es el mejor camino,
sólo estar durmiendo es mejor que estar dormido

viernes, mayo 25, 2007

Spañish espanglis

Pues ¿qué quieren que les diga? Yo sigo sin explicármelo. Hace un tiempo, repasábamos las características del espanglis español. Quizá entonces nos circunscribimos más al lenguaje contaminado del hablante. Hoy les toca quedarse perplejos (y, con suerte, concienciarse) conmigo del estado de la invasión.

No hará mucho, me encontraba viendo el canal de televisión Discovery Channel; es curioso que, como la emisión es para toda la Península Ibérica, todos los rótulos del canal están en portugués y en español. Ningún problema por ahí, pasa con muchas mercancías que son descargadas aquí o que tienen este fin indistinto, es una cuestión lógica de minimización de gastos. Pero hete aquí que me encuentro con una autopromoción de uno de sus programas…
Veo el portugués… pero ¿dónde está el rótulo “Trabajos sucios”? Pues sí, señores, el espacio reservado al español ha sido invadido, por el inglés… ¿alguien se lo explica? Había quedado, apagué la tele y me fui a duchar. Cogí el H&S…
¿Qué?... más cerca…
De nuevo… es normal que se pretenda reducir los gastos y destinar el mismo producto para toda la península… pero ¡está en inglés y en portugués! ¿y el español? ¿nadie más ve la tontería de esto? En fin… publicidad de la revista AR:
Un poco más cerca se verá mejor…
Aquí no hay multinacional por en medio, hay sólo una chorrada (con su permiso): llamar “tamaño pocket” al que, toda la vida, ha sido un “tamaño de bolsillo” o “tamaño bolsillo”. Por supuesto, de esto, al “pocket size” hay un paso… u know what I mean?

He dejado para el final mi favorito. Lo es porque éste sí que es fruto de la inocente ignorancia. Me imagino los chorretones de sudor de los académicos aprobando, por primera vez en la edición de 1992, la inclusión de un castellanizado “beicon” (del bacon inglés), sin explicarse por qué la gente no prefería la secular “panceta”. Los chorretones se debieron convertir en enrojecimiento crónico al verse obligados a adoptar, en la última edición del DRAE hasta la fecha (2001) “bacón”. Bueno, una de mis metas es ahorrarles disgustos a los pobres señores: trataré de que no vean esta carta de “restaurante”...
Acabando: quiero que se fijen en que, durante todo el artículo, mi perplejidad ha quedado patente, pero no he pedido ni una sola vez a los responsables de las marcas y empresas implicadas (AR, H&S, Discovery Channel…) una rectificación… Como en el caso del eslogan no traducido de McDonald´s en España, quien tiene que rectificar es la gran masa. Si de verdad nos chirriase ver inglés donde debería haber español, esta gente no lo usaría en sus productos en una práctica que deja traslucir mojigatería, inmadurez e incultura, a partes iguales, en la sociedad española.

viernes, mayo 18, 2007

Charla "El castellano cercano" (y II)

Viene de aquí
Y aquí y ahora la segunda y última parte de la charla "El castellano cercano" que impartí en la XXVI Feria del libro de Santander, el pasado 29 de Abril...

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-Eufemismos: Ordenanzas Reales de Carlos III (1768) (00:00)
-"Violencia de género" (02:50)
-Etimología: "candidato" (06:38)
-Importancia del latín (08:00)
-Desigualdad de los idiomas del mundo: "to google" (09:23)
-Despedida y tema (12:23)

lunes, mayo 14, 2007

Charla "El castellano cercano" (I)

No sin cierto retraso (por el que he de pedir perdón y echar, no obstante, la culpa a la dificultad de los propios tiempos por adaptarse a la tecnología que ellos mismos propician) puedo empezar a ofrecer (para concluir la semana que viene) unos fragmentos de la charla que, con el nombre de "El castellano cercano", tuve la oportunidad de impartir en la XXVI Feria del libro de Santander, el pasado 29 de Abril. Gracias a todos los asistentes y a los pacientes que decidan "darle al play"...

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-¿Castellano o español? (00:00)
-¡Santiago y cierra, España! (00:52)
-Escasez de influencia árabe en el español (04:00)
-Palabras favoritas: "pisaverde" (07:37)
-Etimología de algunos topónimos españoles (09:05)
-Eufemismos para tabús y mojigatería actual (12:05)


Continúa aquí

viernes, febrero 23, 2007

Cuestión de pluralismo

¡Venga, vamos a hacer un ejercicio de pluralismo hoy, pero con la gramática!. Dejemos las posiciones políticas variadas mezcladas para los que tienen esa responsabilidad y no la ejercen… Según el DRAE, el pluralismo es el “sistema por el cual se acepta o reconoce la pluralidad de doctrinas o posiciones”. De ese modo, quiero yo hoy que la mayor parte posible de la gente que ve el plural de modestia en castellano como una agresión y, más, como una incorrección, se sume a mi carro plural de la visión global de los distintos usos que le podemos dar a la primera persona de ese número.

Por el principio: la RAE llama –y reconoce- “plural de modestia” al “plural del pronombre personal de primera persona, o de la flexión verbal correspondiente, empleado en vez del singular cuando alguien quiere no darse importancia”. Esto es, decir hemos descubierto la vacuna antirrábica perruna”, cuando no tienes ningún equipo detrás y te has cargado ya a todos los perros con los que has experimentado (como para compartir gloria ahora con ellos…), o hablar así cuando eres piloto profesional de avioneta: intentaremos que su vuelo sea lo más plácido posible”. Ni ese señor se cree sobrecargo, aunque sea el único de la tripulación, ni tiene un problema de personalidad múltiple. Usa el plural de modestia, voy a explicarlo.

