viernes, mayo 05, 2006

Iniciativa "pindio, -a" (novedad del 10-V-06)

El pasado jueves fue tratada la iniciativa que propugnamos en el pleno de la RAE a petición de uno de nuestros valedores dentro de la tricentenaria institución: don Eduardo García de Enterría. Al parecer, hemos topado con un doble escollo, esperemos que temporal. 1. Los dos académicos asturianos no reconocen el vocablo como de uso en su región y 2. las estrechas relaciones que últimamente mantiene la RAE con las academias hispanoamericanas, la han convertido en "más prudente" a la hora de incluir lo que de momento es considerado por el pleno como un "localismo".

Las siguientes líneas de investigación, en las que ya estamos inmersos, nos han sido apuntadas por don Eduardo. Él reconoce sin problemas el frecuentísimo uso del vocablo en Liébana (Cantabria). Si, como dice, Liébana estuvo mucho más que aislada de la costa de la actual Cantabria -en la que el vocablo es también moneda diaria- hasta 1874 (fecha de la conclusión de la carretera del desfiladero de la Hermida) y, por tanto más en contacto con la meseta, León y Palencia, se hace dificil pensar que "pindio" se redujese al valle lebaniego.

De hecho en nuestro estudio apuntamos que se usa en los territorios tocantes a Cantabria de las provincias limítrofes castellanas, pero 1. ahondaremos en esa dirección, 2. en la prueba fehaciente del uso de pindio en Asturias (cerrado a "pindiu" en bable, como dijimos) y 3. en el contacto con el académico de la RAE correspondiente en Cantabria, don Adolfo López Vaqué y con alguno -o todos- de los asturianos, don Jesús Neira Martínez, don José Millán Urdiales Campos y don José María Martínez Cachero.

La buena noticia es que, no obstante, la iniciativa ha pasado al estudio de una comisión lexicográfica.

Lea más sobre la "iniciativa pindio" aquí.

El Evangelio según National Geographic

¿O bien “The Gospel according to National Geographic” (para que se entienda en origen)?. Puede que el artículo que se dispone a leer tenga menos que ver que nunca con el lazo de unión de este rincón, con la lengua. No obstante, y en mi defensa, diré que no está totalmente exento de ella y que, de hecho, fue el punto que este tema toca con el lenguaje el que me decidió a tratarlo.

En su número de Mayo de 2006, la revista de la National Geographic Society comienza a difundir el hallazgo del que ha sido orgulloso patrocinador: el evangelio de Judas. En él, según lo que la sociedad ha “filtrado” –la edición del texto completo se estudiará de modo y manera que suponga el lícito mayor beneficio posible- Judas Iscariote traiciona a Jesús siguiendo indicaciones expresas de éste y el apóstol es mostrado como una suerte de discípulo predilecto y aventajado. El recién desvelado texto es clasificado como gnóstico (propio de la secta paleocristiana responsable de buena parte de los evangelios y escritos apócrifos).

Errará el que vea en las opiniones de a continuación lo que National Geographic llama “herida de sensibilidad” en la advertencia previa del documental que acompaña a su revista. No hay en estos párrafos lo que sutilmente retratan las líneas del reportaje de su publicación, como quien hace gala de un comportamiento propio altamente trasgresor y modernista: la molestia de espíritu, la inseguridad de una Fe. Personalmente, tengo por bien aceptada la existencia de evangelios paralelos, complementarios o contradictorios de los cuatro Evangelios “oficiales”. He leído muchos de ellos y participo de la autenticidad –entendida como, por lo menos, “antigüedad”- de la mayoría. A grandes rasgos, todos, parte del Nuevo Testamento o no, lo que más demuestran, con mucho, es la gran confusión existente en los primeros siglos del cristianismo, la multiplicidad de versiones, fuentes e historias circulantes sobre el mega-personaje mediático/legendario de la época: Jesucristo.

Hasta aquí, casi nada nuevo: un texto viejo más que contradice lo que reza la Biblia, escrito entre cincuenta y cien años después de los cuatro libros del NT. De hecho lo verdaderamente relevante es la interpretación que National Geographic realiza del uso del relato bíblico: Judas, encarnación del judío prototípico, es usado como figura a odiar, desde los primeros años del cristianismo, pasando por la Edad Media, hasta llegar a los nazis del siglo XX. Si lo descrito en el evangelio de Judas fuese cierto –mantienen- la figura de Judas habría sido escogida como cabeza de turco, como el judío que real y finalmente traicionó al Hijo de Dios. Así, mediante una siniestra sinécdoque, se extendería la culpa, el carácter retorcido y poco fiable de Judas a los judíos, según se cuenta en el documental, pueblo diana de las preocupaciones de los primeros cristianos.