Hay mucha gente que desprecia su uso, pues lo relaciona con el antiquísimo plural mayestático, el que usaban –y usan- reyes y gobernantes. En la forma, son idénticos, ambos usan la primera persona del plural de los verbos, con una salvedad –que haré también a la RAE-: es el mayestático el que gusta de los pronombres correspondientes (de primera del plural, claro). Además, no sólo pronombres y verbos pueden gozar de ese uso especial: adjetivos y demás palabras flexibles Juan I de Trastámara. Alcázar de Segoviapueden pluralizarse, para adaptarse. Pondré ejemplos. Sería Nerón el que diría: Nosotros no quemamos nada de nada”, mientras que aquel que se quiere quitar importancia, pasaría del pronombre (“nosotros”) y usaría el verbo: hicimos lo que cualquiera hubiese hecho en nuestra situación”. Así, el 18 de mayo de 1387 decía Juan I: Nos El Rey de Castiella, de Leon e de Portogal, por faser bien e merçed a vos la vniuersidat del nuestro estudio de Salamanca, tenemos por bien e es nuestra merced…”. Más mayestático imposible. Por el contrario, en el ámbito académico es habitual el plural de modestia, como en el estudio de la doctora Victoria Wurcel sobre el tratamiento con Acarbosa en intolerantes a la glucosa: “Debido a los escasos pacientes que fallecieron en este estudio, suponemos que el poder no fue suficiente para detectar diferencias en mortalidad…”.

Hay quien piensa que quien usa el plural de modestia, está usando en realidad el mayestático, y claro, los aires de grandeza no están bien vistos. No es así. Además, no hay que confundir el uso moderado del plural de modestia con el enfermizo de referirse a uno mismo en tercera persona, como cuando Zaira dice: “a Zaira no le gustan las patatas”. Ese uso sí que puede revelar algún problema de corte psicológico y suele ser rechazado socialmente (tanto que a veces me dan ganas de meterle a Zaira una bolsa entera por la boca para que se calle).

No suele tener problemas, pero el plural sociativo es uno más de esta terna de irregulares. A mí me gusta particularmente y no tenemos por qué estar en el pellejo de la persona con la que hablamos por identificarnos y acercarnos a ella preguntando “¿Qué tal estamos?” o “¿Y qué, pescamos algo o no?”. Si no damos con un picajoso, es buena forma de empezar a hacer amigos… ¡el nombre le va al pelo!.

Volviendo a nuestro tema, desde estas páginas, yo mismo he utilizado en muchas ocasiones el plural de modestia, y lo uso de continuo en mis escritos. Mi razón, como la de todo el que lo use de manera cabal es simple: en muchas ocasiones el “yo”, junto con sus flexiones verbales, suena demasiado fuerte, demasiado rimbombante, muy protagonista. Creo del todo legítima la intención de tratar de esconderse un poco, cuando se busca no destacar, o al menos no poner al “yo” permanentemente en el candelero. Si ha reconocido más usos del plural verbal del que ya sabía, enhorabuena, bienvenido al pluralismo, el “sistema por el cual se acepta o reconoce la pluralidad de doctrinas o posiciones”. Por cierto, ¿de verdad no le ha chirriado nunca la primera persona del singular en todo este escrito? A mí sí…

viernes, febrero 16, 2007

¡Arreado, que es participio!

Es un hecho. No hay que esconderlo ni temerlo. Si facilitamos el que todo el mundo lo sepa, el fenómeno será más conocido y todos tendremos menos de qué temer. Sabemos que las razones hunden sus raíces en arcaicos tiempos en que otra lengua era articulada, un idioma mágico, musical y poderoso. El pueblo retuerce la lengua con su voluntad y así hemos llegado donde estamos hoy. La discusión sobre esta anormalidad ha provocado disputas y apuestas, ¡acabemos con ello y con la incertidumbre de no conocer una verdad estable!. No lo temamos pues, afrontémoslo: sí, es cierto, hay participios que admiten dos formas…

Y por empezar con cuestiones que nos abordan en el día a día, en efecto, las dos formas del participio del verbo imprimir, son imprimido e impreso. Valió ya de discutir, ¡hombre!. Del mismo modo, freído y frito son los dos participios válidos de su verbo. Los participios regulares de todos los verbos castellanos acaban, según la conjugación a la que pertenezcan, en –ado, -edo, o –ido. De forma general, cuando hallamos que alguna de esas formas no personales tiene otra terminación, podemos colegir que nos las vemos ante un participio que ha sobrevivido a la criba del tiempo, desde el latín. En efecto, frito, impreso, concluso, diviso, extenso, sustituto, etc. tienen mucho mayor parecido con sus antepasados latinos concretos que los freído, imprimido, concluido, dividido, extendido o sustituido. En algún momento de la historia de la fijación del castellano, las formas herederas de las antiguas terminaciones
–atum, -etum e –itum se hicieron con la hegemonía, convirtiéndose en la forma tipo de construir el participio, arrinconando y aun haciéndonos dudar de la existencia de los que, desde ese momento, pasarían a ser “participios irregulares”, pero también denominados “formas cultas”.

¿Y cuándo usar una forma y cuándo la otra?. La norma de uso se antoja clara (tanto académica como popular –al parecer es lo que prefieren la mayoría de los hispanohablantes-): cuando la forma haga las veces de sustantivo o adjetivo se prefiere la forma irregular o culta:

-Carlos era poseso de aquella música infernal

Si hablamos de formas compuestas verbales, mejor el participio regular:

-Aquella música había poseído al bueno de Carlos

El hecho de establecer esta norma de uso general, sirve para evitar disensiones y porque, además, erradica la posibilidad de encontrarnos con monstruosidades del tipo:

-Rafael había nato negro, como su padre

-Cuando Javier hubo difuso la verdad de esa empresa, todo acabó

-Las autoridades norcoreanas han preso a Isaac por espía

Si estamos de acuerdo en que son participios igual de válidos que los regulares, no tendría por qué haber nada malo, ¿no?. Sin embargo estaremos de acuerdo en su falta absoluta de eufonía para el oído hispano actual… No es como con, por ejemplo:

-Carlos gozó desde entonces de una imaginación abstracta

-Rafael se convirtió en violador confeso

-Javier llegó a presidente electo de su compañía

-Isaac fue liberado con cargos, como presunto inocente


Es verdad que hay algún verbo que puede escapar a esta ley, por tener sólo forma culta, como siempre hoy, por uso: se puede decir he roto y no he rompido, que no existe. Aquí hay una lista. Es la de los verbos que a mí me constan con dos participios, ambos válidos y funcionando… ¿sabe las formas irregulares de todos?

Absorber, abstraer, afligir, atender, bendecir, comprimir, concluir, confesar, confundir, contundir, convencer, convertir, corregir, corromper, despertar, difundir, dividir, elegir, enjugar, eximir, expresar, extender, extinguir, fijar, hartar, imprimir, incluir, incurrir, infundir, injertar, insertar, invertir, juntar, maldecir, manifestar, nacer, pasar, poseer, prender, presumir, propender, proveer, recluir, salvar, sepultar, soltar, sustituir, sujetar, suspender, teñir y torcer.

viernes, febrero 09, 2007

Recursos "paroxísticos"

¿No le dan a veces ganas de pegar a quien le habla?. Hay discursos que son pesados, incluso perniciosos para la salud mental de uno, pero probablemente tanto más molestan cuanto más sensación transmite el emisor de que está hilvanando unas sentencias que “pasarán a los anales de la Historia”. Sí, es la desgraciada perversión del uso de los recursos estilísticos que, hoy, aquí son recursos “paroxísticos”.

Y lo son porque te pueden hacer llegar al paroxismo más absoluto. El tipo de hablante al que “denunciamos” tiene la bendita virtud de hacer estallar los aplausos del débil de intelecto –léase correligionario o prosélito-, mientras a su lado, o dos mesas más allá, alguien se consume en el fuego interno de la desesperación más o menos culta. Sucedió hace una semana. Un orador, en una conferencia, hablaba contra la actitud del presidente del Gobierno. Y lo hacía, más o menos, sin exagerar, en estos términos:

“Hablamos de situaciones que son difícilmente soportables para la democracia. Hablamos de un presidente que ha engañado. Hablamos de un presidente totalitarista. Hablamos de un presidente que no acepta las críticas. Hablamos de un presidente que ha dinamitado la política exterior. Hablamos de un presidente sin gabinete. Hablamos de un presidente que ha revitalizado a una banda asesina…”

Espero que fuesen seis presidentes distintos, porque si no vaya joyita… Pero el caso es que el efecto cacofónico que provocaba este discurso, la repelencia, sin mayor miramiento, quitaba cualquier atisbo de fuerza crítica que pudiese tener. Le hacía perder la razón, a los ojos de quien le escucha o, cuando menos, hablar con menos fuerza, usando un recurso igual de fácil que cansino. Creo que jamás vi –o escuché- una anáfora peor utilizada. Porque la manera en la que continuó poco después es perfectamente asimilable a la anterior:

“No hay verdadera política de estado. No hay sentido de nación. No hay freno para alocadas ambiciones regionales nacionalistas. No hay respeto por las víctimas de los asesinos. No hay planificación de la inmigración. No hay diálogo con el partido de la oposición. No hay independencia judicial. No hay independencia fiscal.”

No hay nada. Pero el genio de ese hombre no acababa, mucho antes se reservaba para “el final”…

“Las multas de Europa por el escándalo energético, son culpa de este Gobierno. El resurgimiento del brazo político etarra, es culpa de este Gobierno. El ridículo internacional que hace España, es culpa de este Gobierno. La inseguridad ciudadana, es culpa de este Gobierno. La marginación del Cristianismo es culpa de este Gobierno.”

Pobre Gobierno. Tampoco vi nunca una epífora peor. Ese es el problema: seguramente el orador tenga razón en muchas de sus reivindicaciones pero, perdiendo el estilo, la forma, pierde la razón (al menos ante los ojos de su audiencia). Chabacanería en estado puro… ¿se referirán a esto cuando dicen que la derecha española pierde la guerra por la batalla de la comunicación?,¿o eso lo digo yo? No recuerdo...

Este comunicante, fuese consciente o no de que estaba haciendo uso de conocidas y buenas –en su medida- figuras retóricas (o recursos estilísticos), debió poner cuidado; en lugar de seducir a su audiencia, la repelió. Aunque, bien pensado, dicen que el uso de los recursos estilísticos es uno de los patrones que fijan el estilo literario de cada uno. Quizá ese fuese el problema (quod Natura non dat, Salmantica non prestat).

De todas formas, la hipérbole de denominar “paroxismo” al estado en que este sujeto pudo colocar a algunos de nosotros, puede que no sea tanta exageración. Les aseguro que me llegue a enfadar realmente, aunque es cierto que es difícil explicar por qué… Quizá me parecía que el charlatán construía el discurso de manera apresurada e improvisada. Quizá la sensación de estar intentando ser entretenido el tiempo que tenía que durar su intervención, se hizo insoportable. Probablemente hay infinidad de maneras más o menos objetivas, y también tendenciosas, de decir lo mismo, y este hombre se decantó por lo fácil. Sinceramente (y para que digan que las palabras no mueven) me enfadé –mucho- y me marché. Sin embargo, entendería que el énfasis que le daba a sus palabras, unido al alto porcentaje de razón de fondo que le concedo, hubiese molestado a alguna otra parte de la audiencia, pero en sentido distinto al mío: contra el objeto de sus críticas. Al fin y al cabo, promovió una “exaltación extrema de los afectos y pasiones”, ¿no?. Pues eso.