En efecto, como se refiere, del origen hebreo Yejudá, se pasó al griego Judas –como llegó a nuestro castellano, vía el Judaeus latino-, que también estaba relacionado con el gentilicio y la región de Judea. Parece golosa la tesis que defendiera que era más fácil culpar al pueblo judío del asesinato de Cristo con un representante tan lingüísticamente relacionado con él. Y este aspecto, absolutamente cierto, que apoyaría la proposición de National Geographic, es el que me decidió a escribir sobre el tema en términos que, desde ahora, tienen tanto que ver con la cultura como con la lengua. Porque, insisto, el DRAE es testigo de esa innegable metáfora popular que hizo de judas sinónimo de hombre alevoso y traidor. Pero de ahí, no pasó.


De esa culpación bíblica de Judas, hace nacer la “society” buena parte del elemento antisemita de Occidente. Eso es, en el contexto cristiano del que hablan, directamente, mentira. Piano, piano.

“A medida que el cristianismo se distanciaba de sus orígenes como secta judía, los pensadores cristianos fueron encontrando cada vez más conveniente culpar al pueblo judío del arresto y la ejecución de Cristo, y presentar a Judas como el arquetipo de judío”.

NG dixit.

¿Pero por qué? ¿por qué razón?. En los primeros años del cristianismo, si los “catacúmbacos” –por aquel entonces- hubiesen buscado alguien a quien atacar, para defenderse (como dice el documental), más que al pueblo judío, de seguro hubiesen optado por el Imperio que los masacraba, literalmente, por el simple hecho de ser cristianos (¿holocaustum?). Y no lo hicieron (de hecho una de las primeras grandes figuras del cristianismo, San Pablo, alardea, cuando le conviene, de ser ciudadano romano). Al margen de ello… ¿tan simples eran los destinatarios de esa “manipulación” para pasar por alto que todos los primeros nombres de los Evangelios eran judíos, también?. Más allá… el Evangelio predica el perdón, Cristo predicó el perdón a nuestros semejantes… ¿para todos menos para Judas?.

El beso de Judas (1306), de Gioto di Bondone, en la capilla Scrovegni, en Padua, ItaliaYendo más despacio aún: como español, educado en España, me siento legitimado para hablar a través de la prestigiosa tradición cristiana española en el orbe católico. Por supuesto que los judíos fueron expulsados de España por los Reyes Católicos por motivos religiosos (igual de fuertes que los económicos –casos de usura, enriquecimientos desmesurados…- y sociales –sus costumbres no cuajaron entre las nuestras, como no lo hicieron las musulmanas-); pero esos motivos religiosos no fueron otros que las diferencias de su culto con el cristiano, inherente a las tierras españolas desde el medievo. Por ello fueron expulsados los musulmanes, también. La inculpación insidiosa de Judas nunca se ha dado. Lo que sí se dieron, entre el pueblo, fueron entre el pueblo, muestras de desagrado y desprecio con su asignada actitud (las representaciones pictóricas, expresiones populares –“me cago en Judas” era la expresión más fuerte admitida durante mucho en una familia que conozco, y no para todos los miembros-…), pero siempre con una premisa en la mente: “quien esté libre de pecado que tire la primera piedra”. En una rápida búsqueda por el refranero español (testigo de la cultura popular durante siglos y, además, terreno perfectamente perteneciente a este blog) encontramos sólo dos expresiones con mención directa a los judíos:

-Al judío, dadle un huevo y pediros ha el tozuelo.
En referencia a quien agradece un préstamo o regalo con nuevas peticiones. Obviamente se le atribuye al judío, mediante esta expresión, cualidades negativas.

-Más judíos hizo cristianos el tocino y el jamón que la Santa Inquisición.
Alabando las propiedades disuasorias y seductoras de nuestros productos patrios (recuerdo aquí el argumento de un musulmán residente en España que conozco: “¿esto? no es cerdo… ¡es jamón!”). Cierto es que la bibliografía de la búsqueda en el refranero no ha sido muy extensa, por razones de tiempo, pero sí rigurosa. Dos ejemplos y sólo uno (si alguien así lo ve) para la causa de National Geographic. Punto.

Resumiendo: la idea negativa sobre la forma de ser judía estuvo presente en nuestra sociedad pero, precisamente gracias a la profunda religiosidad secular española, nunca de manera peligrosa, insidiosa o importante. A mi jamás se me presentó en la escuela a Judas como el “maldito traidor”, “asesino de nuestro Señor”. Nunca. Por el contrario, sí me enseñaron que, acorde con la doctrina cristiana, lo que peor hizo Judas fue arrepentirse sin acudir al Señor, que lo hubiese perdonado, suicidándose.