El datismo y la enumeración –por ejemplo- deberían ser figuras de las que, como el alcohol para determinado tipo de enfermos mentales, debería guardarse este brillante orador. La dinamita es mucha, la mecha necesitada poca y yo no respondo la siguiente vez, amigo. Ustedes imagínenle usando recursos “paroxísticos en potencia” que le permiten el “empleo inmotivado de sinónimos” y la “referencia rápida y animada de varias ideas”. ¡Qué peligro!.

viernes, enero 19, 2007

Manipulando, que es gerundio

Hay que tener mucho, pero que mucho cuidado con las palabras y sus conjuntos. Han puesto y quitado reyes, declarado guerras, unido reinos… han hecho reír y suicidar, matar y nacer. Cuanto más potente es un idioma, mayor es la concreción que, queriendo, con él podemos alcanzar y por lo tanto mayores las posibilidades y más grandes las metas. Pero, como cualquier arma, se puede usar para el mal… y el español es una lengua de un calibre enorme…

Lo cierto es que la idea de tratar este tema se hizo insoportable (hasta el punto de tener que explotar en este artículo) cuando observé hace pocos días cómo en una serie de televisión parecía que se tipificaba el verbo “ayudar” para la acción de matar a una persona con una enfermedad terminal, para practicar la eutanasia. Piense lo que piense de que esta medida sea hecha legal o no, hágame un favor y pregúntese: ¿por qué se recurre a ese eufemismo?. No deja de rondarme la idea de que el que así habla, sustituyendo el objetivo, cierto y directo “matar” (por no decir “asesinar”) no las tiene, en su conciencia, todas consigo. Yo pinto una verja de verde y, como sé que no hago nada malo, no lo llamo “acariciar la verja” o “cubrir de barniz plástico de color esmeralda el perímetro de madera delimitante de mi casa” –lo que supone, por cierto, un cursi circunloquio, que me apunto-. Sin embargo, hoy, lo de “ayudar” no se cae de la boca del que se está pensando cargarse a una persona… o del que ya lo ha hecho.

Vaya por delante, desde ahora –aunque se aplique también a lo anterior-, esto: no haré ninguna trampa consciente con la lengua en este escrito que, eso sí, sin poderlo evitar, tendrá que dejar traslucir algo de mi pensamiento personal. En ello incluyo argumentos viciados, medias verdades o el uso (aunque jugase a favor de mi tesis) de definiciones de diccionario que pueden pasar y cambiarse: en su lugar usaré un conjunto de definiciones mucho más perdurable, el sentido común.

Más manipulación: desde hace unos meses, informativos y periódicos llevan a lugar destacado el “proceso de paz” del Gobierno del 14M con la banda terrorista ETA. El hecho de usar la palabra “paz” consigue, para los interesados creadores de la expresión, un doble objetivo: presupone un estado anterior de “guerra” y, automáticamente, margina a quien se oponga a esta iniciativa de un partido político concreto, porque… ¿quién puede oponerse a la paz?. Durante más de treinta años la banda terrorista ETA ha matado a más de mil personas; el Gobierno español se ha dedicado a perseguir a los delincuentes durante este tiempo, pero la desgraciada dinámica del criminal y de la policía no es una “guerra”. En una guerra, con dos bandos, cada uno tiene sus razones para pugnar, invadir, luchar y matar. Aquí solo matan unos y solo unos son matados. Usando la expresión “proceso de paz”, se legitima a una banda de animales asesinos sin sentido. Por descontado, con esta viciada expresión, el que manifieste su creencia en que la negociación con terroristas sienta terribles precedentes, que es antidemocrática por definición, que treinta años de muerte no pueden dar derecho a nadie a sentarse a hablar sobre cualquier reivindicación con un Gobierno, queda automáticamente señalado como “enemigo de la paz”, en nuestra particular sociedad.

No podemos tampoco obviar lo que nos encontramos frente a nuestras narices: la defensa de esta expresión como defensa de una “marca política”. Llamo así a aquellas expresiones o eslóganes que un partido hace que se asocien a él, bien por su protagonismo en lo que describe, bien por su participación. Cualquier experto en marketing le podrá disertar sobre los enormes costos y lo difícil del lanzamiento de una marca comercial al mercado. El que la gente tenga en la cabeza y pueda asociar logos, melodías, colores, etc a Coca-Cola, Nike, Telefónica, Repsol (y demás mucho menores también) es tremendamente valioso, útil y caro… La expresión “proceso de paz” es sólo eso: una locución con connotaciones positivas que es asociada a un partido político, que será convenientemente recordada en período electoral pero que no responde a lo que lingüísticamente anuncia. Y es que ese es el problema: si un grupo político proporciona un bien a la sociedad, de manera legal y transparente, y crea una forma de llamarlo que cala, no veo inconveniente moral en que lo use para su publicidad. El actual proceso negociador (¿a que no suena tan bien?) del Gobierno es todo lo contrario.