De siempre y de lógica, la doctrina cristiana culta consideró a Judas 1. un pecador, como cualquiera de nosotros y 2. una pieza fundamental del plan divino. Y es ahí donde llegamos a lo que siempre hemos sabido y lo que dijo Cristo, según los Evangelios: su sangre fue “derramada por vosotros –los apóstoles- y por todos los hombres, para el perdón de los pecados”. Quien traicionó a Cristo no fue un judío, si no un hombre. Así fue entendido siempre.

Desde ese punto de vista, no sólo resulta curioso ver la identificación de la inculpación de Judas por parte de la Biblia con las teorías nazis (¿qué demonios creerán estos señores que tenían los nazis de cristianos? ¡ojalá hubiesen tenido algo!) si no comprobar el porcentaje de nómina judía en el panel directivo de la National Geographic Society, que tan mal defienden el gran papel de su pueblo en la Historia.

La mayor relación de los nazis con el cristianismo pertenece al terreno de la leyenda y del esoterismo. Se dice que buscaban con ahínco los poderes que otorgarían la lanza de Longinos y el Santo Grial. Si eso, de, al menos, dudable realidad, es una tontería… imagínese el resto…

viernes, abril 28, 2006

Homonimia en b (o “La homonimia marinera”)

Debido a la aclamación popular vamos a iniciar una pequeña serie de artículos dedicados a explicar la homonimia y a analizarla en el diccionario. Alrededor de un sesenta por ciento de las visitas que llegan a estas páginas, desde buscadores de Internet, lo hacen, actualmente, buscando términos y expresiones como “ qué es homonimia”, “qué es polisemia”, “polisemia y homonimia”, “ejemplos de homonimia” y similares. La polisemia es ubicua en el DRAE: prácticamente podemos considerar polisémicos a todos aquellos vocablos con más de una acepción; casi siempre se referirán a significados distintos y, por lo tanto, serán polisemia. Nuestro trabajo concluirá dentro de unos meses, cuando terminemos el índice desde el que se puede acceder fácilmente a todos los artículos mediante hipertexto. Mientras, siempre se puede visitar el primer artículo de lo que ahora es una serie, que nos reveló el interés del internauta por este fenómeno del castellano actual. Empecemos con las homonimias. Empecemos con la b.

Nos saltamos la a debido a la escasez de ejemplos interesantes en esta letra. Recordemos brevemente que el fenómeno de la homonimia consiste en la coexistencia de dos o más palabras que se escriben igual pero no significan lo mismo. La polisemia se dará en aquella palabra que tenga varios significados… ¿cómo diferenciar ambos casos sobre el papel? Recordamos que las palabras homonímicas deberían tener entradas diferentes en el diccionario, al ser vocablos distintos, pero eso no siempre se cumple, ya que nos encontramos bajo el insondable designio de lingüistas y académicos… lo mejor será acudir a la etimología… ¿Que no la domina?.... nosotros le ayudamos.

¿Quién les iba a decir a los baleares que iban a compartir gentilicio con un verbo tan violento?. Porque balear es tanto el que vive en las bonitas islas Baleares –rodeadas del lindo Mare Nostrum- como tirotear, disparar balas repetidamente (el sufijo –ear no engaña nunca), además de algún significado más. Obviamente se adivina el distinto origen de cada uno, latino el gentilicio y de origen francés y galo el verbo que nace del proyectil.

El bocarte nos otorga la oportunidad de analizar un hecho que veremos muchas veces repetido en nuestro repaso a las homonimias del castellano: es mucha la casualidad de que dos palabras distintas acaben siendo iguales. En el caso de “balear” anterior, está claro que el gentilicio es el que es y que el verbo se ha formado con su sustantivo y un sufijo… pues ahí sí… casualidad, ¡qué le vamos a hacer!, pero lo normal es que una palabra “contamine” a otra en formación en su pronunciación. Así ese instrumento utilizado en minería y metalurgia cuyo nombre original era el francés bocard, quizá debiera haber acabado en castellano como "bocardo" (de hecho, tenemos abocardo, del mismo origen), como ya hizo gallardo (de gaillard) o petardo (de petard). ¿Qué pasó? Pues que bocard se parecía mucho fonéticamente a como hoy todavía llamamos en el norte al boquerón, materia prima de la anchoa, sobretodo cuando está rebozado: bocarte. Buen tema ese para un artículo: el cambio de nombre de una materia prima dependiendo el método de preparación; al menos mi familia y yo llamamos al teleósteo anchoa -cuando está fileteado-, boquerón –más que nada en vinagre- o bocarte –frito o rebozado-.