De todas maneras ya habíamos tratado, sucintamente, el tema de las “marcas políticas” con un ejemplo que deja bien a las claras el que es tan caro lanzarlas que, a pesar de que se reconozcan ¡incluso faltas lingüísticas! en ella, da igual, se siguen usando y con orgullo. “Violencia de género”; ya explicamos más ampliamente que el “género” no es el “sexo” de las personas y que, dicho así, ese desgraciado mal de nuestro tiempo está mal dicho. La RAE se lo advirtió al partido en el Gobierno, pero ¡claro!, ¡ponte tú ahora a cambiar la expresión de la cabeza de la gente, con lo que nos ha costado metérsela!... Y es triste, sí, pero la situación de mujeres, disminuidos, niños y ancianos es un simple bien de mercadeo electoral para esa gente sin escrúpulos… Y podríamos seguir, porque hasta los informativos ponen a los “Okupas” con “k” y mayúscula, disfrazando una violación de la propiedad privada y la ley en un movimiento pseudo filosófico (¡agárrense!) con nombre propio…

En serio, quijotes españoles todos (como somos), cuidado con el castellano, que lo carga el mismísmo diablo.

viernes, diciembre 22, 2006

“Del interrogatorio de las partes”

En el presente artículo, que relata una situación ocurrida en un juicio real, se han omitido nombres y las preguntas que se trascriben han sido modificadas. A pesar de no existir obligación legal alguna al respecto, el autor ha preferido presentar de este modo el caso, preservando el anonimato de los funcionarios interventores, defensores, los representantes legales y las partes de un conflicto entre personas físicas y jurídicas estrictamente privadas.

El otro día tuve que presenciar un juicio. Era un juicio “ordinario” no sólo por la clasificación que de él hizo la justicia, sino por el tipo de gente que, en un caso, lo llamaban “demandado”, con desagradable voz nasal y evidentes faltas de educación –nótese que no hablo de su representante legal, afortunadamente, pues hubo que escucharlo más que al “demandado”-. Creo que, sin pretenderlo, este artículo (cuya idea me sobrevino en aquella sala del juzgado) se va a convertir en un predecesor para un pequeño vuelco con temática judicial que preparo para el formato habitual de “El castellano actual” una de estas semanas. Pero tiempo al tiempo.

Fíjense que, en un momento determinado, la juez interrumpió el cuestionario que una de las abogadas estaba llevando a cabo; le exigió que “reformulase” la pregunta, haciéndola “en afirmativo, acorde con lo que dicta la ley”. La letrada sólo había pretendido cuestionar al demandado por la(s) razón(es) de no haber procedido a la ejecución de una mudanza, mediante su empresa, el día y la hora pactados con el demandante. La pregunta fue un simple: “¿Por qué faltó a su compromiso de realizar la mudanza de mi cliente como habían pactado?”. Según lo que pudimos oír, a la juez le valía cualquier tipo de pregunta que empezase con “¿Es cierto…?”, así la cuestión estaría formulada en “sentido afirmativo”, si empezaba por “¿Por qué…?”, entonces no; ¡claro! con esas, es complicado preguntar por las razones para no hacer algo sin aventurar una hipótesis. Pruébenlo: “¿Es cierto que faltó a su compromiso…?”, no queremos preguntar eso… queremos interrogarle por las razones de no haber hecho la mudanza… ¿”Es cierto que faltó a su compromiso porque… se le puso de las narices / se le olvidó / estaba viendo la tele / tenía que rezar mirando a La Meca / es contrario a sus creencias el trabajar un lunes?”…

El interrogatorio de las partes en aquel juicio se regía por la “Ley 1/2000, de 7 de Enero, de Enjuiciamiento Civil”; en su capítulo VI (“De los medios de prueba y las presunciones”), su sección I se titula “Del interrogatorio de las partes” y el artículo 302 –dentro de ésta- es el Contenido del interrogatorio y admisión de las preguntas, cuyo primer punto reza:

“Las preguntas del interrogatorio se formularán oralmente en sentido afirmativo, y con la debida claridad y precisión. No habrán de incluir valoraciones ni calificaciones, y si éstas se incorporaren se tendrán por no realizadas.”

De manera generalmente aceptada, son las oraciones enunciativas las que tienen sentido afirmativo (como en “La ley está deficientemente redactada”) o negativo (por ejemplo “La relación de los juristas con la lengua no es demasiado fluida”). Suelen ser los adverbios los que marcan la diferencia. Un “no”, “nunca”, “jamás” etcétera convierten una válida –para el sistema judicial español o esta juez- sentencia afirmativa en una perniciosa, tendenciosa y maliciosa oración negativa. No toda la crítica acepta más clasificación para las oraciones interrogativas que “directas e indirectas” –que nada tiene que ver con lo que aquí hablamos-, sin embargo, en cualquier caso, la relevancia de que estas oraciones pertenezcan al “género” afirmativo o negativo, debería relativizarse, porque si no, un sencillo “¿Por qué el conejito siempre comía hierba?” se convierte –según el magistrado de turno- en una pregunta contraria a la ley. La versión negativa de esa misma pregunta –no su contraria- sería “¿Por qué nunca el conejito no comía hierba?”… vaya animalada (con doble negación, que es afirmación, en español).

El hecho es, pues, que para hacer una pregunta con la que esa juez se sintiese cómoda, y cuestionar, como era la intención de la letrada, por motivos, no por hechos absolutos –“sí o no”, como en “¿Metió usted al conejito a la cárcel?”-, no se podía hacer de otra manera que no fuese avanzando una hipótesis (recordemos nuestros ejemplos de la tele, La Meca y tal…), es decir, valorando y contradiciendo la segunda parte del artículo 302 que hemos trascrito ¿no?.

Lo que la ley -o el legislador, mejor dicho- quiso decir es que no debía confundirse al compareciente, normalizando las preguntas que se puedan así formular, en afirmativo. La pregunta “¿Por qué faltó a su compromiso de realizar la mudanza…?” habría de ser perfectamente legal y el punto del artículo 302, para evitar equívocos, debería quedar así:

“Las preguntas del interrogatorio se formularán oralmente en sentido afirmativo, cuando su construcción no entorpezca de manera objetiva su entendimiento y con la debida claridad y precisión, evitando la confusión al interrogado”.

Y es que aunque la jueza no tuviese razón si le consiguiésemos hacer ver que hay oraciones legales que empiezan por “¿Por qué…?”, ¡anda que no es mejor a pesar de su sentido negativo “¿Por qué demonios no hizo la mudanza pactada?”, que “¿Por qué faltó al compromiso pactado con mi cliente relativo a… ¡yo que sé lo que estaba preguntando!…?”.

Si la iniciativa “pindio” llega a buen fin, quizá nos animemos a promover la modificación de la ley 1/2000, pero eso será otra historia… muy distinta… (por si acaso, no lo tomen muy en serio).

viernes, septiembre 29, 2006

Buenas noches y buena suerte

Es ya común escucharlo; nos hemos acostumbrado a las generales burradas lingüísticas de las retransmisiones y espacios deportivos en los medios. En un país en el que el periódico más leído es uno deportivo, todo el mundo habla como hablan la mayor parte de los periodistas de ese ramo, o sea, todo el mundo habla mal.

Imaginemos el caso real de Iván René Valenciano, jugador colombiano de fútbol que, tras someterse a varias operaciones de cirugía estética en un programa de televisión de su país, vuelve a las canchas de juego. ¡Qué más quieren los medios de comunicación españoles!¡fútbol y cirugía estética!¡qué “fashion”!. El periodista se prepara la entrevista: se empapa bien de escalpelos, liposucciones y algo de medicina deportiva; se informa de quién es el tal Valenciano y su carrera; anota dos chascarrillos y un paralelismo fácil y chabacano con la televisión española –quizá teñida de cierta crítica social para hacerlo más correcto políticamente-. En el aire tras la última cuña…

-Iván René Valenciano, buenas noches, buenas tardes para ti, allí en Colombia…

¡Aaayyy! Eso de “buenas tal”, para nosotros, “buenas tal” para ti, allí, en el país donde se fabrican los palos de Chupa-chups que no se derriten con la saliva, chirría… y mucho. ¿Qué pretendemos cuando decimos “buenos días”, “buenas tardes” o “buenas noches”?. Desde siempre, fue un deseo. Nos encontramos o saludamos a alguien deseándole que pase un buen tiempo a partir entonces –lo de antes no tiene ya remedio-. Carece absolutamente de sentido, pues, ese primer “saludo”, a no ser que nos queramos desear “buenas noches” a nosotros mismos. Si el entrevistado está en Colombia y allí es por la tarde, el saludo será “buenas tardes, fulano operado”. Probablemente la extensión del uso viciado (“buenas tal” allí, “buenas” aquí y malas donde el demonio le dé a parar) merezca una explicación mayor que sirva a la audiencia, además, para conocer la diferencia horaria exacta con el país sudamericano:

-Buenas tardes, amigo, porque allí son ahora las seis y cuarto, ¿cierto?

Quizá sea un paso más del proceso de desgaste del español: “buenas noches” ha dejado de ser un sincero deseo para ser un simple “hola”. Montados en el veintiuno, el otro nos importa cada vez más… tres narices y hemos olvidado que “buenas tardes” era una forma de que supiese que, más o menos sincera y/o gravemente, nos preocupábamos por él. Decir “buenas noches” es como regalar un “buena suerte”, con sus matices, claro, pero ambos son deseos. Pero… ¿y que hay de esta otra situación?. Iván René está enfadado por la entrevista en la radio española –piensa que se han tomado su caso a chufla- y, horas después, se encuentra con su vecino Waldo:

-¡Hola, Iván!, buenas noches
-¡Buenas serán para ti, Waldo!


¡René!... no esperábamos esto de ti… Aquí la confusión llega porque (al contrario que en el caso anterior, cuando se pensaba que “buenas noches” es un saludo y no un deseo) el individuo supuestamente afrentado toma la expresión como una nota informativa, que ha de ser veraz. Como él sabe que no es cierto que sean “buenas”, se rebela. Pero nooo… Waldo no intentaba informar sino, de nuevo, desear. Así, la reacción de Iván debió haber sido la opuesta pues, consciente o no de su aventura mediática española, Waldo sólo quiso que su noche fuese… pues eso, buena. El caso es el mismo que cuando ponemos reparos al deseo porque está lloviendo o hace mal tiempo.

-¡Buenos días, Manuel!
-¡Uffff! No sé si buenos, con este tiempo…


Pues peor para ti, sólo te lo deseaba, no hacía un análisis metorológico.

En otra parte del plato de la balanza de este problema del castellano actual, encontramos la expresión “buenas madrugadas”. El profesor Fernando Lázaro Carreter, en uno de sus dardos encuadernados, trata el tema. Allí ponía las bases de la aparición de la, hasta hace nada, inexistente expresión, sobre dos pilares, que creo acertados: 1)la indecisión actual en el complemento a usar tras las horas después de medianoche (¿dos de la noche?, ¿de la mañana?) y 2)la necesidad de un saludo propio de la nueva fauna de madrugada –jóvenes, insomnes bursátiles, radio-adictos…-. Sin embargo, al contrario de lo que refiere don Fernando, yo sí creo que en España ha habido tradición de vida de madrugada: él sostiene que hasta ahora no había necesidad de saludo específico pues la gente no salía a esas horas; creo que, en España, sí que se hacía, desde hace siglos, y mucho. Se pueden poner los ejemplos seculares que se quieran, y serán pocos (desde la tradición religiosa –ordenada o seglar, como las celebraciones de Semana Santa-, pasando por los lances de cama o los de taberna y espada del siglo de Oro o las simples y míticas juergas de amigotes cuyo origen se pierde en la noche de los tiempos). Si entonces no hacía falta esas malsonantes “buenas madrugadas”, ¿por qué ahora sí?.