No te desvíes. El mar nos devuelve otro bonito ejemplo de contaminación (no hablamos de chapapote). Como hemos dicho, el que dos palabras acaben siendo iguales en su forma y pronunciación tendrá mucho de contaminación de una con la otra. Bogavante. Al principio el lobagante, de origen griego vía latina, (lucopante, de λυκοπνθηρος, lykopanther, “especie de pantera” por el amenazante aspecto de las pinzas) viajó por nuestras aguas de la Edad Media tranquilamente. Pero hete ahí que se encontró con un bogavante (palabra documentada desde 1539) el primer remero de una galera (probablemente del catalán vogavant, de vogar+avant -hacia delante-) y se liaron. No hablamos de zoofilia, si no del problema de que lobagante y bogavante se parecían demasiado. Perdió la pantera y ganó “el que rema delante” (aunque el crustáceo, como la langosta, huya hacia atrás, impulsándose con la cola).

Una subcategoría curiosa de las palabras homónimas es la compuesta por aquellos vocablos que, en principio, contradicen la regla básica de discernimiento entre homonimias y polisemias. Son homonimias cuyas palabras tienen el mismo origen. Un criterio personal, crítico-etimológico las convierte en palabras separadas o no. Así lo haremos con bonito. Es el diminutivo del ancestro de nuestro adjetivo bueno, el bonus, -a, -um latino el que dio paso al adjetivo sinónimo de “bello”, “agraciado”. Muy probablemente el aspecto brillante de las escamas del teleósteo le hizo ganarse el apodo –había que diferenciarlo del atún, un poco más grande y bastante parecido-. Creemos que son distintas palabras no sólo porque lo diga la RAE, si no por la entidad que han alcanzado ambos usos por separado, la importancia conseguida por los dos y por pertenecer a distintas categorías gramaticales –adjetivo y sustantivo-.

El espacio que nos hemos marcado se agota. Dejamos en el tintero digital palabras que teníamos preparadas como baba, baca, banda, baile, balda, bamba, bar, bache, barata, bardo, barragán, barrera, barro, boga, borde, bote, botica, botillo, botín, boyante, brusco, buche o bufete. Son todas homonimias seleccionadas del diccionario, de las que aficionados y expertos disfrutarán, profundizando en sus razones y orígenes, con diccionarios y las herramientas clásicas de trabajo de los lingüistas. Estamos seguros.

Hasta aquí el repaso a las homonimias de la b castellana, un repaso marino ciertamente, algo no preparado, o al menos no previsto.

Índice de homonimias

El fenómeno de la polisemia consiste en la existencia de varios significados de una misma palabra. La homonimia, en cambio, la construyen varias palabras que se escriben igual pero significan distintas cosas -lógicamente-. El método más fiable para saber cuándo estamos hablando de la misma palabra con varios significados o de palabras distintas es conocer su origen, su etimología. Si no dominan esa apasionante subciencia... están en el lugar correcto.

No es éste, por si la pinta del índice a alguien engañara, un repaso exhaustivo a uno de estos dos fenómenos en el diccionario; no, porque no hemos querido. Eso explicará la ausencia de algunas iniciales en el repaso homonímico del DRAE: lo que no es interesante, no es incluido. Hay algunas letras que no suman el número suficiente de homonimias interesantes como para reservarse el puesto de rigor en nuestro repaso. Lo sentimos. Nos quedamos con los ejemplos que nos parecen más curiosos, representativos o amenos de todos de las homonimias del DRAE... (eso no quita para que nos hayamos tenido que leer el diccionario de arriba a abajo varias veces... ¿o qué se creían?). Hemos querido dejar "de lado" a las pobres polisemias porque éstas se encuentran por doquier a lo largo de todo el glosario oficial: basta con coger cualquier página y comprobar cómo la mayor parte de las palabras tienen más de un significado, más o menos relacionado con el principal, más fácil o difícilmente vinculable con él. Sería una labor enciclopédica, la simple revisión, por la que no estamos.

-Polisemia y homonimia- visión general y artículo inicial. Ejemplos y la entrega, que no sabía que lo era, que nos hizo descubrir el interés de Internet y su comunidad por polisemia y homonimia.

-Homonimia en b (o "La homonimia marinera")

-Homonimia en c (o "La homonimia cochina")

-Homonimia en d (o "La homonimia agrícola")

-Homonimia en e (o "La homonimia transportada")


Este artículo será actualizado tras la publicación de cada entrega de la serie dedicada a la homonimia.