Lo que nos difiere de las gentes de aquellos días, es el estar “globalizados”. Las radios digitales y por Internet han hecho crecer el número de adeptos nocturnos y, de manera general, cuando manda el vulgo, la incorrección se extiende. La corrupción del español por parte del inglés (que aquí denunciamos de continuo), el espanglis y demás problemas de todos los campos, corren todos los días como la pólvora. Alexis de Tocqueville dijo que los relojes eran verdaderas maravillas de la Técnica cuando los hacían los verdaderos artesanos. Cuando todo hijo de mercachifle aprendió a hacerlos, se fastidió la maravilla (y eso que él no conoció el reciente género chino, taiwanés…).

Si son más de las doce de la noche y antes de las seis cuando lee esto, amigo, y encima ha llegado hasta aquí, gracias y buenas madrugadas. Y es que, como decía Rafael Amor –con quien no comulgo, por cierto, pero sí me hace reír- en aquella canción:

“Estoooooooooyyyyyyy globalizaaaaaaaaaaaadooooooooooo…”

viernes, julio 28, 2006

El misterioso caso de los porqués (+audio)

Probemos ahora una novedad, en vacaciones. El tema parece ideal y, además, este artículo ha sido escrito de manera novelada. Aprovechando las ventajas de las nuevas tecnologías tengo la oportunidad de ofrecer a mis lectores (ocasionales y habituales) la versión sonora de este "El misterioso caso de los porqués". Esta pieza de apenas cinco minutos fue estrenada en la sección "Hablando en español", que presento, del programa "La Mañana en Cantabria" de la cadena COPE, el día 31 de Julio de 2006. Tengo en planes que no sea la última vez que acompañe alguno de mis artículos con su versión sonora y aguardo ansioso las críticas.

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Mi función, por tanto, estaba clara. Debía poner mi experiencia y saber hacer al servicio de aquella familia tan extraña. La voluntad de la madre era sagrada para sus hijos, sobre todo desde que ella dejó claro que todo aquel que no hiciese exactamente lo que yo dijera, quedaría fuera del suculento reparto de la herencia (legítima aparte). Mi labor durante años, dedicada a la resolución de serios y negros conflictos familiares, y la fama que con ello me había ganado, habían llegado varias veces a los oídos de esta pobre, prematuramente envejecida, cansada madre. Yo sería el que decidiera, por sus méritos, preparación y significación, a qué labor del negocio se dedicaría cada hijo. Una vez hecha la asignación y comunicada a cada descendiente, habría de concluir mi trabajo con el anuncio público y universal de la decisión, de una manera, según se me ordenó, que no quedase hablante sobre la tierra que no conociese e identificase de inmediato a cada crío y su labor. Había desarrollado un método infalible para esa última fase, pero antes quedaba lo más duro. A ello me puse.

Sabía que sería imposible separar a los mellizos. Empecé, pues, por ellos. Las cuestiones directas o indirectas recaerían sobre la pareja: por qué. Todas las preguntas se dirigirían a ellos.

La fachada de su casa estaba muy barrocamente decorada y, a pesar de que fue un alivio entrar en el portal debido al fuerte e insolente viento, la caverna era fría y gris a más no poder. Ya en el piso, mantuvimos una breve conversación en la que les informé de mi decisión sobre su particular, y en la que me mostraron sus reticencias:

-¿Por qué hemos de adoptar este papel?- me interrumpieron.
-¿Precisamente vosotros me preguntáis por qué? Sé positivamente que no hay mejor función para una locución adverbial como vosotros, para preposición y partícula interrogativa tan gramaticales como vosotros, que esa -contesté.
-Sólo queremos saber por qué no hizo caso de nuestra petición, no es esto lo que queremos… preguntas directas e indirectas, ¡vaya labor!.
-Aunque no lo entienda, es seguro que no es lo que queréis. ¿Por qué?, creo saberlo, pero no me importa. No tengo por qué escuchar vuestras quejas. Ya conocéis mi decisión. Ya sabéis vuestra función. Todo el mundo lo sabrá el lunes.


Furioso, me marché de allí y cerré la puerta de mi coche de un sonoro, fuerte y agresivo gesto. Iba camino de la casa del mayor preguntándome por qué su raza sería tan caprichosa, y tan sumamente bella y seductora a la vez. Llovía ya a mares en una tarde en la que el sol parecía haber huido de la tierra con toda la velocidad de la que fue capaz. Sería una noche muy larga. Oscura. Esa era la verja. Esa la casa. Había llegado a la finca de su mismo nombre: porque. Estuvo muy amable, incluso cuando le informé de que desde el lunes todo el mundo lo tomaría siempre e inequívocamente por una conjunción y así habría de actuar.

-No lo entiendo. Es decir, respetaré su decisión porque cuenta con la confianza de mi madre y porque su trayectoria lo avala, pero no lo entiendo… - me dijo, nervioso.
-Verás, entiendo tu sorpresa, porque conozco tu origen. Tus dos antepasados más celebres, idénticos a los mellizos por cierto, tenían funciones muy distintas y a ti te gustaría parecérteles. Pero, y déjame que me sincere, aunque te duela, serás conjunción, causal o final, dependiendo de la ocasión, porque tu preparación no da para más.

Quedó deshecho. El mío podía ser un trabajo desagradable, pero, desde luego, alguien tenía que hacerlo, y si era por el dinero por el que a mí me habían contratado, mejor que mejor.

Había escampado ligeramente. El día seguía eminentemente gris, casi negro, cuando me dispuse a sacar la libreta donde tenía apuntadas todas las direcciones. Sólo restaba un hermano. Fue en ese momento cuando lo sentí, aunque no recuerdo qué fue primero. Desde luego el susurro fue así:

-Soy porqué. No me vas a convertir en una cosa interrogativa, yo no me encargaré de las preguntas.

No me dio tiempo a responder “claro que no”, pues, seguramente, la hoja del cuchillo o navaja había penetrado, por mi espalda, hasta el fondo, ya. No llegué ni a nombrar a los mellizos. Porqué era un gran sustantivo y de ello había decidido que funcionase. Sé que nunca sabré el porqué de su crimen, pues no creo que el temor a mi decisión bastase para matar a un hombre. Sé que él no tenía un porqué; ni siquiera esperó a saber mi decisión. Quizá le hubiese gustado. Dedujo o le informaron erróneamente e impidió que concluyese mi trabajo y que, desde ese mismo lunes, todo el mundo supiese a ciencia cierta e inequívocamente de qué trabajaría cada hermano.

No vi mis párpados cerrarse, tan sólo todo se volvió más negro… de repente.

viernes, junio 30, 2006

Valga la redundancia

Es una expresión muy utilizada en el lenguaje oral y –se supone- formal en los medios de comunicación: “valga la redundancia”. En principio debería usarse para “remediar” o paliar fallos en el discurso, repeticiones de palabras o uso de similares y derivadas de manera demasiado cercana. Hoy, en la práctica, y arropados por el descuido general del idioma español en los medios por parte de sus “profesionales”, se usa como un recurso para decir lo que sea, sin pensar o atender mínimamente al castellano. Y ¡ojo!, quiero advertir al lector: este no será un artículo al uso criticando los vicios del periodismo actual. Para eso, a otras fuentes. Hablaré de ello, pero no será el centro del interés que quiero –y espero- que tenga este escrito.

En un entorno rápido y exigente como pueda ser una locución improvisada radiofónica, se podrían admitir, cabalmente, cosas como:

“Finalmente el equipo local ha sido el ganador. Los locales
valga la redundancia- golearon a su rival…”

Aquí, por supuesto que hay sinónimos o equivalentes para utilizar en lugar de algo que comience por local-, pero el reportero no ha podido o sabido encontrarlos a tiempo. Se ha de notar que se ha dado cuenta del error, que no ha sido intencionado y nosotros hemos de pensar que alguna facilidad o licencia tiene que tener el ponerse delante de un micrófono o una cámara, en directo. Todos somos humanos. En cambio, no puede ser considerado como “de recibo” algo como esto:

“Fue a partir del segundo tiempo cuando, valga la redundancia, los locales golearon a los visitantes por tres goles a cero…”

No es que se cometa la equivocación, es que directamente se nos avisa de que se va a hacer… (“perdone por el pisotón”… y ¡zaca!¡pisotón!). Obviamente podemos admitir que los profesionales de la información se equivoquen, pero no que traten con tanta ligereza su instrumento de trabajo, cogiéndose licencias que no les pertenecen. Nótese que los dos ejemplos precedentes han sido colocados en ambientes de comunicación deportiva de masas… a posta.

Cuando la redundancia es poética es, en realidad, “a posta” (como los ejemplos de antes), pasa a ser un pleonasmo: una figura retórica. Cuando, hace unas fechas, en este mismo rincón de la lengua, hablaba de una de las fuentes bibliográficas de apoyo de nuestra iniciativa a favor de la inclusión del adjetivo pindio en el DRAE, decía que era una “importante obra de referencia de importante autor”. Escribiendo… ¿no caí en la cuenta de que empleaba el mismo adjetivo con solo cuatro palabras de separación?, claro que sí, pero no quise buscar un sinónimo que distrajese al lector o que fuese menos directo, sencillo y llano ni alargar la frase para diluir su mensaje. Creo que usé una repetición, que es la redundancia hecha recurso estilístico… privilegios de escritor…

Concreto: no se puede utilizar consciente y premeditadamente expresiones como “árbol de hojas caducifolias”. Un árbol puede ser caducifolio (literalmente, “de hoja caduca”), pero hablar de “hojas caducifolias” es utilizar una redundancia, en este caso, supongo, por desconocimiento, lo cual no creo admisible, al menos, para un profesional del idioma. Exactamente lo mismo puedo decir de la expresión (también oída por mi) “biografía de la vida de Fulanito”; una biografía es un “escrito sobre la vida” de alguien. Desde ahí, por lo menos, yo miraría con recelo antes de leer un “texto de la vida de la vida de Fulanito” (¡pues sí que vivió Fulanito!). Como lo anterior, todos hemos escuchado alguna vez el famoso “subir para arriba” o “bajar para abajo”. En principio claras redundancias que, como muchas incorrecciones lingüísticas, tienen un caso en el que se pueden justificar: si estamos en un tercer piso de una casa y decimos que queremos “bajar abajo” se puede entender que queremos “bajar del todo”, “hasta abajo” y no quedarnos –tras bajar- en el piso intermedio. Ahí sí. Bienvenidos al pleonasmo.

Con estos ejemplos y el DRAE en la mano, denunciar su perpetración hablando de ellos como “redundancias innecesarias”, parece de risa… pues yo lo he leído, palabra. No confundamos “redundancia” con “repetición”. Venga, volvamos a empezar, ¿qué es una redundancia?, entonces, ¿cuándo es necesaria una redundancia?... Bueno sí, vale, cuando queremos escribir un artículo como este, lleno de redundancias redundantes.